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divendres, 30 d’abril del 2010

Cuñados

CUÑADOS

Los españoles no nos quejamos tanto de las instituciones del Estado como las instituciones del Estado se quejan de nosotros, y eso que nos cuestan un ojo de la cara. María Emilia Casas, presidenta del Constitucional, se lamentaba el otro día de la "intolerable campaña de desprestigio emprendida desde ciertos sectores políticos y mediáticos" contra el alto tribunal. A uno le parece que hablar de "ciertos sectores políticos y mediáticos" es como hablar de los extraterrestres. Le digo yo a mi psiquiatra que me persiguen "ciertos sectores políticos y mediáticos" y da por hecho que se trata de un delirio de persecución (sufro tres o cuatro al año). En fin, que todo se ha vuelto muy confuso. Si perteneces, como un servidor, a la clase media intelectual del país, las pasas moradas para formarte un criterio respecto a las cosas más nimias. ¿Debo estar en contra o a favor del uso público del velo islámico? Ni idea, y no por falta de información (me he tragado unos cien artículos), sino por un exceso de ella. De hecho, no hay cuñado que no sepa cómo resolver el asunto, pero los cuñados son, de toda la vida, una fuente de confusión. El problema es que los jueces del Constitucional se comportan ya como cuñados. El otro día vimos a tres de sus miembros en los toros, fumándose un puro junto a uno de Los Morancos. No es que pretendamos equiparar la discusión sobre el hiyab a la de los toros, pero sabiendo como saben estos señores la polémica que tenemos sobre la fiesta nacional (¡o de la nación!), deberían cortarse un poco. Es como si María Emilia Casas hubiera formulado las quejas señaladas más arriba con la cabeza cubierta por un velo. Un poco de sensibilidad, por favor, un poco de sindéresis (qué rayos querrá decir sindéresis). Y dejen de tratarnos como si fuéramos los maridos de sus hermanas o las mujeres de sus hermanos.

divendres, 23 d’abril del 2010

Desastre

DESASTRE

Los miembros del Constitucional deberían aceptar que si en cuatro años han sido incapaces de decidir si un texto se ajusta o no a derecho, algo raro les pasa a ellos, aunque culpen al texto. En cuatro años se pueden ganar dos oposiciones a juez, se pueden tener varios hijos, se puede escribir una obra maestra, se puede uno morir 200 veces. En cuatro años un niño se convierte en adolescente, un adolescente en joven, un joven en un hombre. En cuatro años se puede uno casar y descasar, puede aprender inglés, hacerse experto en vinos, arruinarse, enriquecerse, reproducirse, morirse y descomponerse dentro de la tumba. Cuatro años dan para mucho, por favor. Estamos hablando de cuatro navidades, cuatro Semanas Santas, cuatro cursos escolares, cuatro vacaciones de verano. No quiere uno pensar que los jueces del Constitucional no trabajen, pero deberían explicar por qué trabajan tan despacio, por qué van a ese ritmo. A veces da la impresión de que su reino no es de este mundo.

Y no es en lo único en lo que se parecen al Vaticano. Uno puede imaginarse a muchos de sus miembros ejerciendo de Papa y al Papa ejerciendo de juez del Constitucional. Hablan igual, argumentan igual, se relacionan con los pobres mortales igual y seguramente tienen las mismas inclinaciones políticas. Sin saber nada de leyes, piensa uno que el Constitucional debería funcionar como un individuo. A mí me dan a juzgar el Estatut (Dios no lo permita) y me gusta o no me gusta, o me gusta y no me gusta a la vez, lo que implicaría negociar conmigo mismo. Pero si me pagan por eso, no me levanto de la mesa hasta conseguir un pacto. El Constitucional no puede mostrarse como una instancia esquizofrénica, con dos o tres vidas incompatibles en marcha. Si no logra alcanzar acuerdos consigo mismo, que se pegue un tiro en vez de pegárnoslo a nosotros.

dissabte, 28 de novembre del 2009

Un gran invento

UN GRAN INVENTO

El lío organizado en torno al Estatuto de Catalunya no nos ha hecho más sabios respecto a los catalanes, pero sí respecto a los tribunales de justicia. Resulta que el Constitucional está formado por 12 miembros de los que sólo 10 podrán votar (de los otros dos, uno ha muerto sin ser sustituído y el otro se encuentra recusado por hacer cosas feas). De estos diez, cuatro se mantienen en el puesto de un modo irregular, gracias a maniobras políticas que desacreditan las actuaciones de esas instancia. No es todo, pero es suficiente para hacerse una idea, en especial si añadimos que esos diez sabios llevan tres años dándole vueltas al asunto y cobrando un dinero del erario por cada una de esas vueltas, que hasta ahora no han conducido a ninguna parte. Clarividencia en estado puro, en fin, de ahí el respeto que infunden a la ciudadanía.

En las condiciones señaladas, no es que los diez sabios estén inhabilitados para manifestarse sobre la constitucionalidad del Estatuto, es que no podrían opinar con autoridad ni sobre la viabilidad de la tortilla de patatas. Cualquier veredicto que ese grupo de marcianos emitiera sobre asuntos que afectan a los terrícolas estaría viciado en su origen porque ellos se mueven en un universo que no tiene nada que ver con el nuestro. Es como si los extraterrestres conquistaran la Tierra (en el caso de que no lo hayan hecho ya sin que seamos conscientes de ello) y nos obligaran a caminar a cuatro patas porque no les pareciera constitucional que lo hiciéramos erguidos.

