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dimecres, 29 d’abril del 2009

Mentiras científicas

MENTIRAS CIENTÍFICAS

Había usted reflexionado en alguna ocasión sobre la velocidad de las caricias? ¿Se había preguntado si su mano, al mimar a alguien, iba a cinco o a diez kilómetros por hora? ¿Recibió durante su vida una caricia veloz de la que sin embargo tenga un recuerdo lento? Decimos todo esto porque unos científicos de la empresa Unilever y de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU) han llegado a la conclusión de que la mano acariciante, para proporcionar placer, debe recorrer la zona acariciada a no menos de uno ni a más de diez centímetros por segundo. Tal es la horquilla del placer. Pues mienten. Pertenezco a una generación en la que acariciar estaba prohibido, por lo que había que hacerlo a todo tren, corriendo, visto y no visto. Acariciabas o eras acariciado en un pestañeo. A veces, los besos duraban menos que un suspiro, casi eran amagos de besos nada más. Y, pese a ello, todavía están en nuestra memoria, en nuestra piel, en nuestra biografía. Las caricias de diez centímetros por segundo (no digamos las más lentas) constituían una rareza que sucedía en otra dimensión, en otro mundo.

De todos modos, he aislado diez centímetros de una zona de mi piel y sobre ella he efectuado varias pruebas. Todas arrojaban resultados dispares, que en todo caso contradecían las conclusiones científicas citadas más arriba, sobre todo cuando acariciaba con un objeto, en vez de con la mano. ¿Han acariciado ustedes a alguien con una cuchilla de afeitar, por ejemplo? ¿Han sido acariciados por el borde de una cuartilla con la lista de la compra?

Hay caricias que proporcionan placer antes de que se produzcan, incluso sin llegar a producirse, y hay caricias que aun a la velocidad canónica de cinco centímetros por segundo dan asco. La caricia está dentro de la cabeza, amigos. Dediquen sus energías al estudio de prácticas en las que las emociones tengan menos protagonismo y comprenderán que donde hay emoción, aunque no haya caricia, hay caricia, mientras que donde falta la emoción no hay caricia aunque la haya, y a los kilómetros por segundo que ustedes quieran. Buf.

dilluns, 27 d’abril del 2009

Obama es un impostor

OBAMA ES UN IMPOSTOR

Uno. Fraga está convencido de que si sus padres no hubieran regresado de Cuba, adonde emigraron de jóvenes, él podría haber sido Fidel Castro. Lo sabíamos. También sabíamos que si sus progenitores hubieran emigrado al Vaticano, podría haber sido Ratzinger; que si a Italia, Mussolini; que si a Alemania, Hitler; que si a Chile, Pinochet; que si a Argentina, Videla, y así de forma sucesiva. Quedándose en España, vaya por Dios, sólo pudo ser Fraga Iribarne, lo que es una mierda comparado con las posibilidades anteriores.

Dos. No dejo de darle vueltas al proceso mental por el que Fraga ha alcanzado la conclusión de que le faltó el canto de un duro para ser Fidel Castro. Un primo de mi padre aseguraba que si hubiera sido francés, habría llegado a presidente de Francia. Lo decía con tal convicción y tan a menudo que toda la familia acabó aceptándolo como una verdad incontrovertible (qué rayos querrá decir incontrovertible). Hablábamos de él con la pena con la que se habla de una carrera frustrada por el azar.

—Qué pena lo de Rodrigo, que no llegó a presidente de Francia por haber nacido aquí en lugar de allí.

Tres. El primo de mi padre era representante de productos de droguería. Ganó mucho dinero cuando en España se dio el salto higiénico que puso de moda las escobillas de váter. Él lo vio venir. Adivinó que llegaría un momento en el que no habría retrete sin escobilla y se puso a fabricarlas, al principio de forma artesanal, cerda a cerda, más tarde en serie. Pero el dinero no le hizo feliz. Tampoco a su mujer, que habiendo estado a punto de ser primera dama del país vecino tuvo que resignarse a ser la esposa de un vendedor de escobillas de váter español. Cuando el primo de mi padre murió, en el velatorio no se hablaba de otra cosa:

—Pobre Rodrigo, que habiendo podido ser presidente de Francia fíjate en lo que acabó.

