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dissabte, 9 d’abril del 2011

Corralito a plazos

CORRALITO A PLAZOS

La solución a la crisis, según el ministro de Trabajo, pasa por que nos moderemos salarialmente durante varios lustros (luego aclararía que dos). Añadió que a lo largo de ese tiempo los sueldos tendrán que estar por debajo de la productividad, como si hubieran estado alguna vez por encima. Es evidente que si usted produce cien y cobra 150 la empresa se va a la ruina. Pero si usted produce cien y cobra 20, le están explotando. Nadie se atreve a indicar dónde se encuentra la raya que separa el salario justo de la explotación. Por eso mismo, mucho nos tememos que lo que ha querido decir el ministro de Trabajo es que durante los próximos lustros, y para superar la crisis, deberíamos dejarnos explotar. No hay cosa que produzca más placer al empresariado que la plusvalía. A mayor plusvalía, mayor felicidad. Y un empresario feliz reinvierte, crece, genera puestos de trabajo, etc.

Cuando yo era pequeño circulaba una definición de salario justo según la cual éste era la parte que recibe el trabajador una vez descontada la que corresponde al capital. El problema aparecía cuando preguntabas qué parte correspondía al capital. Los capitalistas son muy subjetivos, de modo que si dicen que la parte que les corresponde es la del león, punto en boca. Los trabajadores son más objetivos, de ahí que cuando hay problemas se cargue el acento en los salarios más que en los beneficios. Lo que ha hecho el ministro de Trabajo es objetivarnos, que viene a ser convertirnos en objetivos, o colocarnos en el punto de mira de la escopeta, como ustedes prefieran.

La moderación salarial recibe también el nombre de sensatez salarial. Si ustedes se fijan, jamás se menciona el término sensatez cuando se habla de los beneficios. No es sensato, ni de lejos, que el 20% de la población posea el 80% de las riquezas del planeta, pero ningún ministro de Trabajo se atrevería a criticar ese disparate. La sensatez sólo es aplicable a los salarios. Quiere decirse que durante los próximos lustros vamos a sufrir un «corralito» a plazos. En Argentina, si ustedes se acuerdan, quitaron el dinero a la pobre gente de un día para otro. Pero como esto es Europa, nos lo arrebatarán en cómodas mensualidades, durante varios lustros.

divendres, 8 d’abril del 2011

El sentido

EL SENTIDO

En la antigüedad duraban más las ideas que los alimentos.

Ahora duran más los alimentos que las ideas. Hemos mejorado los sistemas de conservación de la fruta, la carne o el pescado, pero no hemos dado con métodos eficaces para curar las ideas como se cura, por ejemplo, el jamón. Total, que mientras nos comemos como si fuera fresco un solomillo que llevaba dos años en el congelador, el pensamiento occidental se enmohece de arriba abajo como ese bloque de pan de molde olvidado en un rincón de la cocina. ¿Cuánta gente estudia hoy a Platón, a Kant, a Spinoza, a Hegel, a Marx, a Sartre..? ¿Cuántos ejemplares de un título cualquiera de Ortega se habrán vendido en España a lo largo de la última semana? El pensamiento no dura ya ni 24 horas. Sabemos producirlo, pero da la impresión de que se descompone antes de llegar a las mentes. Todo lo que se ha avanzado en la elaboración, almacenamiento, conservación y distribución de los productos perecederos se ha retrocedido en el de los imperecederos (quizá porque estábamos convencidos de que las ideas eran inmortales). El caso es que llegas a una librería, incluso a una librería de fondo, preguntas por un ensayo del que has leído algo seductor en la prensa, y ya no está. Nos trajeron un ejemplar, pero se lo llevaron, dice el librero tras consultar el ordenador. Se lo llevó un loco (tú eres el segundo) con el que seguramente no te cruzarás en la vida. A los dos días te has olvidado del libro porque ha aparecido otro más interesante que tampoco encontrarás (en el último mes no he leído tres o cuatro libros que me interesaban). Todo lo que creíamos que portaba dentro de sí el gen de la longevidad se encuentra en trance de extinción, mientras que lo caduco dura y dura como el conejito de Duracell. El conejito de Duracell está bien, tiene su gracia, pero coño, no da sentido a la vida.

dijous, 7 d’abril del 2011

Hasta hoy

HASTA HOY

En el bar de mi gin tonic de media tarde suelo coincidir con un compañero de barra que además de tener un Rolex le gusta hablar de filosofía y cita todo el tiempo a Platón. Hace poco le pregunté si el Rolex era la versión platónica del objeto reloj y me dijo que sí, sin duda, para añadir enseguida:

-Este que llevo puesto, no. Este es falso. Me dieron el cambiazo en el control de seguridad del aeropuerto.

