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diumenge, 13 de novembre del 2005

Un cuerpo con 22 almas

UN CUERPO CON 22 ALMAS

La historia de la humanidad es la historia del cuerpo. El cuerpo viene produciéndonos de su aparición una extrañeza tal que no nos cansamos de representarlo, de reproducirlo, de reinventarlo para desgastar la emoción que nos provoca. La arquitectura, el arte, la mecánica no han hecho otra cosa que copiar el cuerpo o sus partes (¿qué es, si no, una casa, una grúa, una estatua?). La clonación es el conmovedor empeño de reescribirlo de arriba abajo, de forma literal, a la manera en la que Pierre Menard, el personaje de Borges, pretendía reescribir el Quijote.

La lengua es un intento más de comprender el cuerpo por la vía de calcarlo. Una oración gramatical contiene las mismas dosis de morfología, de sintaxis o de semántica que el organismo de un mamífero. Dios no inventó el bazo ni el páncreas ni el intestino grueso, pero creó la lógica que hizo posible la aparición de las vísceras. Si usted le implanta un trozo de su hígado a un familiar, usted no tiene que darle ninguna instrucción a ese fragmento hepático porque él sabe hasta dónde crecer, y en qué dirección. Si usted pronuncia las tres primeras palabras de una oración condicional, la oración sabe perfectamente en qué tiempo debe ir el verbo. Representamos el genoma con las letras del alfabeto porque no hay reflejo más fiel del cuerpo que la lengua, especialmente la escrita. Sorprende la cantidad de información que cabe en una célula, pero no es menos admirable la que cabe en una conjunción.

Álex Grijelmo, en El genio del idioma, demuestra que ningún hablante al que se le propusiera crear un verbo nuevo a partir de un sustantivo preexistente, se le ocurriría terminarlo en er o ir (como temer o partir), sino en ar (como amar). ¿Por qué? Porque hay en el idioma una información genética, un impulso lógico, una poética, que nos obliga, lo pretendamos o no, a terminarlo en ar (nadie deduciría, de chat, chateer o chateir, sino chatear). Cuando movemos los labios, en fin, no decimos lo que queremos nosotros, sino lo que quiere la gramática, del mismo modo que cuando abrimos la mano aparece el número de dedos que quiere la biología.

El español es un cuerpo con 22 almas. Compartimos lo esencial (el sistema endocrino, la circulación sanguínea, el aparato digestivo...), pero nos asaltan dudas puntales en el uso, la pronunciación, la ortografía o el significado de determinadas palabras o locuciones. Un conjunto de sabios de las 22 academias de la lengua española ha superpuesto todas esas almas, como el que superpone un conjunto de esqueletos dibujados sobre papel cebolla, para analizar las diferencias y las semejanzas que hay entre ellas. Tras un trabajo de cinco años, han dado a luz un diccionario normativo que sirve lo mismo para un español que para un ecuatoriano; para un mexicano (¿se debe escribir, por cierto, mexicano o mejicano?) que para un salvadoreño; para un chileno que para un costarricense... Si usted busca el término overbooking, utilizado para expresar que una compañía aérea o un hotel han vendido más plazas de las que disponían, el Diccionario panhispánico de dudas le aconsejará utilizar sobreventa o sobrecontratación, que dicen lo mismo, pero con nuestro hálito. Si usted busca Méjico, le remitirán a México, donde le explicarán el porqué de la equis frente a la jota. Si usted no sabe si escribir pábilo o pabilo, cuba-libre o cubalibre, hondear u ondear, píxel o pixel, máster o master, reúma o reuma, no tiene más que abrir el diccionario y dejarse llevar.

Los diccionarios de dudas gozan de una tradición importante entre nosotros. Son útiles y divertidos a la vez. Personalmente, los consulto con frecuencia, unas veces por necesidad y otras por vicio. El Panhispánico se dirige por igual a los necesitados y a los viciosos. Es claro, sencillo e implacable, pero impone la norma por vía de la argumentación y del ejemplo. Posee además una unidad de estilo que no es común en las obras colectivas. Y hasta aquí hemos llegado, así que punto final (estuve a punto de escribir punto y final, pero consulté el Panhispánico y me disuadió. La denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte, es incorrecta).

divendres, 11 de novembre del 2005

Por las nubes

POR LAS NUBES

Es un privilegio disponer de tantas palabras, y a tan buen precio, para explicar las cosas. Por un euro, lo que cuesta un periódico, te enteras del avance de la gripe del pollo, del estado de ánimo de Rouco o del precio de una felación. Debajo de la cabecera de los diarios debería poner todo a un euro. Por esa cantidad le damos también un horóscopo, le informamos de la temperatura de la Bolsa y le resumimos los discursos políticos. No hay nada más barato que las palabras. Bastan 166 pesetas, perdonen la tristeza, para llenar la mesa de la cocina de palabras con las que uno descubre que el mal francés venía incubándose desde los años setenta. Dirá usted que cómo no se evitó un incendio preparado con tanta antelación. Pues porque para evitarlo, además de palabras, se habría necesitado un poco de realidad, y la realidad cuesta un ojo de la cara.

