TRADUCE ESTA PAGINA

Visites

Contadores Gratis
Contadores Web
contadores de visitas
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris drogues. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris drogues. Mostrar tots els missatges

diumenge, 7 de novembre del 2010

En el bar inglés

EN EL BAR INGLÉS

Una vez más, y porque nada es lo que parece, la percepción nos ha engañado. Resulta que el alcohol, según la revista Lancet, es la más perniciosa de todas las drogas, incluidas la heroína y el crack, que ocupan el segundo y el tercer puesto. Salgo a la calle y observo que hay más dispensarios de alcohol que farmacias. Un bar, otro bar, una cafetería, otra cafetería, un pub, otro pub, y así de forma sucesiva. Puedo elegir dónde tomar mi gin tonic de media tarde sin problemas. Y puedo contarlo sin ser acusado de apología del consumo. Mi gin tonic, quizá porque es legal, no hace daño a nadie, ni siquiera a mí mismo. Tal vez a largo plazo…, pero a largo plazo hace daño todo, incluido el jamón. Lo que más daño hace a largo plazo es nacer, y no por eso se prohíbe, al menos entre nosotros, porque en China continúa perseguido, creo que por razones demográficas.

Pienso en todo esto mientras me tomo el gin tonic de media tarde. Hoy he elegido un bar inglés con mucha madera, asientos tapizados en rojo, y una diana con dardos que nadie utiliza. Me he sentado a la barra y me han puesto unas almendras fritas. Me viene a la memoria aquel chiste genial:

—Póngame un vermut, pero si aceitunas, por favor.

—Tendrá que ser sin almendras porque aceitunas no nos quedan.

Sonrío para mis adentros y un poco para mis afueras también, pues me doy cuenta de que el camarero me observa con curiosidad. Doy el primer sorbo a esta droga que hace más daño que la heroína y el crack. Dado que el gin tonic de media tarde no sólo no ha destruido mi vida, sino que le proporciona un aliciente saludable, me pregunto si debo entregarme también a la heroína y al crack, por este orden, y vuelvo, sin poder evitarlo, a sonreír para mis adentros y mis afueras. Luego me pregunto qué haría yo si prohibieran el gin tonic. Beber un gin tonic en la clandestinidad no es fácil, ni saludable, tampoco placentero. Quizá me diera a los jarabes para la tos, que de momento los venden sin receta. El caso es que no hay quien aguante esta realidad a palo seco. Quiere decirse que la droga más dañina es la realidad, pero a ver quién le mete mano.

dimecres, 3 de març del 2010

Sexo blando

SEXO BLANDO

Los burdeles de cuatro habitaciones, los lupanares de barrio, los prostíbulos de ir tirando, han dado paso a los grandes centros comerciales de más de un centenar de camas. Se va a ellos con el mismo espíritu entre consumista y ahorrador con el que el sábado por la tarde se viaja al Carrefour. Quizá con la misma resignación. Sexo resignado, podríamos decir, sexo dócil, sumiso, blando, sexo, en fin, de gran superficie. La idea es que las actividades venéreas se lleven a la práctica con el conformismo con el que introducimos en el carrito de la compra el quilo de tomates o la botella de aceite. Observe usted los rostros de la gente que hace cola frente a la caja del supermercado. Pues eso.

En cuanto a las drogas, actividad solitaria donde las hubiera, tres cuartos de lo mismo. La policía desmanteló hace una o dos semanas en Madrid un hipermercado de estupefacientes. El negocio poseía un parking de mil metros cuadrados y en su interior había cintas como las que se utilizan en los aeropuertos para organizar las colas de pasajeros. Por la megafonía se informaba a los drogodependientes de la cola en la que debían solicitar la vez en función de que buscaran heroína o coca, hachís o pastillas de colores. Cuando la policía entró, aquello parecía un centro comercial en la tarde de un sábado. Es posible que muchos de los clientes, una vez obtenido lo que buscaban, se fueran a hacer cola a un macroprostíbulo. Qué vida, ¿no?, siempre de un lado para otro sin hallar la paz espiritual en ninguno.

Lo asombroso de todo esto es que la policía tarde tanto en pillar a los proxenetas como a los comerciantes de drogas. Si cada vez que entran en un club de carretera liberan a 30 ó 40 mujeres obligadas a prostituirse, ¿por qué no entran en todos? Con el tráfico de esclavas sexuales comienza a pasar lo mismo que con el tráfico de drogas: que cuanto más se persigue más florece. Vean si no: el hipermercado de la droga madrileño aludido en el párrafo anterior llevaba funcionando meses o años. ¿Cómo es posible que nadie se hubiera percatado de aquel tráfico incesante de muertos vivientes? Ni idea. Personalmente, sigo comprando la leche y las magdalenas en la pequeña tienda de ultramarinos de mi barrio, regentada ahora por una pareja de chinos muy simpáticos.