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dissabte, 12 de febrer del 2011

Imaginaciones

IMAGINACIONES

El alcalde de Madrid se vanagloriaba en una reciente entrevista radiofónica del aire puro que se respiraba en Madrid. Ignoramos si el entrevistador o él llevaban puesta en ese momento una mascarilla, pero muchos de los que escuchábamos sí. Por prescripción facultativa. Me lo dijo el médico:

- No esperes curarte esa bronquitis en este Madrid tan contaminado.

- No puedo irme, no ahora.

- Pues ponte una mascarilla. Aunque no sirve para nada, quizá te funcione el efecto placebo.

Así estaba yo tosiendo, a la espera del efecto placebo, mientras me tragaba las partículas aéreas de basura a las que el alcalde llamaba aire purísimo. Claro que Gallaardón también dice que una deuda de 7.000 millones no es una deuda. Y que Rajoy es un líder nato. Y que Ana Botella es una rebelde. Por cierto que también Ana Botella salió en la radio, al día siguiente de su jefe, para afirmar que lo que asfixiaba a los madrileños no eran las dioxinas, sino el paro, como si no fuera posible que te ahogaran dos cosas a la vez. En los manuales de suicidio se aconseja a los aficionados al tiro en la sien que se lo den con la soga atada al cuello, para ahorcarse al caer, por si fallara la bala. En Madrid, cuando falla el dióxido de carbono, te corta la respiración el paro.

Hay gente con una doble personalidad alternativa. Es el caso del doctor Jeckyll, que por las noches es Hyde. Algunos políticos pueden ser las dos cosas a la vez, en el mismo instante, o sea, de forma simultánea. No es fácil. Viene a ser como freír y no freír al mismo tiempo un huevo. O como toser y no toser a la vez. En Madrid disfrutamos sincrónicamente de un aire pestífero y puro, de una atmósfera legal e ilegal. De modo que tienes que quejarte y alegrarte de ella a la vez. Es la consecuencia de tener un alcalde que es y no es alcalde, que es y no es político, que aspira y no aspira a presidir el gobierno de la nación. Los ciudadanos, menos polivalentes que Gallardón y Ana Botella, sólo somos capaces de hacer una cosa. De momento, nos envenenamos con esta atmósfera letal inexistente y pagamos con unos impuestos del copón una deuda imaginaria.

divendres, 11 de febrer del 2011

Fingimientos

FINGIMIENTOS


De las declaraciones de los dirigentes del PSOE se deduce que ser de izquierdas pasa ahora mismo por adoptar decisiones políticas de derechas. Es lo que les ocurre a los bajos, que para llegar al estante del arroz han de comportarse como si fueran altos. Y a los antimilitaristas, que sostienen con sus impuestos al ejército. Y a los laicos, obligados a subvencionar a las religiones. Y a las embarazadas, que en las entrevistas de trabajo deben jurar que son estériles. Por la megafonía acaban de informar de que en este aeropuerto solo se utiliza la megafonía para informar de que no se informa, así que empiezo a buscarme la vida. Soy lo que se dice un alfeñique, pero he de actuar como un atleta ya que las distancias en la T-4 de Barajas son infinitas y a veces, en el último minuto, te cambian el número de puerta. Ya en el avión, he de fingir que mis articulaciones son las de un chaval, de otro modo me rompería al embutirme en la ranura que la compañía aérea llama asiento. Y aunque llevo cuatro periódicos, he de actuar como si no llevara ninguno, pues parece improbable abrirlos dentro de esta grieta. No tengo sueño, pero hago como que sí y cierro los ojos. Me acuerdo entonces de un profesor que negaba científicamente la existencia del frío para reírse con crueldad de nuestros sabañones (ahora habría negado científicamente la existencia de soluciones económicas de izquierdas para salir del lío en el que nos ha metido la derecha ecuménica). Los alumnos más listos se quitaban entonces los guantes rotos y el abrigo astroso y aparentaban limpiarse el sudor. Los más tontos, a ver, hacíamos lo mismo.

