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dimecres, 21 de juny del 2006

Duralex

DURALEX

En EE UU hay un general llamado Formica (como las mesas de cocina de mi adolescencia) que ha hecho un informe homónimo según el cual los militares estadounidenses en Iraq torturan de forma habitual a sus presos. Esto de la tortura es como lo de la lluvia fina de Aznar. Al principio no te lo crees porque no es posible que nosotros, los representantes de la cultura occidental y del humanismo cristiano y del Ibuprofeno, hagamos esas cosas. Pero luego te enseñan unas fotos y dices vale, pero son casos aislados. De acuerdo, sí, se ha sodomizado a críos de quince años. ¿Pero a cuántos críos? ¿Veinte, treinta, cuarenta? ¿Qué son cuarenta niños comparados con la población árabe del mundo? ¿Que se les ha hecho comer caca también? ¿Y orinar sobre el Corán? Siempre hay algún militar perverso. Conviene esperar a los informes oficiales.

De acuerdo con el informe formal Formica, y perdón por la cacofonía, mantenían a los presos en unas celdas construidas de tal forma que no podía estar ni acostados ni levantados. Eso cansa, sobre todo si el único alimento que recibes es un vaso de agua y un trozo de pan. Pero fatiga aún más si estás completamente desnudo, a temperaturas muy bajas. Y resulta casi insoportable si de vez en cuando te amenazan con un perro. No obstante, los expertos han concluido que ese trato es inadecuado, pero no ilegal. Es lo que tiene la formica, que es muy sufrida. No se notan las manchas. Pasas un paño húmedo y ya está.

Ya está de momento, porque la lluvia fina, que decía Aznar, va penetrando, si no en la formica, en los cerebros. A ver si va a ser cierto lo de las torturas generalizadas. Una cosa es bombardear al por mayor, sin ver dónde cae el misil, y otra este encarnizamiento particular, esta minuciosidad sexual (y sin haber leído a Sade). La tortura al detalle debería ser pecado. Debería estar perseguida por la ley. Dura lex, sed lex, que dice el adagio latino. El problema es que en EE UU no hay ningún juez llamado Duralex como los vasos de mi juventud. Bastante han hecho, de momento, con inventar al general Formica. Ahora, lo que hace falta es un comandante apellidado Ajax Cloro, para que no se noten las manchas de sangre

dimarts, 20 de juny del 2006

¡Viva la catástrofe!

¡VIVA LA CATÁSTROFE!

Si lo piensas, lo normal debería ser el caos. Quiere decirse que hay pocos cortocircuitos en relación al número de enchufes. Y pocas explosiones de gas en relación al número de bombonas. Hay pocos ictus en relación al número de cerebros y pocos infartos en relación al número de corazones. Hay pocas úlceras en relación al número de estómagos y pocos esguinces en relación al número de músculos. Hay poca ceguera en relación al número de ojos y pocas peritonitis en relación al número de peritoneos.

Lo normal es que hubiera más accidentes de automóvil y más inundaciones y más disgustos familiares y más suspensos en Lengua y Literatura. Lo normal es que el microondas estallara de vez en cuando y que el secador diera calambre. Son tantas las cosas que tienen que funcionar al mismo tiempo para sacar adelante la civilización occidental que parece mentira que no fallen ni los semáforos ni el camión de la basura ni el alumbrado público... Parece mentira que el cura esté en su confesionario, el camarero en su bar, el juez en su audiencia, el periodista en su periódico... Resulta increíble que los grifos funcionen, que las cartas lleguen, que la radio se oiga, que los niños nazcan, que los ancianos mueran, que los pájaros vuelen, que los gatos maúllen, que los enamorados sufran, que las esquelas se impriman.

Es tan frágil, en el fondo, el equilibrio del mundo que me extraña no recibir una carta en la que se me comunique que a partir de mañana queda suspendida la sucesión de los días y las noches, excepto para aquellos que puedan pagársela. Por algún milagro (el mismo que evita la proliferación de úlceras o de trombosis), los fenómenos naturales son gratis todavía. Llueve lo mismo para mí que para Bill Gates. La realidad, increíblemente, continúa sin codificar, pese a los beneficios que produciría su privatización. Y no salgan ahora con aquello de que la realidad, como el fútbol, es un asunto de interés general porque no es cierto.

