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diumenge, 29 / novembre / 2009

Rutinas

RUTINAS

Escuché un frenazo, me asomé a la ventana y vi a un grupo de personas detenidas junto al morro de un coche. Miraban al suelo, donde presumiblemente había un cuerpo que la aglomeración de curiosos no me permitía distinguir. Me puse la chaqueta y bajé no tanto por asistir al espectáculo como por dejar de trabajar. La víctima era un gato que yacía junto a las ruedas delanteras del coche. El conductor trataba de justificarse asegurando que el animal se había arrojado debajo del automóvil con una determinación suicida. En esto, una mujer se abrió paso y, tras identificar al felino, se puso a llorar con desesperación.

Yo permanecía pasivo, aunque preguntándome qué rayos hacía allí cuando debía de estar arriba, trabajando. Observé que el conflicto conmigo mismo no me permitía empatizar ni con el gato muerto ni con su dueña, de la que alguien dijo que convenía administrarle un calmante.

–¿Hay algún médico? –preguntó el espontáneo que se había hecho cargo de la situación.

Me he visto a lo largo de la vida en varias ocasiones en la que se necesitaba un médico y siempre sale uno de entre la gente. Una de dos, pensé, o hay médicos por todas partes, o hay mentirosos por todas partes. Después de todo, no se arriesga uno a nada levantando la mano. Estuve a punto de levantarla, pero me reprimí temiendo que hubiera algún conocido entre la gente, cada vez más numerosa. Dos hombres –uno de ellos médico (o eso dijo)– arrastraron a la mujer a la farmacia de la esquina mientras otro reordenaba el tráfico. Daba la impresión de que todo el mundo sabía qué hacer, como si hubieran vivido esa situación en otras ocasiones. Sólo yo permanecía pasivo, pues no me encontraba allí, como la mayoría, ni por solidaridad con el gato (o con su dueña) ni porque disfrutara espectáculo, sino porque no me apetecía trabajar. Cuando llegó la policía, subí de nuevo y me enfrenté a la novela que tenía entre manos. Había abandonado al protagonista en una habitación, sin saber qué hacer con él. Entonces decidí que escuchara un frenazo y que al asomarse a la ventana viera a un grupo de personas detenidas frente al morro de un coche. Etcétera.

dissabte, 28 / novembre / 2009

Un gran invento

UN GRAN INVENTO

El lío organizado en torno al Estatuto de Catalunya no nos ha hecho más sabios respecto a los catalanes, pero sí respecto a los tribunales de justicia. Resulta que el Constitucional está formado por 12 miembros de los que sólo 10 podrán votar (de los otros dos, uno ha muerto sin ser sustituído y el otro se encuentra recusado por hacer cosas feas). De estos diez, cuatro se mantienen en el puesto de un modo irregular, gracias a maniobras políticas que desacreditan las actuaciones de esas instancia. No es todo, pero es suficiente para hacerse una idea, en especial si añadimos que esos diez sabios llevan tres años dándole vueltas al asunto y cobrando un dinero del erario por cada una de esas vueltas, que hasta ahora no han conducido a ninguna parte. Clarividencia en estado puro, en fin, de ahí el respeto que infunden a la ciudadanía.

En las condiciones señaladas, no es que los diez sabios estén inhabilitados para manifestarse sobre la constitucionalidad del Estatuto, es que no podrían opinar con autoridad ni sobre la viabilidad de la tortilla de patatas. Cualquier veredicto que ese grupo de marcianos emitiera sobre asuntos que afectan a los terrícolas estaría viciado en su origen porque ellos se mueven en un universo que no tiene nada que ver con el nuestro. Es como si los extraterrestres conquistaran la Tierra (en el caso de que no lo hayan hecho ya sin que seamos conscientes de ello) y nos obligaran a caminar a cuatro patas porque no les pareciera constitucional que lo hiciéramos erguidos.

Pues los seres humanos somos bípedos, mire usted, le guste o no le guste al Alto Tribunal de extraterrestres. Tendrían que poner a un policía detrás de cada bípedo para que renunciáramos a la posición empinada. Y aún así, mucha gente preferiría morir de pie a vivir a cuatro patas. No resulta grata, la verdad, la imagen de una población de hombres y mujeres dirigiéndose como perros a la oficina. Además, cuando llegáramos a casa, practicaríamos en familia nuestra postura natural, quebrantando la norma extraterrestre. En definitiva, que el Tribunal Constitucional fue sobre el papel un gran invento, no decimos que no, pero quién iba a pensar que se nos llenaría de marcianos.