Todo a un euro. La policía ha desmantelado una red que producía 100.000 discos piratas a la semana. Lo increíble es que disponían de películas no estrenadas. La mafia acabará vendiendo copias de películas que aún no han sido rodadas, de novelas que aún no han sido escritas, de canciones que aún no han sido compuestas. La mafia va por delante de la realidad porque invierte en ella. Es la única forma de Estado para la que bajar los impuestos (ese modo de gritar sálvese quien pueda) no es de izquierdas ni de derechas, porque, como están demostrando los franceses, es de tontos.

Todo a un euro, incluido el sudoku. Permítanme además que yo personalmente les regale hoy un trabalenguas. Ahí va: "Los adjudicatarios encargaron la obra a una empresa que subcontrató a otra compañía". Preguntas: ¿Cuántas compañías intervinieron? ¿El gerente de cuál de las empresas subcontratadas acudirá al entierro de los muertos? ¿A cuántos fallecidos tocan por empresa? ¿Cuánta gente sacarán los obispos a la calle para protestar contra el empleo precario?". Por falta de palabras, en fin, que no sea, están tiradas de precio. Ojalá que las que sirven para explicar lo que ocurrió ayer en Francia sirvieran para evitar lo que ocurrirá mañana en España. Pero para eso hay que invertir en realidad, y la realidad está por las nubes. No querrán ustedes que les subamos los impuestos.

divendres, 4 de novembre del 2005

Lástima

LÁSTIMA

Tropezamos tantas veces en la misma piedra porque no escuchamos la voz de la experiencia. Hagámoslo por una vez y concluiremos que el PP adorará en tres o cuatro años el Estatuto tanto como ahora lo detesta. ¿No estuvieron en su día en contra de la Constitución, a la que más tarde convirtieron en un texto sagrado? También se opusieron a la Ley del Divorcio, que Cascos, entre otros cabecillas de ese partido, ha utilizado luego de forma compulsiva. Eso, por no hablar de las firmas que recogieron contra la Ley del Aborto, a la que no tocaron una coma cuando llegaron al poder. Podríamos llenar siete páginas con ejemplos como los señalados, aunque el más conmovedor es que reclamen la vuelta de González y Guerra, a quienes en su día dibujaban con rabo y cuernos. No lo duden, amigos, antes de diez años pedirán la beatificación de Zapatero.

Sabiendo que llegan tarde a todo, parecería inútil discutir. Pero hay que hacerlo, porque se detecta en muchos de sus dirigentes el deseo de tropezar en la misma piedra dos veces, que es lo normal, y no 14 o 15 como vienen haciendo. Es verdad que presentaron ante el Constitucional un recurso contra los matrimonios entre homosexuales, pero lo hicieron de forma clandestina, a la hora de la siesta, para que no trascendiera. Y hasta Esperanza Aguirre cree que fue un error. Esperen a que vuelvan al poder y verán cómo no alteran ni una línea de esa Ley, de la que por entonces muchos de sus militantes habrán abusado tanto como Álvarez Cascos de la del divorcio. No podemos decir quién se casará con quién, porque ni los interesados lo saben. Tal es la ceguera que tienen sobre sí mismos.

Lo malo es que entretanto el pobre Rajoy no puede hablar de vinos sin declarar que brinda con cava en la intimidad; ni de Barcelona sin añadir que no es anticatalanista; ni de sexo sin especificar que no es homófobo; ni de cine sin matizar que no odia a los actores; ni de árabes sin apostillar que no es racista; ni de religión sin jurar que respeta a los agnósticos. A este paso no podrá hablar de ciclismo sin jurar que no aborrece la Vuelta. Y todo por negarse a repasar no ya la historia de España, que, de acuerdo, es muy larga, sino la de PP, que se resume en un par de folios. Lástima.