La vida ha sido una negociación continua (y fracasada) con la derecha, la estatura, las distancias, los músculos, las Fuerzas Armadas, las religiones, la pobreza, la clase turística, el frío, la jubilación... La vida es una mierda.

dijous, 10 de febrer del 2011

Ardor de estómago

ARDOR DE ESTÓMAGO

Leo que el intestino humano es un aunténtico planeta para las bacterias. Unos diez millones de ellas, pertenecientes a más de mil especies diferentes, haraganean por nuestras entrañas. Y menos mal, porque si nos las quitaran enfermaríamos. Esos seres vivos que nos habitan cumplen funciones esenciales relacionadas con la digestión de los alimentos (y quizá de los afectos). Diez millones de habitantes, se dice pronto. Las bacterias ignoran que su hábitat natural es un intestino del mismo modo que nosotros carecemos de una idea exacta de nuestra posición en el universo. En cualquier caso, la noche y el día, el invierno y el verano, la lluvia y la sequía, podrían constituir las diferentes fases de la digestión de un ser gigantesco en cuyo interior nos ha tocado pasar la existencia. El cosmos es como un conjunto de cajas chinas. Todo lo existente pertenece al aparato digestivo de un ser más grande.

Hay animales sin ojos, animales sin piernas, animales sin pulmones, sin dientes, sin oídos, etdc., pero no hay ningún individuo sin estómago. La naturaleza tiene una fijación rara con este órgano. Muchos seres vivos estamos atravesados, en nuestro centro, por un tubo dedicado exclusivamente a las funciones digestivas. Sería más consolador, quizá, que el eje en torno al cual se dispone el resto del cuerpo fuera un cerebro, pero no, es un aparato preparado para recibir el alimento y obtener lo que nos interesa de él, arrojando las sobras por la parte de atrás. La vida podría ser un asunto exclusivamente metabólico, un programa de absorción, de desintegración. Desde el nacimiento hasta la muerte, nuestro cuerpo y nuestro espíritu van sufriendo unos cambios muy semejantes a los que observamos en el bolo alimenticio. Unos jugos externos, no siempre visibles, nos transforman, nos arrugan, nos ablandan, nos envejecen, por decirlo rápido, hasta que estamos listos para ser expulsados. La naturaleza, tal como intuíamos en las primeras líneas, está poseída por un pensamiento gástrico. Conocemos más o menos bien al servicio de qué están las bacterias que nos habitan, pero no tenemos ni idea de a quién facilitamos nosotros la digestión. Lo único cierto es que, sea quien sea, tiene ardor de estómago. Y gases.

dilluns, 7 de febrer del 2011

Pésame

PÉSAME

Ahora que la vida dura mucho, las cosas duran poco. Mi cadena de música ha devenido en una antigualla, lo mismo que mi móvil o mi ordenador. Tampoco duran los sistemas filosóficos ni las novelas ni los poemas. En cuanto a las ideas, las ideas, digo, de andar por casa, de salir a pasear, las ideas con las que uno toma el autobús o sale del metro, las ideas para el desayuno familiar o la cena de empresa, todas esas ideas duran ya menos que un paquete de kleenex en enero. Si usted tiene una idea acerca del funcionamiento de Internet, tírela a la basura antes de formularla en una reunión, porque se trata, no lo dude, de una idea muerta. Las ideas nacen muertas, igual que los congresos de los partidos. Vimos el del PP y parecía que lo acababan de extraer del congelador. Ni siquiera se habían molestado en sacarlo la noche antes, para que cogiera la temperatura del ambiente poco a poco. Dentro de nada, los alimentos vendrán caducados de fábrica.