A mí todo aquello me parecía una locura que jamás me atreví a discutir con nadie, pues en la familia constituía un dogma de fe que éramos parientes de un tipo con una mala suerte política que no se merecía (ni nos merecíamos). Y no acaba ahí la cosa, porque cuando el hijo mayor de este primo de mi padre perdió el brazo derecho a los 20 años en un accidente de automóvil, empezamos a decir que de no haber sido por ese desgraciado accidente podría haber sido Santana (unas veces decíamos Santana y otras Orantes, ahora no caigo). Tantas veces se dijo ese disparate, y con tal convicción, que el chico acabó interiorizándolo, de modo que en las reuniones navideñas siempre hablaba de la frustración que suponía para él no haber sido tenista. Huelga decir que jamás había jugado al tenis ni había demostrado interés alguno por este deporte.

Cuatro. Hace años, en un taller de escritura creativa, tuve un alumno convencido de que si hubiera nacido en América, sería Bukowski. El pobre chico estaba menos dotado para la escritura que un manco para el tenis, pero él se cagaba en todo por no haber nacido en el sitio adecuado. Venía a clase bebido, con una botella de ginebra metida dentro de una bolsa de papel, y a veces vomitaba sobre el pupitre, pero jamás escribió una línea de los ejercicios que le propuse.

—¿Para qué? –decía–. ¿Quién va a entender a Bukowski en este país de ignorantes?

Total, que el pobre chico se tuvo que conformar con ser Pedro Gómez García, no sé si en ese orden (quizá era Pedro García Gómez), del mismo modo que Fraga Iribarne se resignó a ser Fraga Iribarne pudiendo haber sido Fidel Castro.

Cinco. Los cubanos no han tenido mucha suerte en la vida, para qué vamos a decir lo contrario. Pero estamos por asegurar que con Fraga haciendo de Fidel les habría ido peor que con Fidel haciendo de sí mismo. Además, todavía no sabemos cuál de los dos será más longevo. Puedo también asegurar que a los lectores norteamericanos les ha ido mejor con el Bukowski conocido que con el que me tocó a mí de alumno durante aquel aciago curso.

Seis. Ahora mismo, el mundo está lleno de negros que no comprenden por qué no les ha tocado a ellos ser Obama, que ni siquiera es negro del todo. Ya he conocido a uno, que vive aquí al lado, a dos pasos de casa, y con el que coincido en el quiosco del periódico. Cada vez que le hablo de Obama se pone fuera de sí. Le parece un impostor que sólo es Obama porque estuvo en el sitio adecuado en el momento adecuado, o sea, por casualidad. El mundo está lleno de gente que no fue otra cosa de milagro. Huyan ustedes de ellos, que tienen más peligro que Fraga. De nada.


Interviu 1722

Prácticas carcelarias

PRÁCTICAS CARCELARIAS

¿De dónde salta uno cuando salta desde la ventana de un quinto piso? Esta es la pregunta: ¿desde dónde se arroja la gente? Hace poco, una cría de 14 años se tiró de un coche en marcha cuando era trasladada a un centro de menores. Se mató, claro. Tuvieron que velarla con el rostro tapado porque se lo había destrozado en la caída. Intenta uno meterse en la cabeza de esa chica y se desespera. ¿Se tiró en realidad desde el automóvil? Si uno pudiera arrojarse desde sí mismo con la facilidad con la que se arroja desde un ático, estaría la calle repleta de yoes. A veces trato de imaginar que es posible subir hasta la cabeza del propio cuerpo y saltar al vacío desde los orificios de las narices, o de las orejas, o de los ojos, de manera que el cuerpo quedara intacto, pero que tú quedaras aplastado sobre la calzada.

Pero no hay manera de matarse a medias. O te suicidas con el cuerpo o no te suicidas. El yo es listo (el superyo más), y se ha pegado a la carne de tal modo que no se pueden separar. No hay forma de arrancar el yo sin hacer un agujero en el organismo como no hay forma de separar la cara de la cruz. No hay muertos en vida. Por deprimido que te encuentres, el yo está ahí, acechando, defendiéndose, manifestándose. El yo necesita yoyear como las pistolas necesitan disparar. Si hay pistolas, hay muertos. Si hay cuerpos, hay yo. ¿Desde dónde salta el yo cuando se arroja al vacío desde una torre? ¿Es posible que todo remita a algo, que todo sea representación de algo?

