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dilluns, 31 d’octubre del 2011

Siempre hay un agujero

SIEMPRE HAY UN AGUJERO

Piensa uno en un volcán submarino como el de El Hierro, cuyo cráter tiene, por lo visto, 120 metros, y le vienen a uno a la cabeza todos los monstruos con los que ha soñado de niño y de mayor, con los que todavía sueña. Se dice pronto, una boca irregular gigante, sin labios, que respira desde las profundidades del océano, arrojando con su aliento gases y fluidos de diversa naturaleza y de colores llamativos, entre los que predomina el verde, como en el vómito de una comida de Navidad. Si una boca de esas características da miedo en un cuento de tapa dura, imaginarla en el fondo del mar produce pánico. Aun sabiendo que se trata de un fenómeno natural, de carácter geológico, piensa uno en ella como si se tratara de una boca humana, o inhumana, pero de carne, en fin, pura biología al servicio del terror. Para añadir más desasosiego al asunto, resulta que esta boca se encuentra en una zona llamada Mar de las Calmas. Todo cuadra. El infierno se manifiesta con frecuencia en el pasillo de la propia vivienda. Cuando en una película policiaca no pasa nada, o es muy mala o está a punto de ocurrir algo atroz. Ignoro si el nombre Mar de las Calmas es irónico, pero merecería serlo, dada la situación.

Las profundidades marinas se han utilizado con frecuencia como metáfora del mundo subconsciente. No nos extraña. También en ese Mar de las Calmas de la geografía psíquica aparecen a veces cráteres de una actividad inusitada que acaban conduciéndole a uno al diván del psicoanalista o a la consulta del psiquiatra. Por las rendijas del subconsciente llegan a las superficie consciente gases, materiales y fluidos que alteran la existencia cotidiana de cada uno como el cráter de El Hierro ha alterado la vida colectiva de los habitantes de La Restinga que era, hasta el momento, un lugar paradisíaco para los aficionados al buceo. ¿Qué habrá ahí abajo?, se preguntaban estos exploradores submarinos ante la belleza de lo que atisbaban. Pues ahí tienen lo que había. Es lo mismo que se pregunta el espectador ante el rostro impasible de algunos personajes de Hitchcock tipo Marnie la ladrona. ¿Qué habrá ahí debajo? Pues un cráter, siempre hay un cráter, un agujero, el agujero que nos constituye.

diumenge, 30 d’octubre del 2011

El espacio de la imagen

EL ESPACIO DE LA IMAGEN

Dos hombres, en la mesa de al lado, hablaban de la diferencia de peso entre el texto y la imagen en el disco duro del ordenador. Se ve que uno era fotógrafo y el otro escritor. El fotógrafo se quejaba de las continuas ampliaciones de memoria que debía ejecutar en la memoria de su PC, a lo que el escritor, perplejo y feliz, respondía que él llevaba cinco años con el mismo portátil y no había llenado ni el 25%.

-Es que el texto apenas ocupa sitio —sentenció el otro— el texto es humo.

De modo que el texto es humo, me dije mientras daba el primer sorbo a mi gin tonic de media tarde. El texto es humo. El texto apenas necesita memoria, quizá la memoria sea hasta un estorbo para el texto. Precisamente, estaba leyendo las declaraciones de Mariano Rajoy sobre el reciente comunicado de ETA y me pareció que había dado un giro de 180 grados respecto a su discurso anterior sobre el mismo asunto. Ahora se refería a la cuestión como un hombre de Estado, signifique lo que signifique ser un hombre de Estado. Es más, reprendía con dureza a quienes en su partido se habían quedado atascados en los argumentos de la semana pasada. Pero los periódicos apenas daban cuenta de este cambio espectacular de posición porque el texto, en efecto, ya sea hablado o escrito, apenas ocupa espacio en la memoria. El texto es humo.