Todo ha caducado. Hay días en los que se levanta uno con la impresión de que la realidad entera ha caducado hace mil años. Han caducado las formas de hacer política y de hacer el bacalao al pil pil. Han caducado la gramática, la escuela, la vejez, la adolescencia… Quizá hemos caducado nosotros. El peligro de aumentar tanto la esperanza de vida es que la vida caduque antes de que llegue la muerte. He ahí una contradicción dolorosa: la de caducar y continuar vivo. Todo llega muerto al ojo. Todos llegamos muertos al ojo del otro. Lo que veo y lo que leo ya no existe en la realidad. Brilla aún, como brilla un yogur caducado, pero no hay nada detrás de ese fuego fatuo.

¿Cuánto duran las fotografías obtenidas con el teléfono móvil? ¿Adónde van a parar la mayoría de ellas? ¿Cuánto duran el «te quiero» de un sms, cuánto los 140 caracteres apasionados de un twitter, cuánto una promesa electoral? Vivimos en el vértigo, pero también el vértigo caduca, desaparece, muere. De hecho, vivimos sin vértigo; de hecho, es dudoso que se pueda llamar vida a este tinglado. Están caducando los periódicos, que aseguraban a los acontecimientos una existencia de 24 horas. También el día de 24 horas, 23 en Canarias, se ha extinguido. Le acompaño en el sentimiento.

diumenge, 6 de febrer del 2011

Historiales clínicos

HISTORIALES CLÍNICOS

Oliver Sacks relata en sus libros casos notables de percepción: personas que sólo ven en el espejo su lado izquierdo, gente que al despertarse no reconoce como propia una de sus piernas, individuos que tienen en sus rostros puntos ciegos, es decir, zonas que no logran ver y que por lo tanto no se afeitan, etc. El cerebro es un misterio. Hay sujetos que un día, al levantarse de la cama, se dan cuenta de que su familia, siendo en apariencia la de todos los días, está formada en realidad por una panda de impostores. Esa hija que le besa y le da los buenos días no es su hija, ni esa esposa que le ofrece con la mejor de sus sonrisas un café es su verdadera esposa. Pocos relatos tan apasionantes como los relatos clínicos procedentes del mundo de la psiquiatría.

El otro día, en el transcurso de una entrevista en directo, Rajoy no reconoció su propia letra. Sucedió en Veo7, con Pedro J. Ramírez de entrevistador y moderador. Una chica del público preguntó a Rajoy por la fórmula de su programa electoral para fomentar el empleo joven, a lo que el líder del PP comenzó a titubear como si no hubiera entendido la palabra empleo, o la palabra joven, quizá como si no hubiera captado, en general, el sentido de la pregunta. Tras siete segundos (una eternidad) de vacilaciones, Rajoy confesó: «Me ha pasado una cosa verdaderamente notable, que lo he escrito aquí y no entiendo mi letra». Sin duda, no entender la propia letra no es lo mismo que no reconocer la propia pierna, o a la propia familia, pero tiene su aquél, sobre todo en un político con aspiraciones a gobernar. Lo más sorprendente, con todo, fue su falta de reflejos, pues podía haberse limitado a fingir que la entendía y responder.

Y respondió, pero fíjense lo que dijo: «María, cuanto más sepas, cuanto mejor te formes, cuanto más te preocupes, cuanta más vida tengas…, mucho mejor y muchas más posibilidades». Le faltó añadir que tampoco le vendrían mal unos superpoderes, que quizá era lo que llevaba escrito y no entendió. Creo que sucedió el mismo día en el que David Bisbal hizo a través de Twitter su genial análisis de la crisis egipcia, pero ignoramos si lo de Rajoy obedecía a la misma patología. En todo caso, querida María, fíjate a dónde ha llegado don Mariano sin entender su letra.