divendres, 28 d’octubre del 2005

Calorías

CALORÍAS

Cuando usted, al despertar, tiende la mano hacia el sexo de su cónyuge, provocando un acoplamiento eventual, de martes o jueves, se inflama dentro de sí el carburante que en forma de ensalada o huevo frito ingirió durante la cena. Y cuando una hora después atraviesa corriendo la calle, para no perder el autobús, todo el oxígeno de sus células arde, como el gas de una caldera, al servicio de ese esfuerzo muscular. Pero también cuando permanece sentado, silencioso, en la butaca del salón, levantando una fantasía venérea, una ilusión económica o un teorema, está usted consumiendo una energía de la que previamente se ha cargado a través de la boca. Hasta las imágenes de cinematógrafo que se proyectan en las paredes de su cráneo, mientras duerme, precisan de una llama piloto que siempre está encendida, por si acaso, y que se alimenta de ese yogur o ese bombón que tomó antes de acostarse.

De acuerdo con la información difundida por Médicos sin Fronteras, hay en el mundo 800 millones de personas desnutridas, es decir, sin reservas energéticas para follar, para cruzar la calle, para subir las escaleras, para levantar a sus hijos en brazos, para idear un teorema, para soñar. El grado de agotamiento, en algunos casos, es tal que cuando encuentran algo que meterse en la boca, y al carecer el estómago de recursos para metabolizarlo, el alimento permanece como un bulto insoluble en esos territorios abisales del organismo. Cuando caminan, cuando se levantan, cuando se apartan las moscas de los labios, en vez de quemar grasas, que no tienen, las personas desnutridas queman sus propios músculos. Se queman a sí mismos, que es tanto como quemar la olla para calentar el potaje.

Médicos sin Fronteras califica esta situación de "emergencia silenciosa" porque estos 800 millones de personas no se encuentran en la azotea de un edificio inundado, levantando los brazos hacia los helicópteros, ni permanecen bajo los escombros de un edifico derrumbado. Son 800 millones de fantasmas mudos, casi invisibles, cuya salvación no precisa de actos heroicos. Se concentran, principalmente, en el Sahel, la región de África compuesta por Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán, Etiopía...

divendres, 21 d’octubre del 2005

Haro

HARO

Ni capilla ardiente, ni funeral, ni catafalco, ni velatorio, nada. Pura disolución. Sus humores, sus músculos, sus entrañas, sus órganos, servirán para que los estudiantes jueguen a los médicos o presuman de haber cortado su cerebro en láminas. Me pregunto si consideró la posibilidad de que lo incineraran. La cremación fue al principio una afirmación de ateísmo. De hecho, la Iglesia tardó años en aceptarla, quizá por miedo a que el día de la resurrección de los muertos fuera más difícil reunir las cenizas de un individuo que los pedazos de un jarrón roto. Acabó admitiéndola por economía, quizá por higiene. Un nicho, no digamos un panteón, cuesta más que una solución habitacional de 30 metros, y es un criadero de bichos.

Pero la incineración ha devenido ya en una suerte de rito religioso, a la manera ecologista si ustedes quieren, pero religioso al fin. A los deudos les queda la enojosa tarea de viajar hasta el mar y aventar los restos, o de distribuirlos laboriosamente por los lugares donde el difunto se hizo un hombre. Cuando el viento no colabora, las cenizas se vuelven contra el que las arroja (como la saliva contra el que escupe contra el cielo) buscando los ojos, la boca, los oídos. No tienen gérmenes, de acuerdo, están desinfectadas, limpias, pero al probarlas resulta que poseen el sabor del futuro, cuando uno creía que pertenecían al pasado... La cuestión es que lo que comenzó siendo un acto de laicismo había adquirido, con la evolución de estas liturgias, un aroma espiritual indeseable.

Nada de eso. Haro Tecglen, como empezamos a llamarle antes de que se convirtiera en Eduardo Haro, o Haro a secas, ha donado sus dos metros de estatura a la ciencia. Es un modo de no incordiar en alguien que, curiosamente, no hizo otra cosa en vida. Sin duda, juzgó que hay formas de molestar que no tienen sentido. La capilla ardiente es muy aparatosa, pero carece de significado, y el whisky de la cafetería del tanatorio sabe a madera de pino. Posiblemente, no pensó que su cuerpo fuera importante para la ciencia, pero como coartada para desaparecer sin ser visto / oído podía funcionar. No hay nada después de la muerte, quizá antes tampoco. Tomamos nota de su mutis por el foro y evitamos las frases de rutina.

divendres, 14 d’octubre del 2005

Clandestinos

CLANDESTINOS

Un amigo íntimo me pidió que acudiera el sábado por la noche a su casa para mostrarme algo. Al llegar, abrió la puerta con aire de misterio y me hizo pasar sigilosamente a su cuarto de trabajo. Mientras yo curioseaba entre sus libros, él iba de acá para allá, ofreciéndome té, café, whisky, como si le diera miedo entrar en materia. Tras dejar transcurrir un tiempo prudencial, le pregunté si tenía algún problema. Respondió que no estaba seguro y a continuación, colocando el dedo índice sobre los labios, me arrastró al pasillo, desde donde nos dirigimos con movimientos furtivos al salón, cuya puerta estaba entreabierta. Al asomarme, vi a su hijo, de 18 años, instalado en el sofá, leyendo tranquilamente Madame Bovary.