Viene todo esto a cuento de lo difícil que es que entre el balón en la portería del contrario, o en la propia. Dice Martín Girard que un gol es un accidente porque han de coincidir un montón de cosas para que suceda. Y ya hemos visto lo raros que son los accidentes. Tiene, pues, tanto mérito ganar como perder, pero, no nos equivoquemos, gana el que gana. Y las cosas han quedado como sigue: Sí, 73,90%; no, 20,76; blancos, 5,34. ¿De qué hablamos, si no, cuando hablamos de fútbol?

diumenge, 18 de juny del 2006

El papel impreso

EL PAPEL IMPRESO

En mi barrio había una fábrica de hielo. De ella salían unos preciados lingotes que se repartían por las casas en un carrito de dos ruedas. El muchacho encargado del reparto llevaba un garfio que manejaba con sorprendente maestría. Le servía para sujetar la barra de hielo sobre el hombro, pero también para partirla. La gente le compraba un cuarto de barra, media como mucho, y había que golpear en el lugar adecuado para que se partiera sin producir esquirlas. Cuando éstas saltaban, los críos las atrapábamos en el aire, para metérnoslas en la boca. Mal hecho. El hielo se fabricaba con agua no potable. Servía para enfriar, no para beber. En una ocasión, vimos, en el núcleo de la barra, el rabo de una rata. Todo lo que rodeaba al mundo del hielo era mágico. «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Pues eso.

Un día, llegó al barrio una nevera eléctrica. Una Whestinghouse. Había colas para verla. Yo era amigo del hijo de los propietarios, por lo que fui de los primeros en rendirle admiración. No sólo mantenía los alimentos frescos, sino que fabricaba hielo. Parecía increíble que dentro de una casa cupiera una fábrica de hielo, pero era así. Los críos introducíamos mondadientes en la cubitera y nos hacíamos la ilusión de fabricar polos. Recuerdo, en fin, la llegada de aquel electrodoméstico como uno de los sucesos más excitantes de mi vida.

Durante algún tiempo, la fábrica de hielo convivió con la progresiva difusión de neveras eléctricas. El propietario de la fábrica, que nunca creyó que éstas llegaran a popularizarse, continuó produciendo hielo a toda pastilla. Y se arruinó, claro. A veces me preguntó si las actuales empresas editoras (de libros, de periódicos, de revistas?) no son el equivalente a aquella fábrica. Hoy, cada uno tiene en Internet su propia fábrica de noticias. Y su impresora. Invertir en rotativas es como fabricar hielo cuando ya todo el mundo posee una nevera. Personalmente, tengo la misma sensación de pérdida y de ganancia de entonces. Y también una suerte de nostalgia anticipada por el papel impreso.

divendres, 16 de juny del 2006

Alopecia

ALOPECIA

En la actualidad sólo se cultivan 150 especies agrícolas frente a las más de 7.000 utilizadas por el ser humano a lo largo de su historia. Tenemos menos semen, menos idiomas, menos escarabajos, menos palabras y, ahora, menos vegetales. De modo que lo que no conduce al pensamiento único, conduce a la dieta única, al idioma único, a la novela única... Así las cosas, los editores de títulos raros se han organizado para defender la bibliodiversidad, pues también en el territorio de la cultura escrita hay cada vez menos especies. El mundo no se acaba, pero implosiona como una goma elástica llevada al límite. En estos momentos, hay menos librerías que entonces, signifique lo que signifique entonces. Y menos piezas dentales, pues las mandíbulas son más pequeñas.