Cuando el crack del 29, los millonarios de arrojaban al vacío desde la parte superior de los rascacielos. En la medida en que el rascacielos es un símbolo fálico, podríamos decir que saltaban desde el extremo más alto de su pene. Eso es gracioso, mire usted. Hay personas que se suicidan desde su sexo y hay personas que se suicidan desde su mente. No sabemos cuál de los dos suicidios es más intelectual (las apariencias engañan). El correccional al que llevaban a la cría citada más arriba había sido denunciado por el Defensor del Pueblo por sus malas prácticas. Quizá la chica saltó en apariencia desde el coche y en la realidad desde una práctica carcelaria. Qué raro. Y qué liberador.

divendres, 24 d’abril del 2009

Discúlpese usted

DISCÚLPESE USTED

Hay individuos a los que les ha llegado la crisis a la cabeza, pero no al bolsillo, e individuos a los que les ha llegado al bolsillo, pero no a la cabeza. Cuando uno de los del primer grupo come con uno de los del segundo, paga indefectiblemente el del segundo, o sea, el que está mal de dinero pero bien de ánimos, lo que se traduce en que el endeudado se endeuda más, contribuyendo a que suban los índices de morosidad, mientras que el que podría hacer circular un dinero oxigenado lo retiene en la cuenta corriente, colaborando al empeoramiento del catarro o estreñimiento económico del que somos víctimas. La economía es muy complicada; cuando el dinero dice que no sale, es que no sale, por más laxantes que le apliques.

La injusticia señalada anteriormente (que invite a comer el que menos tiene), trasladada al cuerpo social, se aprecia en el hecho de que siendo ésta una crisis de derechas, quien está pagando el pato es la izquierda; siendo una crisis provocada por el capital, está sufriendo sus consecuencias el trabajador; siendo una crisis inducida por los malos, se está llevando por delante a los buenos. Dado, además, que hay un tercer grupo, no citado al principio, entre los que se encuentran aquellos individuos (mayormente de izquierdas) a los que la crisis ha llegado de forma simultánea a la cabeza y al bolsillo, podríamos decir que el estado psicológico de la progresía es preocupante.

En otras palabras, que si el Gobierno socialista no se atreve a aplicar las recetas que aplicaría un Gobierno socialista, la debacle electoral está garantizada, pues mucha gente empieza a pensar que si vamos a salir de la crisis con soluciones de derechas, sería mejor que las aplicara el PP, que tiene experiencia y carece de escrúpulos. Entre tanto, si a usted le invita a comer su jefe, discúlpese. Seguro que le toca pagar.

Lecciones de sensibilidad

LECCIONES DE SENSIBILIDAD

¿Ha aparecido o no ha aparecido un nuevo modelo de hombre? Ha aparecido, está en Valencia y se llama Francisco Camps. Él (junto a El Bigotes) es el que esperábamos y está aquí entre nosotros, señalándonos el camino, demostrándonos que se puede ser tierno sin dejar de ser hombre. El diálogo entre El Bigotes y Camps marca un punto de inflexión en la historia del machismo, quizá señala su final. «Amiguito del alma», llama el presidente de la Comunidad Valenciana a El Bigotes. Amiguito del alma, no me canso de repetirlo. ¿Cuándo un tío se ha atrevido a llamar así a otro tío? Nunca, como si los hombres no tuviéramos amiguitos del alma, como si careciéramos de sentimientos o no nos atreviéramos a mostrarlos. ¿Y qué le dice el otro? «Que te sigo queriendo mucho». Dos hombres hechos y derechos intercambiándose ternuras que ayer mismo nos habrían parecido cosa de nenazas.