Pero cuidado con la imagen. Figúrense que después de haber visto a Gadafi destrozado por las hordas, apareciera una foto del dictador libio tomando café al día siguiente de su muerte. ¡Pero si lo hemos visto muerto ayer mismo!, diríamos, y no pararíamos hasta dar con una explicación razonable. La imagen ocupa mucho espacio en la memoria. Todos tenemos en la cabeza, por ejemplo, el cadáver de Che Guevara, pero ni idea de lo que se dijo entonces acerca de su muerte. Por eso los americanos no publicaron foto alguna sobre el ajusticiamiento, o lo que fuera aquello, de Osama Ben Laden, porque la imagen pesa mucho en la memoria. Quiere decirse que el fotógrafo y el escritor de la mesa de al lado, creyendo hablar de informática, estaban departiendo sin embargo de política.

divendres, 28 d’octubre del 2011

Brazos cortos

BRAZOS CORTOS

Lunes. Huelo la depresión como un buitre la carroña. He ahí un hombre deprimido. Se encuentra en la estación de Atocha, en Madrid, a unos pasos de mí, que finjo leer el periódico mientras le observo. Tiene en los párpados la pesadez que proporciona un cóctel de ansiolíticos. Se ha levantado a las siete de la mañana (ahora son las diez), se ha sentado en el borde de la cama y ha observado el día que tenía por delante como si fuera un túnel negro, negro, negro, cuya luz, paradójicamente, aparecería al cerrar de nuevo los ojos, por la noche. Lleva un traje gris que se le ha quedado estrecho (está un poco hinchado por la medicación) y sostiene en la mano izquierda (es zurdo) una cartera absurdamente amarilla. El hombre va de un lado a otro, sin separarse más de tres o cuatro metros del panel de información, al que consulta con ansiedad en cada una de las vueltas, como si no se fiara de él. También mira el reloj cada poco, como si recelara de su modo de dar la hora. Desconfía del reloj, del panel de información y de su propia capacidad para sincronizar los movimientos de su cuerpo y de su mente con los de una realidad que se ha tornado líquida, aunque espesa, como el mercurio, una realidad mercurial. Todo a su alrededor se mueve con la pereza de un metal blando, a punto de fundirse en frío. En esto anuncian la salida de mi tren y abandono el seguimiento.

Martes. Regreso de Barcelona, donde he participado en una mesa redonda titulada Literatura e infierno. El tipo al que se le ocurrió el título nos llevó a cenar después del acto y nos dio su propia conferencia sobre el asunto de la mesa redonda. Se notaba a la legua que estaba deprimido, como el de la estación de Atocha, pero en este caso se trataba de una depresión eufórica, valga la contradicción. Sus invitados le escuchábamos sin intervenir porque daba un poco de miedo su grado de desesperación. En los postres se vino abajo y nos pidió consejo acerca de su madre, a la que no sabía si ingresar o no ingresar en una residencia. Comprendí que el mundo está mal, muy mal, y me juré (en vano) que el mundo no lograría contagiarme su malestar. En el tren ponen una película sin gracia con la que mi compañero de asiento se muere sin embargo de la risa. Me pregunto qué rayos habrá fumado.

Miércoles. Si todas las mangas de todas las chaquetas te están largas, lo más probable es que tengas los brazos cortos. Las mangas se pueden arreglar; los brazos, no. Sin embargo, creo que nos empeñamos en arreglar los brazos, lo que ocasiona un sufrimiento innumerable. A propósito de sufrimiento, en California acaban de prohibir el foie porque un hígado graso es una crueldad. Hay crueldades que con un poco de mermelada de grosella están para comérselas. La idea del foie me abre el apetito y decido comer fuera, en un restaurante cercano donde lo sirven con mucho gusto, se me hace la boca agua. Al ponerme la chaqueta para salir, veo que las mangas me quedan largas. Lo advertí al comprármela, pero me dio pereza solicitar que la arreglaran, lo que significaba volver a recogerla. Quiere decirse que arreglar las mangas tampoco está al alcance de cualquiera.

Jueves. Me deja un mensaje mi psicoanalista. Está enferma y no podrá atenderme hoy. Tengo un amigo cuya psicoanalista falleció en mitad del tratamiento. No es lo mismo, pero también molesta, claro. Le resta omnipotencia y yo, hoy por hoy, necesito una psicoanalista omnipotente, como mi madre. Sé que lo analizaremos en la próxima sesión, si no se muere (cruzo los dedos), y que ella me dirá por qué necesito recordar a mi madre como una mujer que lo pudiera todo. Yo le diré que mi madre lo podía todo y ella me preguntará si estoy seguro de lo que digo y entonces yo diré, al borde de las lágrimas, que no, que en realidad mi madre era muy frágil, pero que reconocerlo me fragiliza a mí. Para sustituir la sesión, me voy al baño turco, donde permanezco más tiempo del aconsejado. El baño turco, conmigo desnudo dentro, me recuerda el útero materno. Procuro ir una o dos veces por semana y salgo nuevo, aunque con la tensión baja, lo que me ayuda a relativizar las cosas.

