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divendres, 23 d’octubre del 2009

Hombres

HOMBRES

No es raro que desde el PP y desde la derecha del PSOE se ensalcen las virtudes de estadista de Felipe González para subrayar las insuficiencias del presidente Zapatero, como si hubiéramos olvidado que durante los gobiernos de González, y desde las estructuras del Estado, se robó, se secuestró, se torturó, se asesinó y se institucionalizó la corrupción. Ahí están los Vera, los Barrionuevo, los Domínguez, los Roldán, los Corcuera o los Amedo, por no citar la lista extenuante de los responsables de Filesa, Malesa y Time Export, que se lo llevaron tan crudo como Correa y Cía. También entonces se premió con el generalato a Rodríguez Galindo, condenado enseguida a 71 años de prisión por secuestro y asesinato.

Total, que llega Carlos Solchaga y dice que González (conocido entre los suyos como Dios) era, comparado con ZP, poco presidencialista, según se deduce, añade, del hecho de que se rodeaba de colaboradores más listos que él, como ha quedado probado en el primer párrafo. Por si no bastara, fue también el responsable del nombramiento del propio Solchaga, la biografía más astuta del siglo XX. Sorprende que personas en pleno uso de sus facultades mentales utilicen, para denigrar a quienes no roban, ni secuestran, ni torturan, ni asesinan, ni alientan la corrupción, un ejemplo que continúa poniendo los pelos de punta a los historiadores. Como no es posible que el PP ni la derecha del PSOE añoren el robo, el secuestro, la tortura, el crimen y la corrupción, sólo cabe pensar que tienen nostalgia de aquella testosterona rancia. Y es que, en efecto, los de entonces eran fundamentalmente gobiernos-macho, donde las cosas se discutían entre hombres y no se humillaba al jefe de la oposición obligándole a hablar de los presupuestos con una tía. Menos mal que Rajoy, listo y macho como es, ninguneó hábilmente a la ministra.

dimecres, 21 d’octubre del 2009

Hacerse el loco

HACERSE EL LOCO

A Juan Bravo Rivera, concejal de Hacienda del ayuntamiento de Madrid, le preguntaron si el nuevo impuesto de basuras con el que Gallardón ha castigado al personal tenía que ver con la deuda de siete mil millones que dicha ciudad ha contraído minuciosa e inútilmente a lo largo de los últimos años y dijo que no. Pero lejos de limitarse a la negación, la argumentó con las siguientes palabras: «El problema que tiene el ayuntamiento es un déficit estructural de su financiación que no tiene nada que ver con el volumen de la deuda». Muy hábil, el tal Bravo Rivera. Madrid se ha metido en un lío económico gordísimo por culpa de las ansias de grandeza de su alcalde, pero eso no es un problema. El problema es el déficit estructural etcétera.

Dado que los políticos son muy aficionados a comparar la economía colectiva con la doméstica, supongamos que usted, por su mala cabeza, se ha endeudado en cantidades a las que no puede hacer frente. Entonces va al banco a pedir un crédito (uno más) para salir del apuro, y el banco, tras estudiar su expediente, se lo niega.

-¿Pero por qué? –preguntará usted al señor de la ventanilla.

-Porque está usted hasta el cuello de deudas.

-Pero el crédito que ahora les pido –responderá usted astutamente- no tiene nada que ver con mi deuda, sino con un déficit estructural de financiación.

Llegados a este punto, lo más probable es que el señor de la ventanilla le mire a usted como si usted estuviera loco, o como si se lo estuviera haciendo por lo menos.

¿Cómo deberían mirar los madrileños al concejal de Hacienda de su ayuntamiento, como si le hubiera dado un brote o como si lo fingiera? Pues no es fácil de decidir, mire usted, porque la raya entre el fingimiento y la realidad tampoco está tan clara. Hay gente que empieza haciéndose la loca y acaba loca de verdad. La política actual, desde Berlusconi a Sarkozy, pasando por quienes ustedes quieran señalar, está llena de personajes raros, sobre los que no sabe uno qué decir. Pero volviendo a Gallardón, empezó fingiendo que era Napoleón y ha acabado creyéndoselo (a cargo del erario, claro).

dilluns, 19 d’octubre del 2009

Se puede caer más bajo

SE PUEDE CAER MÁS BAJO

Recuerdo el asombro que me produjo, en mi infancia, averiguar que en las corridas de toros había localidades de sol y de sombra. Me parecía extraño pagar por algo que fuera de la plaza se podía obtener gratis: si querías sol, te colocabas en esta acera; si sombra, en la de enfrente. Pero aquella distinción marcada por el precio de la entrada y aprendida de niño (un tío mío era muy aficionado a la fiesta) me hizo concebir el mundo dividido en dos mitades. Y así era como estaba hecho en realidad, lo que se advertía en todas partes, aunque en ninguna de un modo tan gráfico como en los toros. Mi tío iba siempre a sol, porque era más barato. De ahí que sus mejores tardes fueran las nubladas, pues gozaba de la comodidad de los ricos al precio de los pobres. Cuando venía a cenar a casa después de una corrida, nos contaba que los días nublados los espectadores de sol se reían ingenuamente de los de sombra, a los que llamaban paganinis.