A continuación me relató una historia inverosímil según la cual un día que volaba a Barcelona, su reloj de marca fue sustituido, dentro del túnel de seguridad por el que atraviesan los objetos metálicos, por una imitación.

-No puedo estar oyendo lo que me estás diciendo- le dije.

-Y no sólo me ha ocurrido con el reloj. Fíjate en este cinturón- añadió desabrochándose la chaqueta.

Se trataba de un cinturón de Loewe, supuse que muy caro.

-¿Qué le ocurre al cinturón?- pregunté.

-Pues que también es falso y también me lo cambiaron en el control de seguridad de la T-4 de Barajas. Como me di cuenta de que hablaba en serio, procuré no llevarle la contraria. Me limité a expresar:

-¡Qué raro!

El indivíduo, que no sé ni cómo se llama, pidió otro gin tonic y comenzó a explayarse sobre el peligro de los túneles en general. Afirmó que hay túneles en los que si no llevas cuidado te cambian hasta el alma y me recomendó que si tenía hijos pequeños (cosa verdaderamente improbable) jamás los montara en esa atracción de feria conocida como el Tren de la Bruja.

-Ahí entra un niño y sale otro. Te crees que has recogido a tu hijo y no, lo que pasa es que te devuelven la misma envoltura, el mismo cuerpo, con un alma distinta.

Empecé a sentir escalofríos, de modo que pagué mi consumición y salí a la calle. Si bien lo que me había contado era increíble desde el punto de vista de la realidad, poseía una extraña verosimilitud desde el punto de vista de la ficción. El caso es que al día siguiente, tuve que tomar un avión y me dio como miedo atravesar el arco de seguridad. Una vez pasado, me sentí extraño, como si me hubieran cambiado el alma. Y hasta hoy.

dilluns, 4 d’abril del 2011

Marketing viral

MARKETING VIRAL

El Ejército de los EE UU va a introducir en internet a falsos navegantes (o quizá a navegantes verdaderos con identidades falsas) a fin de infiltrarse en los foros y las redes sociales para hablar bien de la política estadounidense. Cuentan para ello con un software que permitirá a cada agente desdoblarse en diez identidades distintas. De modo que si usted es habitual de un foro, por ejemplo, de fontaneros en el que alguien, sin venir a cuento, empieza de repente a hablar bien de Guantánamo, no lo dude, se trata de un espía estadounidense. Dirán algunos que lo normal es que se hable viniendo a cuento, pero lo normal es también que las centrales nucleares no estallen y ya ven.

No se trata de un invento nuevo. Se practica desde hace tiempo y recibe el nombre de marketing viral. El problema del marketing viral es que sale cuando él quiere, no cuando tú lo necesitas. De hecho, las editoriales han llevado a cabo estas prácticas con algunos libros sin resultados aparentes. Si usted se encuentra en un foro de literatura, hablando, no sé, de Faulkner, y aparece un internauta recomendando un título reciente, no lo dude: o es el autor o es el padre del autor intentando introducir el virus en el sistema sanguíneo de la Red. Pero la Red cuenta con defensas increíbles y sólo se deja penetrar por lo que se deja penetrar. ¿Con qué criterios? No tenemos ni idea. Por eso los virus, informáticos o no, son tan interesantes.