Dicen los expertos que a lo largo del último siglo ha desaparecido el 75% de los cultivos, lo que constituye una forma exagerada de alopecia. La Tierra se está quedando calva. Los que hayan perdido las tres cuartas partes de su pelo en los últimos años entenderán perfectamente de qué hablamos. No aprecias la importancia de la melena hasta que te quedas sin ella. En tales circunstancias, ¿quién nos asegura que no se han perdido días de la semana, meses del año, letras del alfabeto, números primos? Siempre sentí que entre el jueves y el viernes faltaba algo, lo mismo que entre el siete y el ocho. Son cosas que no se pueden demostrar, pero que se perciben como ciertas. Un amigo mío notaba un vacío entre él y su hermano mayor. Un día se enteró de que su madre había tenido entre ambos una niña rubia que murió al poco de nacer.

Total, que vas a la frutería (en el caso de que no hayan desaparecido, como las librerías) y notas que entre el pimiento y la lechuga falta algo. Falta, para ser exactos, el 75% de lo que debería haber. Por otro lado, la mitad de la población mundial sólo se alimenta de trigo y arroz. No es que esos miles de millones de personas hayan perdido el día domingo, que no sirve para nada, es que han perdido las patatas, los pimientos, los tomates, las berenjenas... La mitad de la humanidad, en fin, está a punto de perder a la otra media. Haga usted el favor de ponernos otra cerveza. Gracias.

Urbanismo salvaje

URBANISMO SALVAJE

La noticia, si ustedes me lo permiten, no es que se case Carmencita Franco (ya lo ha hecho otras veces sin que ocurriera nada); el problema es la unión entre las palabras urbanismo y salvaje, un matrimonio mucho más brutal y estéril que cualquiera de los protagonizados hasta el momento por la nieta de aquel dictador repugnante (y perdón por la redundancia) que sembró España de estatuas ecuestres. Ayer mismo tropecé en el periódico con este matrimonio verbal: Urbanismo salvaje. Ignoro desde cuándo están unidos. Sí sé que hace treinta o cuarenta años podías encontrar la palabra urbanismo por un sitio y el término salvaje por otro. Cada uno, en su ámbito, cumplía una función social. Urbanismo tenía el prestigio del desarrollo arquitectónico y salvaje poseía una reputación literaria, procedente de las novelas de aventuras.

Pero se casaron (no sabemos cuándo exactamente, ésa es la verdad) y organizaron la de Dios es Cristo. Si tuviéramos que buscar una boda con resultados así de catastróficos, tendríamos que remitirnos a la del mismo Franco con la misma doña Carmen Polo, donde se unieron el fanatismo militar y el religioso, ocurriendo lo que ocurrió (en la boda de la nietísima, en cambio, sólo se unen el hambre y las ganas de comer). La boda secreta entre urbanismo y salvaje (entre la especulación y la falta de escrúpulos) se ha traducido, sólo entre los años 1987 y 2005, en un aumento de la superficie ocupada del 40%. Los datos proceden del Observatorio de Sostenibilidad de España, nombre raro donde los haya, pero son fiables. Ello significa que han desaparecido innumerables humedales, charcas o paisajes naturales con sus habitantes correspondientes.

Urbanismo salvaje, he ahí una asociación marital a la que convendría prestar más atención. En el universo de las palabras, el divorcio es más difícil que entre los humanos (no pagan por las exclusivas, como en el caso de Carmecita y Cía). De hecho, urbanismo salvaje es un matrimonio muy sólido. No hay más que asomarse a las costas de Valencia, de Murcia, de Andalucía. Y lo que nos queda por ver.

dimarts, 13 de juny del 2006

Acaban con nosotros

ACABAN CON NOSOTROS

El otro día, para fastidiar a Bush, se suicidaron tres presos de la prisión de Guantánamo. Menos mal que las autoridades norteamericanas se dieron cuenta en seguida de que se trataba de un acto terrorista. Así lo anunció Harry Harris, contralmirante de la famosa prisión ilegal: «Los suicidios no fueron un acto de desesperación». «Fueron un acto de guerra». Para quien tuviera dudas, añadió que las muertes habían sido claramente planeadas para dañar los intereses de los EE UU. Si estando presos hacen tanto daño al mundo, no queremos imaginar su capacidad de destrucción en libertad. La maldad de esta gente llega al punto de que hay, por lo visto, 18 presos en huelga del hambre, con el dolor que proporciona al mundo libre el hambre. O se suicidan o no comen, tal es el panorama. ¿Es o no es para matarlos?