¿Es una revolución o no es una revolución? Y yo también te quiero, responde Camps con una pasión inconcebible, para añadir: «Tenía que haberte llamado, te quería haber llamado para contarte todo, cómo fue, para hablar de lo nuestro, para decirte que tienes un amigo maravilloso, Romero, y que el otro es un tipo excepcional…». Es decir, que hablan de terceras personas, también hombres, con los que se reúnen para intercambiar confidencias, intimidades (cositas, cabría decir para no romper el encanto) sin miedo al qué dirán. Está bien que nos quejemos de las muestras de machismo, que todavía se dan y en mayor número del deseable, pero también deberíamos alegrarnos públicamente de estos otros gestos que inauguran una sensibilidad diferente.

El hecho de que la conversación se produzca entre un político sobre el que pesan gravísimas imputaciones y un supuesto gángster, lejos de quitarle valor, lo aumenta. Es precisamente en los bajos fondos de la sociedad donde más muestras de sexismo se dan y donde, por tanto, más necesario resulta también el cambio. No tenemos, pues, más que motivos de alegría y de reconocimiento para estos dos hombretones que nos han dado una lección de sensibilidad, de ternura, de sentimentalismo, que pasará a la historia de la relación entre los tíos. Gracias.

dimecres, 22 d’abril del 2009

Lo tienen crudo

LO TIENEN CRUDO

ETA está más infiltrada que un queso de gruyer. Los jefes de la banda desconfían de los militantes y los militantes de los jefes. Jurdan Martitegui, el último mandamás detenido cuando acudía a una cita con alguien a quien iba a enseñar a preparar una tartera, tomó sin duda mil precauciones antes de llegar al lugar del encuentro (un cementerio, qué premonitorio) que no le sirvieron de nada porque seguramente el infiltrado, sin saberlo, era él. ¿Se puede ser un infiltrado sin saberlo? Perfectamente. Todas las organizaciones criminales caen por esta causa. Cuando en una banda no hay forma de distinguir a los partidarios de los no partidarios, caput, se acabó, mejor volver a casa, si la tienes, o solicitar el indulto. Hay una tercera posibilidad: la de desaparecer en la niebla si la niebla no te rechaza, que es muy suya.

No sabemos cuántos militantes tiene ETA en estos momentos, pero es posible que más de la mitad sean topos. El topo actúa al modo de la carcoma: cuando ves un agujero, el interior ya está repleto de galerías, o sea, podrido. El proceso resulta apasionante por su carga metafórica. El problema no es ya que un militante acérrimo (qué rayos querrá decir acérrimo) se convierta sin saberlo (como Jurdan Martitegui) en un confidente. El problema es cuando el confidente deja de tener conciencia de serlo. Entre los que proceden conscientemente de la confidencia y los que se dirigen inconscientemente a ella, se produce una ensalada ideológica muy parecida al Apocalipsis. ETA se encuentra en un Apocalipsis tal que ni siquiera sabe cómo rendirse, ni a quién. Entre tanto, Josu Ternera, del que no sabemos si va o viene, permanece a la espera, o a la escucha, ignoramos en qué lado de la raya (de cocaína).

Filtraciones e infiltraciones. He aquí los dos grandes asuntos de nuestra época. Si filtrar es hacer pasar un fluido por un filtro, infiltrar sería introducir suavemente un líquido entre los poros de un sólido. Lo que estamos haciendo con ETA es infiltrarla suavemente, de manera que el líquido llegue a formar parte del sólido hasta el punto de que no se pueda separar una cosa de otra ni centrifugándola. Así que cuando se detiene a alguien, el detenido no sabe si es sólido o líquido. Lo tienen crudo.

dilluns, 20 d’abril del 2009

Forenses turcos

FORENSES TURCOS

Uno. Corín Tellado representó el triunfo de la cantidad. Cuatro mil novelas, aunque sean malas, son cuatro mil novelas, mire usted.

Si sólo hubiera escrito diez (sus diez mejores, en el caso de que entre toda su obra haya diez novelas mejores), habría pasado sin pena ni gloria. Los periódicos, no sabiendo cómo enterrarla, se refirieron a ella como la “reina de la novela rosa”. Podrían haber dicho la “reina de la novela mala”, pero les pareció que no quedaba bien para un obituario. Se equivocaban: pasar a la historia como el peor de los novelistas de una época es un modo de éxito, un éxito al revés si ustedes quieren, pero los éxitos al derecho son, sin excepción, una mierda. Vi en la tele a varios escritores asegurando que era la mejor en su género, pero nadie les preguntó a qué género se referían, por si contestaban que al género malo. Raúl del Pozo señaló con acierto en El Mundo que la escritora asturiana sólo entró en las páginas de cultura de la prensa al fallecer. Y ella sin enterarse de este ascenso. Perra vida.