divendres, 27 / novembre / 2009

Materias oscuras

MATERIAS OSCURAS

La masa de dinero negro atribuida a Jaume Matas me hizo pensar en la antimateria. Cada euro negro, una antipartícula. ¿El dinero negro se cuenta o se descuenta? En todo caso, sólo podría descontarlo una antipersona. Tener una fortuna en dinero negro equivale a poseer una antifortuna. No sabemos cuántas antifortunas hay, quizá más que fortunas. Después de todo, la mayor parte del universo está compuesto de materia oscura. El palacete de Matas es en cierto modo un antipalacete en cuyo interior sólo se puede llevar una antivida, quizá una antivida repleta de antifiestas y de anticaviares y de antiVegas Sicilias y de antiangulas diarias, pero una antivida. Aunque hay antividas mejores que muchas vidas, la antivida aspira a la vida como el dinero negro suspira por ser blanqueado, aun perdiendo algo de su valor. La antimateria se encuentra en todas partes y en ninguna. El propio Estado dispone de cantidades notables de dinero negro sin el que el sistema no funcionaría. Según la Wikipedia, "en física y química se conoce como antimateria a las agrupaciones organizadas de antipartículas". Parece una definición del hampa, de la mafia. Del encuentro entre la materia y la antimateria surgió el universo. Quizá si introduces un euro blanco y otro negro en un acelerador de partículas y los haces chocar a gran velocidad, aparece una caja de ahorros. Cuando Matas adquirió y reformó su antipalacete, él era el Estado, o quizá el antiEstado disfrazado de Estado. Quiere decirse que tenemos un problema de fronteras. Menos mal que ahí está el Tribunal Constitucional para decirnos dónde termina la realidad y comienza la antirrealidad. Por cierto, que cuando a una nación se le niega el estatus de nación deviene inevitablemente en una antinación (o sea, pura materia oscura). ¿Es preferible tener de vecina a una nación o a una antinación?

Como si lo supieran

COMO SI LO SUPIERAN

Vivimos en un cuerpo que no entendemos, aunque lo sabemos manejar. Por eso andamos y corremos y nos llevamos cosas a la boca. Por eso vamos al baño cuando toca ir al baño y a la cocina cuando toca ir a la cocina. Tampoco entendemos las tripas del automóvil, que sin embargo podemos conducir, o los intestinos del ordenador, que de tantos apuros nos saca. Ahora bien, nada es comparable a vivir dentro de un cuerpo de la complejidad del nuestro y sobre cuyo funcionamiento lo ignoramos casi todo. ¿Qué se sabe del cerebro? Aún no hemos explorado ni el 5% de la totalidad de su territorio, y eso que apenas mide unos centímetros.

Digo que vivimos en un cuerpo extraño (extraño en la medida en la que sólo parcialmente somos dueños de él), pero sería más propio afirmar que somos el cuerpo en el que nos hacemos la ilusión de vivir. Somos algo que no entendemos, por lo tanto, algo que nos supera, que nos extraña y en lo que no nos reconocemos del todo. Hemos construido, a lo largo de la historia, mecanismos para atenuar esa contradicción, y así ahora mismo cada uno de nosotros es Fulano de Tal o Mengano de Cual. No tenemos ni idea acerca de nuestros orígenes ni de nuestro destino ni de nuestra verdadera identidad, pero cada uno lleva en el bolsillo un carné capaz de certificar que se llama así o asá, que es hijo de Fulano y Mengana y que tiene una profesión.

La situación no puede ser más cómica ni más dramática, pero es lo que hay. A veces, cuando intento comprender qué rayos es Europa, me pasa algo parecido a lo que me ocurre cuando intento entender qué rayos es Juan José Millás. Soy tan usuario de Europa como de este cuerpo y esta identidad denominados Juan José Millás. Pero tanto Europa como Millás me resultan extraños. Tienen un lado práctico, no lo niego, sirven para esto o para lo otro, mas no hay forma de acceder a su caja negra. Y si ser Millás o ser europeo resulta complicado, ser español es la bomba, como ser catalán, o vasco, o andaluz. Parece que el Tribunal Constitucional está a punto de emitir una sentencia en la que los magistrados explican en qué consiste la catalanidad. Como si lo supieran.

dimarts, 24 / novembre / 2009

Ni gota (ni idea)

NI GOTA (NI IDEA)

El ser humano es un mamífero que además de sus extremidades, sus vísceras, sus apéndices, y todo lo demás, posee ideas. ¿Cuántas? No lo sabemos, pues están sin catalogar, lo que no deja de resultar sorprendente dada nuestra afición a los inventarios. Las ideas tienen sus propios sistemas de canalización. Uno abre el grifo invisible que llevamos todos dentro de la cabeza y comienzan a salir ideas al modo en que sale el gas cuando abrimos la llave de paso. A veces salen las mismas ideas disfrazadas de maneras diferentes, para que parezcan distintas. Pero no se dejen engañar, son la misma. Hay personas capaces de vivir una existencia larga con una o dos ideas que entran y salen de la cabeza al modo del agua en esas fuentes que poseen un circuito cerrado y que están tan de moda. Las venden en los supermercados y centros de jardinería y poseen la fascinación de lo que no deja de moverse sin ir a ningún sitio. Los niños se preguntan por qué el agua no se acaba nunca, o por qué no se llena el pequeño estanque sobre el que cae. Conviene no revelarles muy pronto que el asunto tiene trampa. Una vez que uno descubre los circuitos cerrados, pierde la fe en más cosas de las deseables.