Aquellos domingos yo me iba a la cama con la sensación de estar rozando algo importante, aunque no sabía qué. Imaginaba plazas de toros en una de cuyas mitades llovía y en la otra nevaba; en una de cuyas mitades era de noche y en la otra de día; en una de cuyas mitades había gente fea y en la otra guapa… Fue entonces sin duda cuando interioricé la dualidad como una forma de percepción homologada. Vivíamos en efecto en un mundo, en cierto modo, bipolar, un mundo de gente feliz y desdichada, de santos y demonios, de gente rica y pobre, alta y baja, negra y blanca, loca y cuerda… La misma Tierra se dividía en dos mitades por la línea del Ecuador, que separaba dos universos irreconciliables.

Tal era la educación que recibimos, quizá es la que se recibe todavía. En las democracias que admiramos por considerar que son las más avanzadas, sólo hay dos partidos, uno de sol y otro de sombra. Lo que pasa es que cuando sales a la calle el asunto se complica. Es lo que ocurrió cuando mi tío me llevó a una corrida de toros. Comprobé que había, en efecto, asientos de sol y sombra. Pero había además un animal al que picaban, banderilleaban y estoqueaban para solaz de todos los espectadores, los de este lado y los de aquel. En otras palabras, que siempre se podía caer más bajo.

divendres, 16 d’octubre del 2009

Perversión

PERVERSIÓN

De súbito hemos comprendido la obsesión enfermiza de Rajoy por el sentido común y la gente normal. Lleva años el pobre intentando gobernar un partido donde no abunda lo primero ni lo segundo. Bastante ha hecho con pastorear un equipo siempre a punto de disolverse en sus diferentes facciones. Ahí están los zaplanistas, los marianistas, los aguirristas, los gallardonistas, los ripollistas, los campistas, los costistas, los bigotistas, los aznaristas, los gürtelistas, los franquistas, los fabristas, los ramblistas, los masoquistas, los arribistas, los carteristas y los golfos apandadores en general. ¿Cómo no añorar, frente a ese panorama de locos, el sentido común y la normalidad que el líder del PP invoca todo el tiempo, al modo de un mantra cuyo recitado le conduce a arrebatos místicos que, lejos de ayudarle a coger el toro por los cuernos, lo alejan de los problemas reales de este mundo?

Ahora entendemos también cómo al acusar a Zapatero de cambiar de opinión cada dos por tres, de no tomar decisiones, de negar los datos, de dimitir de sus deberes o de mirar hacia otro lado, estaba hablando en realidad de sí mismo. Esto de atribuir a los demás las propias carencias es muy común entre la gente poco reflexiva, por no decir entre los caracteres perversos. Resulta asombroso ver a un partido descompuesto por méritos propios echando la culpa de sus males sucesivamente a los jueces, a la policía, a los fiscales o al ministro del Interior, da igual. Si usted o yo pasáramos por allí, invitarían a las masas a lincharnos asegurando que somos la causa de todos sus problemas. Y lo harían con unas buenas maneras dignas de envidia. Observen, si no, el cinismo inabarcable con el que Cospedal miente un día y otro frente a las cámaras, sin alterar un músculo de la cara. De momento dan más miedo que risa. A ver si se arreglan.

dimarts, 13 d’octubre del 2009

No me ocurre nada

NO ME OCURRE NADA

Si estás solo y te da un infarto, tienes que toser violentamente para comprimir el corazón y hacer llegar más aire a los pulmones. Es lo que recomienda un mensaje que me acaba de enviar una amiga a través del correo electrónico. Quizá usted lo haya recibido también, pues estos envíos recorren la red a velocidades de vértigo. Internet tiene algo de sistema circulatorio. Pero no se pierdan el enunciado: «Si estás solo y tienes un infarto» ¿Por qué un infarto? ¿A qué tipo de hipocondríaco se le ha ocurrido esa vulgaridad? Nos gusta la primera parte de la proposición («si estás solo»). A partir de esa oración condicional, se pueden imaginar infinidad de situaciones. Si estás solo y te quedas ciego de repente. Si estás solo y se te aparece tu madre muerta (o viva, lo que quizá sea peor). Si estás solo y te da un ataque de pánico. Si estás solo y tienes una erección. Etcétera.

Si estás solo y tienes un infarto, llamas al vecino y punto. Podría darse el caso de que el vecino estuviera solo también, e infartado, lo que parece estadísticamente muy improbable. Entendámonos: no es improbable que esté solo (todos los estamos), sino que le ocurra lo mismo que a ti, y en el mismo instante. Puede que esté solo y se haya quedado ciego, por lo que no te podrá llevar en su coche al hospital. O que esté solo y se le haya aparecido su madre muerta (o viva). O que esté solo y tenga una erección. Si estás solo y te ha dado un infarto, en fin, lo mejor es que te asomes a la ventana y grites. Si el dolor aprieta, déjate caer.