Peronismos

PERONISMOS

En Argentina siempre ganan las elecciones los mismos que las pierden, los peronistas. Esto no sabemos si es bueno o malo para la sección de política, pero funciona muy bien en la de pasatiempos. La capacidad del peronismo para no significar nada al tiempo de significarlo todo es un jeroglífico de altura, una adivinanza imposible. Si inventáramos un objeto de regalo capaz de reunir la aceptación comercial del peronismo y su falta de sustancia, nos haríamos millonarios, pues podría venderse lo mismo en farmacias que en carnicerías y podrían prescribirlo por igual los médicos y los paramédicos, los psicólogos y los parapsicólogos. El peronismo serviría para el niño y la niña, para el joven y el anciano, para el militar y el estudiante, y se podría administrar indistintamente por vía oral, parenteral o intravenosa, aunque dispondríamos también de una presentación en forma de supositorio, para el culo.

Dicho así, parece que estamos hablando de un medicamento, lo que guarda más relación con nuestras limitaciones expresivas que con las cualidades del objeto, porque si el peronismo fuera una novela, por ejemplo, sería simultáneamente una novela de aventuras, de amor y de viajes, además de una metanovela culta y popular a la vez; lo sería todo, en fin, sería incluso una obra maestra sin dejar por eso de ser una basura y viceversa: la obra total con la que sueña todo creador desde el principio de los tiempos. Y si el peronismo fuera un bolígrafo resultaría tan útil para escribir como para desescribir. Hay que poner en marcha una Lotería Nacional Peronista que toque cuando no toque y que no toque cuando toque, pero sobre todo que toque y no toque al mismo agraciado, que será también, por eso mismo, un perdedor victorioso o un vencedor perdido. Ni idea de en qué categoría incluir a Cristina Fernández, quizá en las dos.

diumenge, 23 d’octubre del 2011

Camisas de fuerza

CAMISAS DE FUERZA

En el último debate electoral entre Rajoy y Zapatero, se pactaron, entre otras cosas importantes, que las sillas ocupadas por los contendientes carecieran de brazos y de ruedas. Lo de los brazos, para evitar posturas relajadas; lo de las ruedas, para permanecer estáticos. Se habló también, claro, de la iluminación, de la temperatura del plató y quizá de la humedad relativa del aire. Desde aquel mítico enfrentamiento entre Nixon y Kennedy, que marcó el comienzo de la de Edad Moderna de la tele, todo el mundo confía más en la corbata que en las ideas. Si tienes un buen discurso, pero llevas el cuello de la camisa levantado, malo. Esta obsesión por las cuestiones formales ha conducido a los propios espectadores a fijarse más en la calidad del afeitado que en la de la sintaxis. No importa quién sea el mejor desde el punto de vista intelectual, lo interesante es si Rubalcaba logrará permanecer erguido (tiene tendencia a arquear la columna) o si Rajoy logrará mantener la mirada fija en un punto (se le va con frecuencia hacia el vacío). Ahora mismo, los expertos de uno y otro partido se encuentran inmersos en durísimas negociaciones acerca de la altura del atril (si debaten de pie) o la forma del respaldo de las sillas (si lo hacen sentados). Lo que buscan tanto los del PP como los del PSOE es la neutralidad máxima. Si no tienen más remedio que debatir, que la discusión sea lo más parecido a un no debate. En cierto modo, se trata de la cuadratura del círculo. Buscan un diálogo que no sea un diálogo, un programa de tele que no sea un programa de tele, un encuentro que no sea un encuentro. Esta tendencia, llevada al paroxismo (qué rayos significará paroxismo) nos conducirá en pocos años a que los candidatos exijan debatir en camisa de fuerza a fin de que ningún movimiento extraño les haga perder ventaja frente al otro. Más aún, solicitarán también salir con una careta de sí mismos superpuesta sobre su rostro, para evitar posibles tics nerviosos. Tampoco sería raro que decidieran no hablar. Al fin y al cabo, para no decir nada, mejor verlos callados durante media hora, el uno frente al otro, mientras los contribuyentes juzgamos la calidad de sus caretas y de sus camisas de fuerza, es decir, la calidad de su locura y de la nuestra.

