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diumenge, 6 de desembre del 2009

Desasosiego y alminares

DESASOSIEGO Y ALMINARES

Prohibir los minaretes es en principio tan absurdo como prohibir los campanarios o las cúpulas. O como prohibir el cuscús o el pan con tomate. Casi habría sido preferible que prohibieran las terrazas acristaladas, pues cada uno la acristala de su padre y de su madre y al final la fachada queda hecha un cristo, con perdón. También se deberían prohibir los edificios con escaleras exteriores, que afean el conjunto. Otra cosa es que no hayan prohibido los minaretes por razones arquitectónicas, sino por motivos literarios o religiosos, no sé. Los suizos son muy suyos. Supongamos (es un decir) que los han prohibido por razones religiosas. ¿Por qué entonces permiten la mezquita? No tiene una explicación fácil, la verdad. Es como si se autorizaran las catedrales pero no las cúpulas. ¿Imaginan una catedral sin cúpula o sin ábside o sin coro? Una vez que se legaliza el capitalismo, por poner otro ejemplo, no se puede prohibir la economía de mercado. Una cosa va con la otra, por favor.

Es sabido que cuando uno está de mal humor, la paga con lo primero que encuentra a mano. Los suizos estaban cabreados por la crisis, supongo, como el resto de los europeos, y la han pagado con los minaretes, vaya por Dios (o por Alá). Si el referéndum hubiera sido sobre la paella valenciana, habría pagado el pato la paella valenciana. Los partidos de extrema derecha son expertos en canalizar el malestar ciudadano. Estás desasosegado, inquieto, en guerra contigo mismo y con el mundo, cuando llega un señor gordo y te propone acabar con los minaretes. A lo mejor te tienes que enterar primero de la forma que tiene esa construcción y para qué sirve (en Suiza sólo hay cuatro y no se utilizan), pero una vez que te enteras le coges al minarete un odio cerval (qué rayos querrá decir cerval) y no paras hasta acabar con ellos.

Primero vinieron a por los minaretes, pero yo no era minarete. Luego vinieron a por las cúpulas, pero yo no era cúpula. Después vinieron a por los balcones, pero yo no era balcón. Etcétera. Quiere decirse que cuando uno está de mal humor, debería reflexionar un poco sobre lo que pasa y no pagarlo con la arquitectura porque sí, sobre todo con la arquitectura clásica. En fin.

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