Dos. La hiperactividad gubernamental busca imagen y resultados, quizá por este orden. Está bien si no se pasan de rosca: a este ritmo, la gobernación podría quedárseles pequeña, lo que les llevaría a hacer también de oposición (de oposición a sí mismos, lógicamente). Hago esta reflexión al contemplar una foto de Trinidad Jiménez consolando a un dependiente que no se ha beneficiado de la Ley de Dependencia. La nueva ministra reconoce que hay muchos como él. Lo que decíamos: empiezan a oponerse a sí mismos. José Blanco roza, en alguna de las trescientas entrevistas que ha concedido estos días, tal peligro, pero logra frenar a tiempo. Enhorabuena. No es necesario que lean las entrevistas: todas sus respuestas son previsibles.

Tres. El perro de Obama es un regalo de los Kennedy, lo que no sabemos si lo convierte en un perro demócrata. A simple vista, tiene maneras de republicano. Lo importante es que su pelo, por razones que ignoramos, no produce alergia. Resulta llamativa esta tradición de que en la Casa Blanca tenga que haber un perro de compañía, como si los presidentes se sintieran solos. Más llamativo resulta aún que tenga que ser un perro de raza, un señorito, un imbécil en suma. No lo digo por insultar a los perros, que no tienen la culpa de su imbecilidad. Lo que pasa es que la endogamia acaba volviéndolos tontos. Uno de aquellos perros locos de Bush mordía a los periodistas en los tobillos y ellos tenían que reírle la gracia, a ver qué iban a hacer: mandaba más que muchos hombres, más que usted y que yo, por ejemplo.

Cuatro. Dando vueltas por internet tropiezo con unas fotos en las que aparece la princesa Letizia con sus hijas, Leonor y Sofía, en una misa (la de Pascua, creo), a la que asistió toda la familia real. El Rey no tiene ninguna obligación de creer en Dios. Podría ser ateo (y quizá lo sea), pero los Jefes de Estado tienen, por algún motivo ancestral, la obligación de creer o de fingir que creen. Seguramente no hay en la actualidad ningún jefe de Estado ateo, o que lo confiese. Ahora dicen que Dios es un asunto de redes cerebrales o algo así. O sea, que lo llevamos dentro, en la cabeza, como las obsesiones. Pues nada, que sigan yendo a misa. Yo, por mi parte, no tengo ningún inconveniente en declararme ateo.

Cinco. Lo de los forenses turcos va a traer cola y, si no, al tiempo. El término forense, a secas, resulta sobrecogedor, pero si le añades el adjetivo turco, ni te digo. El general Navarro, de quien los forenses turcos dedujeron que estaba borracho sin necesidad de hacerle la autopsia (sólo por el aliento y por el modo en que arrastraba las palabras), no ha dicho esta boca es mía, pero los forenses turcos están dispuestos a declarar en el juicio del Yak 42. A ver qué pasa, ya va siendo hora de que ocurra algo, porque las pruebas de que lo que hizo allí la gente de Trillo fue una barbaridad (además de una inmoralidad) crecen a un ritmo atosigante.

Seis. No sabemos si las cantidades ingentes de obra pública que Fomento va a poner en marcha son para combatir la crisis o para hacer tiempo mientras pasa. En otras palabras, no tenemos ni idea de si están pensadas para sofocar el síntoma o el origen del síntoma. Mucho nos tenemos que los orígenes del síntoma no estén aún lo suficientemente claros. No nos parece mal que se combata el síntoma (yo mismo, cuando tengo insomnio, me trago una pastilla). El problema es que las obras públicas, como los somníferos, provocan tolerancia y adicción. O sea, que cada vez se necesitan más y en menos tiempo. Personalmente, no he logrado averiguar a qué responde mi insomnio, que parece tener un fundamento psicológico, como la crisis de las narices.


Interviu 1721