dissabte, 5 de febrer del 2011

No es lo mismo

NO ES LO MISMO

Hay que ir al médico cuando se está bien y escribir cuando se está mal. Pero en España lo hacemos al revés: escribimos cuando nos encontramos bien y acudimos a la consulta cuando nos encontramos mal. Lo decía un endocrino muy sabio, ya fallecido, que estaba harto de tratar a enfermos cuando lo que a él le gustaba era la medicina preventiva. Los departamentos de conservación, en las grandes empresas o instituciones, no están para arreglar lo que se estropea, sino para evitar que se estropee. En el Museo del Prado no esperan a que el cuadro de Las Meninas coja la gripe. Impiden que la coja, que es lo bueno. ¿Comprenden ahora por qué hay que ir al médico cuando se está sano? Para eso, para no tener que ir cuando se está enfermo, que entonces cuesta un riñón sacarle a uno del apuro.

En cuanto a lo de escribir cuando se está mal, es un modo de decir que sin conflicto no hay escritura creativa. A veces, sin conflicto, tampoco hay salud, o se trata de una salud boba, una salud insalubre, si me permiten la contradicción. No decimos, naturalmente, que no sea posible escribir desde la felicidad. De hecho, no hay conflicto mayor en el mundo que la dicha. La dicha provoca fiebre, euforia y, con frecuencia, granos. El problema de escribir desde la plenitud es que al primer párrafo desaparece, se la traga la escritura y la persona feliz se vuelve desgraciada. Si usted quiere ser feliz, dedíquese a otra cosa, pero no a la escritura creativa. Lo contrario de la escritura creativa es el Código Civil. La escritura de prospectos para la industria farmacéutica, sin embargo, es pura poesía. Lo digo por experiencia: soy el redactor de un texto que acompaña a un conocido fármaco de lágrimas artificiales. Lloré escribiéndolo.

Viene todo esto a cuento de que el llamado Informe Soria, financiado por los laboratorios Abbott, suspende al sistema sanitario español en lo que se refiere a la prevención de las enfermedades. La gente llega al médico cuando está hecha polvo y encima le dan hora para dentro de tres meses. Durante la espera, escriben una novela horrorosa porque no es lo mismo estar mal que estar enfermo.

divendres, 4 de febrer del 2011

Escayolas

ESCAYOLAS

Los asaltantes del Museo Egipcio, en las revueltas contra Mubarak, saquearon la tienda de la institución tomándola por una sala de exposiciones verdadera. Les parecían más auténticas las réplicas de los objetos originales que los objetos originales, actitud rabiosamente posmoderna, o fieramente contemporánea, como ustedes prefieran. Si el Museo del Prado tuviera dos versiones, la más visitada, no lo duden, sería la falsa. El mundo entero está fascinado por la copia. De hecho, vivimos en democracias aparentes, donde los presidentes fingen presidir, los ministros administrar y los subsecretarios... (ni idea de a qué se dedican los subsecretarios). La imitación es tan fiel que las autoridades políticas han acabado creyéndose que dirigen el mundo. Ahí los tienen, yendo de un lado a otro en sus coches oficiales de juguete, completamente convencidos de que mandan al modo en que nosotros creemos que los votamos. Si hubiera dos Españas, una genuina y otra falsa, también elegiríamos la falsa, quizá la hayamos elegido ya, pues no hay manera de distinguirla de la auténtica, con su paro brutal, y su burbuja inmobiliaria endémica y su corrupción de siempre y su judicatura selectivamente lenta y sus díaz ferrán y sus rajoys y sus cospedales y sus camps y sus fabras y sus ministros y sus sindicatos de papel, todos tan preocupados por el bienestar de nosotros, los ciudadanos, que hemos devenido en una imitación casi perfecta de los ciudadanos de verdad. No debería tomarse a broma el hecho de que los egipcios tomaran la tienda del museo por una de sus salas, tal vez ni siquiera fue un error, sino una decisión consciente. Tanto si lo primero como si lo segundo, la idea es que se conformarán con una apariencia de cambio al modo en que nosotros nos conformamos con una reproducción en escayola del llamado Estado de derecho.