Pues los seres humanos somos bípedos, mire usted, le guste o no le guste al Alto Tribunal de extraterrestres. Tendrían que poner a un policía detrás de cada bípedo para que renunciáramos a la posición empinada. Y aún así, mucha gente preferiría morir de pie a vivir a cuatro patas. No resulta grata, la verdad, la imagen de una población de hombres y mujeres dirigiéndose como perros a la oficina. Además, cuando llegáramos a casa, practicaríamos en familia nuestra postura natural, quebrantando la norma extraterrestre. En definitiva, que el Tribunal Constitucional fue sobre el papel un gran invento, no decimos que no, pero quién iba a pensar que se nos llenaría de marcianos.

divendres, 27 de novembre del 2009

Materias oscuras

MATERIAS OSCURAS

La masa de dinero negro atribuida a Jaume Matas me hizo pensar en la antimateria. Cada euro negro, una antipartícula. ¿El dinero negro se cuenta o se descuenta? En todo caso, sólo podría descontarlo una antipersona. Tener una fortuna en dinero negro equivale a poseer una antifortuna. No sabemos cuántas antifortunas hay, quizá más que fortunas. Después de todo, la mayor parte del universo está compuesto de materia oscura. El palacete de Matas es en cierto modo un antipalacete en cuyo interior sólo se puede llevar una antivida, quizá una antivida repleta de antifiestas y de anticaviares y de antiVegas Sicilias y de antiangulas diarias, pero una antivida. Aunque hay antividas mejores que muchas vidas, la antivida aspira a la vida como el dinero negro suspira por ser blanqueado, aun perdiendo algo de su valor. La antimateria se encuentra en todas partes y en ninguna. El propio Estado dispone de cantidades notables de dinero negro sin el que el sistema no funcionaría. Según la Wikipedia, "en física y química se conoce como antimateria a las agrupaciones organizadas de antipartículas". Parece una definición del hampa, de la mafia. Del encuentro entre la materia y la antimateria surgió el universo. Quizá si introduces un euro blanco y otro negro en un acelerador de partículas y los haces chocar a gran velocidad, aparece una caja de ahorros. Cuando Matas adquirió y reformó su antipalacete, él era el Estado, o quizá el antiEstado disfrazado de Estado. Quiere decirse que tenemos un problema de fronteras. Menos mal que ahí está el Tribunal Constitucional para decirnos dónde termina la realidad y comienza la antirrealidad. Por cierto, que cuando a una nación se le niega el estatus de nación deviene inevitablemente en una antinación (o sea, pura materia oscura). ¿Es preferible tener de vecina a una nación o a una antinación?

Como si lo supieran

COMO SI LO SUPIERAN

Vivimos en un cuerpo que no entendemos, aunque lo sabemos manejar. Por eso andamos y corremos y nos llevamos cosas a la boca. Por eso vamos al baño cuando toca ir al baño y a la cocina cuando toca ir a la cocina. Tampoco entendemos las tripas del automóvil, que sin embargo podemos conducir, o los intestinos del ordenador, que de tantos apuros nos saca. Ahora bien, nada es comparable a vivir dentro de un cuerpo de la complejidad del nuestro y sobre cuyo funcionamiento lo ignoramos casi todo. ¿Qué se sabe del cerebro? Aún no hemos explorado ni el 5% de la totalidad de su territorio, y eso que apenas mide unos centímetros.

Digo que vivimos en un cuerpo extraño (extraño en la medida en la que sólo parcialmente somos dueños de él), pero sería más propio afirmar que somos el cuerpo en el que nos hacemos la ilusión de vivir. Somos algo que no entendemos, por lo tanto, algo que nos supera, que nos extraña y en lo que no nos reconocemos del todo. Hemos construido, a lo largo de la historia, mecanismos para atenuar esa contradicción, y así ahora mismo cada uno de nosotros es Fulano de Tal o Mengano de Cual. No tenemos ni idea acerca de nuestros orígenes ni de nuestro destino ni de nuestra verdadera identidad, pero cada uno lleva en el bolsillo un carné capaz de certificar que se llama así o asá, que es hijo de Fulano y Mengana y que tiene una profesión.

La situación no puede ser más cómica ni más dramática, pero es lo que hay. A veces, cuando intento comprender qué rayos es Europa, me pasa algo parecido a lo que me ocurre cuando intento entender qué rayos es Juan José Millás. Soy tan usuario de Europa como de este cuerpo y esta identidad denominados Juan José Millás. Pero tanto Europa como Millás me resultan extraños. Tienen un lado práctico, no lo niego, sirven para esto o para lo otro, mas no hay forma de acceder a su caja negra. Y si ser Millás o ser europeo resulta complicado, ser español es la bomba, como ser catalán, o vasco, o andaluz. Parece que el Tribunal Constitucional está a punto de emitir una sentencia en la que los magistrados explican en qué consiste la catalanidad. Como si lo supieran.