De vuelta a su estudio, me miró con expresión interrogativa. "¿No te parece alarmante?", preguntó. "¿Preferirías que leyera Ana Karenina?", pregunté a mi vez. "Por Dios", gritó, "es sábado por la noche y tiene 18 años; debería estar tomando cervezas con los amigos". No le dije nada, pero lo cierto es que la imagen del joven, devorando aquella obra clásica, me había perturbado. Quizá no fuera un psicópata, pero tampoco se podía negar que le ocurría algo. Se empieza con rarezas de este tipo, que al principio hacen gracia, y se acaba leyendo a Samuel Beckett. "La lectura es buena", le tranquilicé, "en eso está de acuerdo hasta el Ministerio de Cultura". "La lectura", respondió mi amigo, "es buena cuando tus amigos leen, como pasaba en nuestra época. Ahora es un síntoma jodido. Si al menos le diera por El Código Da Vinci, que no hace daño a nadie...".

Me pidió que hablara con su hijo. "Después de todo", añadió, "lo conoces desde que era un niño y te escuchará mejor que a mí". A los pocos días, me hice el encontradizo con el chaval y entramos en un bar. Hablamos de literatura y me pidió algún consejo para abordar la lectura de los clásicos latinos, que se le resistían. Le recomendé una edición bilingüe de la Eneida y me ofrecí para que la comentáramos juntos. Pagó él y, al despedirnos, me guiñó un ojo, diciéndome: "De todo esto, ni una palabra a mi padre, que está muy preocupado conmigo". Así que llevamos dos semanas leyendo clandestinamente a Virgilio. ¿Adónde vamos a llegar?

divendres, 7 d’octubre del 2005

Lectura

LECTURA

Lectura El País 07.10.2005

Una chica iba leyendo en el autobús Si esto es un hombre, el primer tomo de las memorias de Primo Levi, donde narra su estancia en un campo de concentración nazi. Eran las ocho de la mañana, de manera que la mayoría de la gente se dirigía al trabajo. La chica, también. Iba un poco maquillada y con el pelo recién lavado. Exhalaba el mismo perfume que le olí hace dos o tres meses a una pasajera de Iberia que viajaba en primera. Me fijé en sus uñas, que iban pintadas de un color levemente morado, como sus ojos. La del dedo gordo llevaba dibujada, además, una pequeña flor. Parecía un esmalte en cobre, un trabajo de orfebrería. Sus zapatos hacían juego con su bolso. Todo en ella estaba meticulosamente estudiado para que conjuntase. Todo, menos el libro de Primo Levi, una edición de bolsillo algo gastada.

Recordé algunas de las atrocidades que se relataban en aquel volumen. Evoqué la imagen de su autor, desnudo, famélico, enfermo, sobre la nieve del campo de concentración. Intenté imaginar cómo penetraba toda aquella información en la cabeza de la chica. El libro describe con una objetividad implacable, y muy eficaz, la vida cotidiana en los barracones, los estragos del hambre, de las enfermedades, la lucha por la supervivencia. La chica se encontraba en dos lugares a la vez: por un lado, en el autobús, junto a todos nosotros, personas de un país en paz que habíamos dormido en una cama confortable y habíamos desayunado bien, quizá demasiado bien; pero por otro, estaba en Auschwitz, hacia 1943, compartiendo con Primo Levi, que se suicidaría en 1987, una experiencia aterradora. Qué versátiles somos.

Recordé entonces la situación en la que yo mismo había leído el libro. Fue en verano. Por las mañanas, escribía y bajaba a la playa; por las tardes, leía y caminaba; por la noche, salía a cenar. Me pregunté cómo era posible alternar aquellos placeres con la lectura de Si esto es un hombre y no encontré respuesta. ¿No es sorprendente la facilidad del ser humano para vivir en dos lugares incompatibles a la vez? En la siguiente parada, la chica cerró el libro, se levantó del asiento (era muy alta) y abandonó tranquilamente el autobús.