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divendres, 23 de novembre del 2007

Espectáculo

ESPECTÁCULO

Si la esposa del juez Bermúdez hubiera sido repostera, habría creado un postre dedicado al juicio del 11-M. Si hubiera sido guionista de televisión, habría hecho una serie. Si hubiera sido intérprete, habría compuesto una canción. Como es periodista, no ha tenido otro remedio que escribir un libro de actualidad. Beni, que así se llama, explicó el otro día en la radio que habiendo vivido tan de cerca el proceso y estando especializada en temas jurídicos, era muy difícil resistirse a la tentación. Cabe suponer, pues, que quizá luchó contra la idea de llevar a cabo una iniciativa tan turbia. Es posible incluso que acudiera a su esposo en busca de ayuda, y que él, ávido también de protagonismo, lejos de desanimarla, le ofreciera su propia pluma estilográfica. La vida es complicada. Beni tenía el privilegio de escuchar al juez cuando hablaba en sueños, o de observar su gesto grave cuando paseaba por la playa (¿en bañador?, ¿en toga?). Conociéndole como se conoce al cónyuge, y aunque él observara una discreción a prueba de bombas, ella era capaz de distinguir cuándo torcía el gesto porque le dolía un juanete y cuándo porque le dolía el alma. ¿Cómo desperdiciar todo ese material que el destino ponía a su disposición? Dime que no lo escriba, suplicó quizá a su marido. ¿Cómo, si es lo que más deseo?, respondería posiblemente él. Durante el transcurso del juicio, tuvimos con frecuencia la impresión de que Bermúdez adoptaba posturas algo peliculeras que acabamos tomando por un rasgo de carácter. No era eso: es que actuaba como el personaje de un libro que se estaba escribiendo sin que ni nosotros ni las víctimas tuviéramos noticia de ello.

Nos hacemos cargo, la carne es frágil, pero alguien, en este circo en el que ha devenido la realidad, debería permanecer fuera del espectáculo. Los jueces, por lo que vamos viendo, no.

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