Ya hemos recordado en otras ocasiones que, cuando Franco, el ministerio del Interior editaba en sus sótanos un Mundo Obrero falso. Se trataba de una publicación del Partido Comunista (a la sazón el partido por antonomasia) y parece que la cosa funcionaba porque el Mundo Obrero falso era a veces mejor que el verdadero. Pero estamos hablando de una época donde todo era analógico. Los espías analógicos funcionaban mejor que los digitales, por eso han provocado tanta literatura, y tan buena. Los espías cibernéticos, en cambio, son un desastre, al menos de momento. La Operación Títere, como ha sido bautizada por el ejército de los EE UU, tiene más posibilidades de fracasar que de salir adelante. No obstante, si les sale bien, no dejen ustedes de avisar a mi editor (o a mi padre, que tiene mucha confianza en lo que hago).

diumenge, 3 d’abril del 2011

Amanece en dos horas

AMANECE EN DOS HORAS

La policía asegura que no y los terroristas que sí. Hemos de decidir a quién creer. ¿Qué se pone en juego en esa decisión? Fundamentalmente, la decencia. Quizá el cuerpo nos pida creer a los terroristas, pero la conciencia no. Mentira y verdad se encuentran en este caso, como en tantos otros, revueltas (que no juntas). Hay mentirosos que a veces dicen la verdad y sinceros que en ocasiones mienten, pero las mentiras de los sinceros contienen más verdad que las verdades de los mentirosos. Todo esto es provisional, claro, y referido a un caso concreto. En cuanto al espectáculo dado por algunos políticos, es tan agotador (también tan repugnante) que tiene uno la tentación de retirarse de lo público, de tomar el camino del silencio, de despegarse de lo colectivo, de dejarse caer para siempre por el tobogán que conduce a uno mismo.

El problema que una vez allí, en las profundidades del propio ser, uno encuentre debates parecidos a aquellos de los que pretendía huir. Los insomnes lo saben. Durante el día, los estímulos que recibimos son tan numerosos, y de tal magnitud, que no nos da tiempo a advertir lo que pensamos de nosotros, sólo lo que pensamos de los demás. Por eso los juicios diurnos son tan sumarísimos. Este es un tal y aquel un cual y el de más allá un fulano. Las radios (especialmente ciertas radios) y los titulares de prensa (unos más que otros también) nos programan. Cuando llegamos a la oficina con un juicio formado (lo de formado es un decir) sabemos a la perfección cómo arreglar lo de Libia, cómo acabar con ETA y qué partido tomar, si el de la verdad mentirosa o el de la mentira verdadera. Somos perfectamente unidimensionales y conocemos perfectamente lo que nos conviene a nosotros y a quienes nos rodean.

Pero el insomnio… Ah, el insomnio. El insomnio son unos ojos abiertos en medio de la nada, de una nada oscura, repleta de bultos amenazantes. Se repliega uno entonces hacia el interior de sí, se refugia uno en su conciencia y comprueba que está habitado por intereses mezquinos y contradictorios. Corremos así el peligro de comprobar que no somos mucho mejores que aquellos a quienes despedazamos. Menos mal que en dos horas amanece.

dissabte, 2 d’abril del 2011

El enigma Zapatero

EL ENIGMA ZAPATERO

Un día, hace ahora cuatro años, una persona muy cercana, mucho, al presidente me dijo:

-Te va a parecer una exageración, pero yo creo que a José Luis, a fondo, a fondo, no lo conoce ni Sonsoles.

Acaba pues de anunciar su retirada un hombre al que no conocemos. Entró como un enigma y se va como un enigma. Pero sabemos de él algunas cosas: por ejemplo, que es el primer presidente de izquierdas que ha gobernado este país desde la democracia; que le ha interesado más la política que el poder; que no ha sabido o no ha querido llevarse bien con los medios de comunicación (y que dio libertad a aquéllos a los que podía controlar (TVE); que durante sus mandatos se ha avanzado en temas de igualdad y derechos civiles más que en los últimos cien años; que es una rara mezcla de ingenuidad y astucia, de humildad y arrogancia; que al menos durante su primera legislatura se creía todo lo que decía; que es un feminista radical. Sabemos también que la derecha, a la que nadie ha irritado tanto como él, ha dicho que su capacidad para el Mal (con mayúsculas) carece de límites, que es un tontiloco, que sus formas suaves ocultan a un lobo sediento de sangre, que es un resentido, un simulador, un visceral con obsesiones políticamente inconfesables, que es un inconsistente, un tonto, un inútil, un bobo, un incapaz, un acomplejado, un cobarde, un prepotente, un mentiroso, un inestable, un desleal, un perezoso, un pardillo, un irresponsable, un revanchista, un débil, un arcángel, un sectario, un radical, un chisgarabís, un maniobrero, un indecente, un loco, un hooligan, un propagandista, un chapucero, un excéntrico, un disimulador, un estafador, un agitador, un fracasado, un triturador constitucional, un malabarista, un mendigo de treguas, un traidor a los muertos...