El otro día asistí a una conferencia en la que el ponente logró hablar durante hora y media manipulando dos ideas a las que se veía perfectamente salir de su boca y volver a entrar por sus oídos. A veces salían en un orden distinto al que habían entrado, pero las reconocías enseguida. Mucha gente se durmió a la tercera o cuarta vuelta, pero yo seguí fascinado todo el proceso. Ahí es donde se me ocurrió la posibilidad de hacer un catálogo con todas las ideas que circulan por el áspero mundo. No son muchas, créanme, en ninguno de los órdenes en los que actuamos. Se podrían entregar por fascículos, a través de los periódicos o regalar en las cajas de los supermercados, al pagar la cuenta. Su lectura nos colocaría frente a nuestros límites, nos haría más humildes, nos empujaría a producir más, para escapar de la monotonía dominante. Todo ello sin contar con que en la canalización de los circuitos cerrados, por bien aislados que estén, se producen pérdidas. Quiere decirse que si no se renuevan, acaban por secarse. Qué miedo, abrir el grifo y que no salga ni una gota (ni una idea).

dissabte, 21 / novembre / 2009

Miedo y catástrofes

MIEDO Y CATÁSTROFES

Ver y escuchar a todo el mundo equivale prácticamente a no ver ni escuchar a nadie debido a que los extremos se tocan, a veces se abrazan. Aznar y Anguita, si se acuerdan, estuvieron en tiempos muy unidos. Cuanto más se iba Anguita a la izquierda y más se desplazaba Aznar a la derecha, más cerca estaban el uno del otro. De hacer seguido esa deriva, se habrían atravesado, como el que atraviesa el espejo, y Aznar se habría convertido en Anguita y Anguita en Aznar. No son una excepción. En ocasiones veo actitudes mías en personas que detesto. Las detesto tanto que me alejo de ellas con violencia y cuando quiero darme cuenta, como la Tierra es redonda, me he colocado en su lugar. Me odio cada vez que caigo en una de esas trampas, pero incurro en ellas con una frecuencia indeseable. Internet, al ser un territorio tan extenso, ofrece una amplísima gama de conductas en las que nos podemos mirar para hacernos la autocrítica. Yo leo con frecuencia en la red a personas que no me gustan para ver hasta qué punto, huyendo de su estilo, lo perpetro. Y lo perpetro más de la cuenta, ésa es la verdad.

El otro día, a la hora del gin tonic, me felicitaron por una actuación pública en la que no me había gustado. Se lo dije a mi comunicante:

-No me gusté, no me gusto cuando me pongo así.

-Pero si estuvo usted muy bien —insistió él.

-Pues ya le digo que desapruebo ese tipo de conducta, sobre todo en mí.

El hombre me observó como si me hubiera vuelto loco. El problema de que a los demás les guste de ti lo que tú odias en ti, es que puedes acabar haciendo lo que a los otros les gusta por miedo a no ser aceptado. Ese miedo ha provocado catástrofes sin cuento a lo largo de la historia.

Pero volvamos al principio: decíamos que ver y escuchar a todo el mundo equivale a no ver ni escuchar prácticamente a nadie. Por eso, yo no creo que el sistema ese de moda, Sitel, sea tan eficaz como aseguran. A ningún paranoico como Dios manda puede gustarle que nos espíen a todos. La paranoia exige un grado de exclusividad.

divendres, 20 / novembre / 2009

Pavos en celo

PAVOS EN CELO

Del mismo modo que leyendo atentamente los anuncios por palabras se pueden interceptar mensajes de los extraterrestres, que utilizan este medio para dar órdenes a sus contactos, si se presta atención a los anuncios a toda página, descubre uno disputas soterradas entre organizaciones poderosas. Endesa viene colocando en los periódicos una publicidad encabezada por la siguiente leyenda: "En Endesa, cuando hablamos de eficiencia energética, no vendemos pájaros y flores". Lo sabíamos, vende kilovatios, y a precio de oro, para decirlo todo, de ahí que no tengamos relación alguna de afecto con sus directivos, por más que se empeñen en mostrarnos fotografías de gente feliz pronunciando con naturalidad frases artificiales: "Para mí decir domótica es decir comodidad", por ejemplo. ¿Pero por qué esa puntualización absurda respecto a las flores y los pájaros?

Acabo de descubrirlo. Trata de prevenirnos sobre los falsos encantos de otra empresa, Acciona, que pretende hacerse pasar, con otra campaña carísima, por una ONG dedicada al medio ambiente. Si no conociéramos las dificultades económicas de las ONG, quizá habría colado, pues Acciona vende, en efecto, los pájaros y las flores como nadie. No sabemos quién ganará esta batalla librada a golpe de talonario, pero Acciona tiene una desventaja frente a Endesa, y es que no hemos logrado, ni siquiera después de entrar en su página web, averiguar a ciencia cierta a qué se dedica (aparte de hacer el bien, lo que resulta sospechosísimo en gente tan rica). En cualquier caso, hay unos perdedores fijos: usted y yo, que tendremos que pagar esos movimientos de pavo real en celo a través de los recibos del agua o de la luz del mismo modo que sufragamos los gastos del ejército de coches oficiales de los que entra y sale todo el día gente que cada día nos inspira menos confianza.