dissabte, 22 d’octubre del 2011

Lo bueno es ser perro

LO BUENO ES SER PERRO

Uno ha querido ser tantas cosas que no será... Hemos deseado se Shakespeare, por ejemplo, pero nos hemos vengado de no serlo leyéndolo. A uno le habría gustado escribir, pongamos, La Divina Comedia, pero hemos compensado la frustración de no hacerlo pasando varios domingos por la tarde entre sus páginas. No hay fracaso ni pérdida para el que no exista un alivio específico. Pero uno también ha querido ser su propio perro. Estos días, por ejemplo, cada vez que en el telediario aparecen los implicados en la muerte y desaparición de Marta del Castillo, uno desea ser su propio perro. Al mío le sienta el telediario como un ansiolítico. Es comenzar la enumeración de malas noticias y dormirse. Entonces uno va de la pantalla al perro, del perro a la pantalla y anhela la suerte del animal. Escuchas las declaraciones de Carcaño y Cia y es que no te apetece ya ni ser Truman Capote, aunque pudieras contarlo en otro A sangre fría que tuviera tanto éxito como el anterior. No, sólo quieres ser tu perro, que además es un chucho.

A ver dónde hay que firmar para convertirme en mi perro, al que saco a pasear por la mañana, al mediodía y por la noche, a veces en contra de su voluntad, incluso en contra de la mía. Pero nos viene bien a los dos. A él le ha recomendado pasear y hacer ejercicio el médico y a mí el veterinario, o al revés, ahora no caigo, el caso que mientras recorremos el parque tonificamos los músculos y la cabeza. No diré que respiramos aire puro, pues la contaminación, en mi ciudad (Madrid), ha alcanzado niveles mortales. Respiramos veneno en forma de partículas, pero también mi chucho es en esto afortunado pues a la altura de su cabeza la contaminación es menor que a la altura de la mía.

La tele y la atmósfera están envenenados y los consumidores de aquella y ésta, también. En cambio, observas a los perros jugar en el parque, bajo la mirada envidiosa de sus amos, y te das cuenta de que no hemos aprendido a desear. Ni bombero ni piloto ni astronauta ni actor ni cocinero vasco ni diseñador de moda... Lo bueno ahora mismo es ser un perro, a ser posible tu propio perro, para no pedirle favores a nadie.

divendres, 21 d’octubre del 2011

Fin de época

FIN DE ÉPOCA

Rajoy y Rubalcaba son candidatos analógicos de pura cepa, lo que equivale a que en una sociedad de centauros solo se presentaran a las elecciones los caballos. La presencia del mundo digital en lo que va de campaña está resultando ortopédica, pues tanto el PP como el PSOE han tenido que dotar a sus aspirantes de prótesis virtuales que parecen, paradójicamente, fajas para las hernias inguinales. Internet es como un océano al que puedes ir a pescar o a bucear. Para lo primero basta con tener una caña, un buen cebo y un poco de quietismo oriental. Para lo segundo, si no eres nativo, necesitas un traje de neopreno o de ibuprofeno (ahora no caigo), y botellas de oxígeno, pues el aparato pulmonar solo funciona bien en la realidad analógica. Rajoy y Rubalcaba son políticos pulmonares. No vamos a decir que les faltan agallas, debido al doble sentido de la expresión, pero lo cierto es que si los dejas caer en la Red se ahogan en dos minutos, pues sus cuerpos y sus mentes están diseñados para otro ecosistema.

Nos encontramos, en fin, ante las que quizá sean las últimas elecciones generales analógicas, ya que quienes les sucedan, y dado que la generación que les sigue ha dimitido, tendrán ya medio cuerpo analógico y medio virtual: apurando el símil del centauro, medio cuerpo de hombre y medio de caballo. Cuál de las dos realidades corresponderá a la cabeza y cuál al tronco constituye un misterio, por lo que no sabemos si cocearán más de lo que pensarán o viceversa. En todo caso, los centauros y su versión femenina, las centáurides, constituyen una mezcla prodigiosa de instinto y cultura, de fuerza y precisión, de oscuridad y luz, de sexo brutal y filigrana erótica: todo lo que quisiéramos para nosotros en este fin de época marcado por una contienda electoral en la que, más que programas, nos venden medias para las varices.