Los terroristas siempre obtienen ventajas de la democracia. Los cadáveres de los tres presos aludidos más arriba fueron tratados con el máximo respeto a su cultura. Y no porque se lo mereciesen, sino porque nosotros somos así, señora. Bush ha ordenado que no se suicide un preso más. No sabemos cómo podrá evitarlo, pero las torturas ensayadas en Abu Grahib fueron muy eficaces. De hecho, en aquella prisión no se suicidó nadie. Los matábamos nosotros, que es lo que debe ser. El fallo de Guantánamo es que se les ha tratado demasiado bien. Tienen unas celdas con toda la luz del mundo (a las que los enemigos de la libertad llaman jaulas) y no se les aplica la picana, ni se les sodomiza, ni se les asusta con perros policía. La única tortura que se aplica en Guantánamo es la privación sensorial, que consiste en marearte de tal modo que al final no sabes ni quién eres, ni de dónde vienes ni a dónde vas. Pero nos ocurre a todos, por favor. Es un problema filosófico.

Siempre se ha dicho que los suicidios proliferan en las sociedades acomodadas. Y esto es lo que pasa en Guantánamo, que los presos viven como ricos y se vuelven flojos. No basta con que la prisión sea ilegal, ni con que lo presos ignoren de qué se les acusa, ni con tenerlos a pan y agua detrás de los barrotes. Hay que endurecer un poco las condiciones de su secuestro. Si no, a base de suicidarse, acaban con nosotros.

Golpe franco

GOLPE FRANCO

Cuando mi mujer me preguntó en qué consistía el fuera de juego, me di cuenta de que era endiabladamente difícil de explicar.

-Te lo voy a dibujar, dije.

-No quiero que me lo dibujes, quiero que me lo expliques. ¿No eres escritor? Pues demuéstralo.

-Está bien, balbuceé, supongamos al equipo A y al equipo B.

-No me hables de equipos A o B. Háblame del Madrid y el Barça.

-Pero el Madrid y el Barça no juegan en el Mundial

-¿Entonces de qué va todo este lío?

-Por Dios, presta más atención a la realidad. Los equipos del Mundial están formados por los mejores jugadores de cada país.

-Pues utiliza como ejemplo a la selección de España. Y a la de Turquía.

-La Selección Española, aventuré, cometerá un fuera de juego cuando uno o varios de sus jugadores penetre en las líneas del equipo contrario...

Me detuve comprendiendo que había iniciado una jugada verbal con muy pocas posibilidades de llegar a la línea de meta. Veía la situación del fuera de juego dentro de mi cabeza, pero no era capaz de traducirla a una oración sencilla. Enseguida aparecían las subordinadas dispuestas a zancadillearme.

-Me rindo, dije. Veámoslo en el diccionario.

El Clave y el de la Real Academia despachaban el asunto calificándolo de "posición antirreglamentaria de un jugador". Así, cualquiera. El Seco tampoco me solucionó nada. Acudí entonces a la Larousse, que raramente me decepciona. Decía así: "En el fútbol se produce el fuera de juego cuando entre un jugador que no posee la pelota y la línea de meta contraria se encuentran menos de dos adversarios". Hasta ahí, perfecto. Pero añadía: "Salvo en casos excepcionales (saques de esquina, fuera de banda, etc.), dicho jugador será sancionado con un golpe franco en cuanto intervenga en la jugada de manera directa (entrando en posesión de la pelota) o indirecta (influyendo en el desarrollo del juego)".

Como no sabía explicar qué rayos era un golpe franco, me levanté y fui a la cocina a por unos panchitos. Al volver, mi mujer dijo con malicia: "Mañana estudiamos el saque de esquina".