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divendres, 24 de març del 2006

Cadenas

CADENAS

La cadena de la custodia, he ahí el problema. ¿Cómo asegurar que no se rompió un solo instante? Es muy difícil estar mirando una mochila durante dos años seguidos, sin pestañear. Al poco, te empiezan a picar los ojos, se te seca la córnea, se desbordan los conductos lacrimales, comienzas a ver manchas... Caes, al fin, en la tentación de parpadear y se va al carajo la cadena de la custodia. Luego se lleva la culpa Al Qaeda, cuando es evidente que fue ETA, o sea, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco o el Movimiento Vasco de Liberación Nacional, no caigo ahora en qué orden colocaba Aznar la Liberación. Tarde o temprano se rompen todas las cadenas: la del frío, en los productos congelados; la de mando, en los ejércitos; la de la mentira, en los partidos políticos...

Aunque no trasnocho por prescripción facultativa, el miércoles estuve zapeando hasta las tantas. Curiosamente, los mismos que daban por hecho el cambiazo de la mochila, aseguraban que el comunicado de ETA era el de siempre. ¿Acaso llevaban años observándolo sin pestañear? ¿No había posibilidad alguna de que fuera distinto? ¿Significa lo mismo "tregua indefinida" que "alto el fuego permanente"? Lo más raro, con todo, es que algunos aseguraban que el alto el fuego era "culpa" de Zapatero. ¿Se puede tratar una buena noticia en términos de culpa? ¿Por qué aquel mal humor?

Cuando estaba a punto de irme a la cama, di con un programa sobre la guerra de Irak y comprendí que era la misma de hace tres años. Se continúa torturando, sojuzgando y asesinando al pueblo al que teóricamente se iba a liberar con mentiras idénticas a la de las armas de destrucción masiva. Ni siquiera un hombre tan dubitativo como el inspector jefe Álvarez podría negar esta evidencia. Da igual que cierres los ojos, que mires a otro lado, que interrumpas la cadena de la custodia, la cadena de frío, la cadena de mando, porque por encima de todas esas cadenas permanece, intacta, la cadena de la lógica, según la cual invadimos un país y nos pusieron una bomba. El alto el fuego ha dejado muchas cosas antiguas, entre ellas la mochila, pero aquella guerra, pese a Zaplana, continúa sucediendo hoy allí y aquí, en Bagdad y en Madrid.

divendres, 11 de març del 2005

Es verdad

ES VERDAD

El PP quiere saber la verdad entera acerca de lo ocurrido el 11-M, cuando el presidente del Gobierno era un miembro del PP, cuando el ministro del Interior era un miembro del PP, y cuando el ministro de Justicia era un miembro del PP. No se enteraron entonces, que ocupaban puestos privilegiados para observar la realidad, y quieren saberlo ahora, quieren saber qué ocurrió, quién fue, a qué hora, y no están dispuestos a firmar ningún papel, por neutro que sea, hasta que no conozcan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Tienen un temperamento ambicioso. Enhorabuena.

Nosotros, gente de a pie, peatones de la historia, auxiliares administrativos de la realidad, tenemos que conformarnos con fragmentos de la verdad global con los que, mal que bien, vamos tirando. Es verdad, por ejemplo, que Aznar nos metió en una guerra de ocupación en la que han muerto miles de civiles, por no hablar de aquellos a los que se les ha arrancado las piernas, se les han reventado los ojos o han sido torturados en las mismas cárceles de las que íbamos a liberarlos. Es verdad que a algunas de estas personas mutiladas, con frecuencia niños, las hemos paseado impúdicamente por el mundo para que la gente apreciara la calidad de nuestras prótesis. Es verdad que a partir de aquella decisión España se convirtió en objetivo de lo que se viene llamando terrorismo islamista. Es verdad que cuando estallaron las bombas, el PP, temiendo que la capacidad asociativa del electorado llegara a la conclusión de que dos y dos son cuatro, puso en marcha una campaña de propaganda infame para que miráramos en otra dirección.

Es verdad que el mismísimo Aznar se ocupó de intoxicar a los medios. Es verdad que los espías, Internet y la prensa internacional apuntaron enseguida a Al Qaeda. Es verdad que Acebes aún finge ignorar quién era el ministro del Interior la mañana del 11 de marzo. Es verdad que mintieron y mienten en contra de lo que dicen el juez, la fiscal, la policía, los testigos. Todo esto son verdades pequeñas, sí, pero si hicieran el esfuerzo de unirlas, a la manera de un puzzle, tal vez obtuvieran la verdad grande que todavía andan buscando como locos. El problema es que esa verdad grande es un espejo.