Sabemos que ha legislado a una velocidad de vértigo sobre lo visible, pero también sobre lo invisible: durante su primer mandato, por ejemplo, se suprimió la tartamudez como causa de exclusión en el acceso al empleo público, se incrementó en un 30% la inserción laboral de personas con discapacidad, se aprobó la ley que reconocía la lengua de signos (una antiquísima reivindicación del colectivo de sordos) y la asistencia gratuita a personas con discapacidad, sabemos que eliminó de la ley del divorcio la necesidad de que hubiera un culpable... Sabemos que cuando afirmaba que se proponía quitar el poder a los poderosos y entregárselo a los ciudadanos estaba convencido de que podría hacerlo.

Sabemos que le dolía de verdad el hecho de que los ciudadanos solo votasen cada cuatro años, mientras que los poderosos lo hicieran todos los días del año. Sabemos que al poco de llegar a La Moncloa dijo que su biografía estaba por llegar. Sabemos que tenía un lado visionario tan peligroso para él como para los contribuyentes. Sabemos que ese lado visionario fue el que le condujo a creer que estaba destinado a acabar del todo con ETA o a detener el avance de la crisis con solo ordenárselo. Sabemos que en septiembre de 2010 se reunió en Nueva York con los banqueros y los representantes de los fondos de inversión más importantes de EE UU para pedirles árnica. Sabemos que aquella reunión fue lo más parecido a la escena de un presidente constitucional solicitando clemencia ante un Gobierno de facto. Sabemos que a partir de entonces (aunque ya antes) Zapatero empezó a hacer todo lo contrario de aquello en lo que había creído. Sabemos que comenzó a gobernar sin convicción. Sabemos que si en ese momento hubiera dimitido, dejando que hicieran el trabajo sucio quienes creían en la necesidad (y en el placer) de ensuciarse, hoy sería un mito de la izquierda. Sabemos que el destino de todos nuestros presidentes es salir mal de La Moncloa. Sabemos que Zapatero creía que escaparía a ese destino. Ya sabemos que no.

Sabemos que dijo que no nos decepcionaría.

Sabemos que nos decepcionó (quizá que se decepcionó a sí mismo).

divendres, 1 d’abril del 2011

Contenidos

CONTENIDOS

Con independencia de la autoridad que concedamos a las opiniones políticas de Botín y demás empresarios, supongamos por un momento que llevaban razón y que lo mejor para el país fuera posponer el dilema sucesorio y agotar la legislatura. Demos por hecho que incluso el PP participara de ese análisis, igual que Izquierda Unida y los partidos nacionalistas. Imaginemos que todos y cada uno de los españoles opináramos lo mismo. Por fin de acuerdo en algo, bien. ¿Pero con qué sustituiríamos entonces el morbo creado en torno al futuro de Zapatero y a la lucha -real o imaginaria- entre Chacón y Rubalcaba? ¿Seríamos capaces de renunciar, en favor de la salud económica, a la telenovela que desde hace tiempo nos sirve la prensa? ¿Con qué material narrativo compensaríamos el espectáculo de las "luchas intestinas del PSOE" o de la excitación contenida de Rajoy, a punto de alcanzar La Moncloa sin necesidad de conquistarla? ¿Nos hemos tomado acaso la molestia de calcular los beneficios que desde el punto de vista de la industria del entretenimiento produciría el anuncio de fuga por parte del presidente del Gobierno? Pensemos en lo que el asunto daría que hablar en las redes sociales, en la tele, en los periódicos, en las tertulias de la radio... Internet ardería, los foros echarían chispas, los blogs políticos roerían el hueso durante semanas, quizá meses... Amortizaríamos de golpe todos los cacharros tecnológicos adquiridos en Navidades y que comenzaban a languidecer por ausencia de contenidos. Contenidos, esta es la cuestión. Hemos llenado nuestra vida de contenedores que ahora es preciso alimentar. La continuidad política provocaría una calma chicha insoportable. Podemos renunciar a lo que la realidad tiene de realidad, pero no a lo que tiene de reality. ¿Habrá pensado Zapatero en todas estas cuestiones? A ver qué nos dice mañana.