En cualquier caso, el acierto literario está en la oración condicional. Veamos otras posibilidades: Si estás enfadado con tu cónyuge y te da un infarto, ¿qué hacer? ¿Llegarás boqueando al salón y te humillarás para que te salve? ¿Y si estás enfadado con tu cónyuge y tienes una erección? ¿Y si se te aparece tu madre muerta? ¿Y si te quedas ciego en medio del pasillo? Si yo diera clases de escritura creativa (Dios no lo permita), propondría escribir un relato a partir de todas estas situaciones. Como arranque, me parece fantástico. Aunque hay que echarle mucha imaginación. Llevo cuarenta años solo y jamás me ha ocurrido nada.

dilluns, 12 d’octubre del 2009

Lo mejor del capitalismo

LO MEJOR DEL CAPITALISMO

Jaruzelski, que fue el último presidente comunista de Polonia, acaba de decir en una entrevista que lo que más le gusta del capitalismo son las tiendas llenas de cosas. Sorprende una declaración tan ingenua, pero tan acertada al mismo tiempo, en un señor tan mayor. Las tiendas llenas de cosas. Cuando el Muro de Berlín, había en el lado occidental una tienda que se hizo famosa porque tenía no recuerdo si 200 ó 300 variedades de quesos, muchas en todo caso, quizá más de las que podemos probar en 20 cenas. Esta riqueza contrastaba con la escasez de los establecimientos del otro lado. El Muro de Berlín cayó, en parte, gracias al empuje de los productos lácteos, aunque ningún historiador ha reconocido todavía este hecho. Los historiadores, al contrario que los novelistas, se fijan poco en los detalles, cuando son los detalles los que cambian la historia. Creo que era Marx el que afirmaba que para conocer un periodo histórico había que leer antes a los narradores que a los cronistas. Dicho queda.

Por cierto que Jaruzlski afirmaba también en la citada entrevista, a propósito de su transformación ideológica (ahora es socialdemócrata), que sólo las vacas no cambian de opinión. No sabemos si al mencionar a las vacas estaba pensando en la variedad de quesos occidentales o se trataba de una mera casualidad. El caso es que se da también la circunstancia, por todos conocida, de que el ser humano es el único mamífero que toma leche (o derivados) tras el destete. Podríamos pensar, pues, que aquel ardid alemán (qué rayos significará ardid) consistente en poner un escaparate de quesos frente a las puertas mismas del Muro podría ser una invitación a no dejar la teta. Como si dijéramos a los sufridos usuarios del paraíso socialista que en el capitalismo nunca abandonamos del todo el pecho materno.

Algo de cierto hay en eso, ya que el capitalismo está lleno de mamones (revisen ustedes las jubilaciones de los banqueros que dan estos días los periódicos). Pero todo esto venía a cuento de la afirmación de Jaruzelski según la cual lo mejor del capitalismo es que las tiendas están llenas de cosas. Es verdad, coño. Lo malo es que no todos los bolsillos están llenos de pasta para comprarlas.

dissabte, 10 d’octubre del 2009

No se enteran de nada

NO SE ENTERAN DE NADA

Me comería con gusto una loncha de jamón de cerdo clonado? Lo dudo. Creo que me sabría a fotocopia. Escribo esto mientras observo una fotografía de Kaká, el primer cerdo español clonado. Lo de español no sabemos si es porque ha nacido en España o porque sus padres han sido los componentes de un equipo de investigadores murcianos, quizá por las dos circunstancias. El caso es que se trata de un cerdo español, precisión necesaria cuando el mundo está lleno de nacionalidades y de cerdos. Observo, digo, la fotografía del cerdo, y no encuentro nada anormal en él. Tampoco encontrábamos nada anormal en la oveja Dolly, que en paz descanse. Y sin embargo, tanto la oveja, cuya nacionalidad no recuerdo, como el cerdo español nos producen cierto rechazo.

Nuestra aprensión, según leo, no está justificada. Kaká es tan cerdo (y tan español) como un puerco español cualquiera. La calidad de su carne dependerá ahora de su alimentación y de su calidad de vida. Si come bellotas y hace ejercicio, producirá un jamón de primera. Si se alimenta a base de piensos y se mueve poco, su carne sabrá a cartón de embalar. Cabría preguntarse qué preferiría uno comer, si manitas de cerdo español clonado o de cerdo (español también) engordado de forma artificial.

No sabemos a qué carta quedarnos, la verdad. Es como si te dan a elegir entre un Rolex falso o un reloj de marca poco conocida verdadero. O entre un bolso de Louis Vuiton auténtico y uno de imitación. El auténtico, si no te lo regala un gángster, como a Rita Barberá, te sale por un ojo de la cara. El de imitación, siendo prácticamente igual, cuesta dos duros. Podría darse, además, la circunstancia de que el de imitación fuera español mientras que el genuino fuera francés.

Difícil elección, ya que afecta de forma simultánea a la cartera y a los sentimientos. Creo que la fotografía de Kaká, el cerdo clonado y español, me turba porque remueve al mismo tiempo mis gustos gastronómicos y mis emociones patrióticas. En lo que tiene de clon me da un poco de asco. Pero en lo que tiene de español (a la par que murciano) consigue despertar mi orgullo. Lo bueno de todo esto es que él no se entera de nada.