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dimarts, 31 de gener del 2006

Arrepentíos

ARREPENTÍOS

Por fin hemos pescado a Zapatero en un renuncio importante, y gracias a uno de sus socios: durante la negociación del Estatuto con Artur Mas, y según este último, se pasaron las horas fumando dentro del despacho. Ahí es nada. ZP, te has caído con todo el equipo. El pueblo español no reaccionó frente a las amenazas de desintegración de España, ni frente a la afirmación de que se estaba robando a todos los españoles un dinero que se iba a entregar a los catalanes. El pueblo español es lento de reflejos. Les dijimos por activa y por pasiva que Zapatero era preso de Carod Rovira, que el Estatuto era un plazo de la hipoteca que tenía que pagar a cambio del apoyo de los radicales. No nos creyeron (y quizá con razón, puesto que finalmente ha firmado con CiU). De acuerdo, nos equivocamos, la hipoteca era con otro. Pero en lo del Apocalipsis no retrocedemos ni un paso. Creednos, el fin del mundo está cerca. Hay señales de sobra: Mena, Tejero, Monseñor Blázquez, la encíclica de Benedicto XVI sobre el sexo sin amor. Pero si todo eso no os basta, ahí tenéis la confesión de que Zapatero fuma en la Moncloa. ¿Acaso no es la Moncloa un centro de trabajo? ¿Qué se puede esperar de un individuo que no cumple las leyes que él mismo impulsa?

Ahora sí que sí. Estamos preparando un referéndum con la siguiente pregunta: «¿Considera usted que la Moncloa es un centro de trabajo y que por lo tanto ninguno de sus trabajadores, aunque se trate del mismísimo presidente del Gobierno, debe fumar en su interior?» Como tenemos experiencias en mesas petitorias, puesto que nuestras señoras llevan años presidiendo las de la Cruz Roja, llenaremos las aceras del país de señoras con abrigos de visón, solicitando la firma de los españoles de bien. Quizá no logremos parar el Estatuto. Quizá no se rompa España. Quizá el fin de los tiempos no esté tan cerca como presumíamos, pero Zapatero tendrá que salir a fumar a la calle. Eso, si no le obligamos a dimitir por prevaricar de forma tan escandalosa. Nuestro Rajoy no se ha fumado un solo puro en Génova desde la promulgación de la ley antitabaco. Sólo por eso merecería gobernar. Arrepentíos.

diumenge, 29 de gener del 2006

Un respeto

UN RESPETO

De tanto oír hablar de la mosca Drosophila, ha empezado a parecerme un nombre familiar. Drosophila tiene la sonoridad del nombre de esa cuñada que vive en el piso de arriba y a la que pides de vez en cuando un huevo (frito).

-Oye, Drosophila, que me he quedado con la nevera vacía. ¿Podrías invitarme a cenar?

Drosophila es la típica cuñada a la que le puedes dejar el niño mientras vas al híper. En Navidad, se ocupa de asar el cordero y de conseguir los langostinos más baratos porque tiene un amigo que trabaja en el mercado de abastos. Drosophila es una institución familiar de la que ninguna sociedad puede prescindir. Es limpia, dispuesta, biempensante y siempre está de buen humor. Cuando tu hermano, que es un cerdo, abandona a Drosophila, ella continúa manteniendo la amistad contigo y llevándote los niños al colegio. Todas esas virtudes se concentran en su nombre. Si la mosca Drosophila se hubiera llamado musca cacae o diptera vomitoria, jamás la habríamos confundido con un ser humano. Hay que llevar mucho cuidado con los nombres que se ponen a las cosas, porque luego pasa lo que pasa.

Y lo que pasa es que acabamos de leer una información según la cual una científica española ha encontrado el nexo entre las causas del cáncer. Nos parece muy bien, sobre todo porque la científica en cuestión es una chica joven que trabaja en unas condiciones que convierten su hallazgo en un acto heroico. Se llama María Domínguez y dirige un pequeño laboratorio en el Instituto de Neurociencias de Alicante. Hasta aquí todo bien, nuestra enhorabuena. Pero si te adentras en la información, se te ponen los pelos de punta cuando ves las cosas que hacen en ese laboratorio con la Drosophila, desde provocarle tumores dolorosísimos a estimular la aparición de una metástasis. No nos importaría si la mosca sobre la que se investiga tan cruelmente fuera la cojonera, especializada en tocar las pelotas, como todos sabemos. Pero la Drosophila, la Drosophila? Por Dios, si el mismo nombre lo dice. Pronuncias Drosophila y estás viendo a tu cuñada volver cargada del mercado. Un respeto con la familia, ¿no?

divendres, 27 de gener del 2006

La diferencia

LA DIFERENCIA

Lo mejor del arte es su capacidad para hablar de una cosa cuando finge hablar de otra (o quizá al mismo tiempo que habla de otra). Eso explica que algunos libros en apariencia dirigidos a minorías se conviertan en superventas, o que algunas películas pensadas para circuitos reducidos invadan las salas comerciales. No es previsible que los productores de Brokeback Mountain pensaran que podían ganar cuatro Globos de Oro con una historia de vaqueros gays en una sociedad puritana e intolerante, donde se puede aplicar la inyección letal a un reo sordo, ciego y paralítico sin que ocurra una conmoción social. En la propia película, uno de los personajes recuerda con espanto el día en que su padre le llevó a ver, de niño, para que aprendiera, cómo había acabado sus días un vecino sospechoso de comportamiento homosexual. Y había terminado mal, muy mal, pues la gente virtuosa del pueblo (quizá su propio padre) se habían ensañado con él, antes de asesinarlo y arrojarlo a las alimañas del desierto. A priori, en fin, el guión de Brokeback Mountain no tenía muchas posibilidades de salir adelante ni de triunfar como lo que está haciendo.

Pero es que no es una historia de vaqueros gays, o no es sólo eso. Cualquier persona un poco más evolucionada que Swarzenegger puede haber sentido la soledad de esos dos vaqueros, pues lo que la película muestra es el odio de los biempensantes a la diferencia. Narra una historia, sí, pero a través de esa anécdota cuenta las relaciones del que se siente distinto frente al poder establecido, a la costumbre, a las normas sociales. Curiosamente, las escenas más desgarradoras de esos dos hombres condenados a ocultar su amor, son aquellas con las que más fácilmente se puede identificar (y se identifica sin duda) el espectador heterosexual. Ésa es su virtud. Ése es su secreto: su capacidad de representación. Venderla o hablar de ella como una historia de homosexuales es (aunque también lo sea) reducirla, hacerla más pequeña, condenarla a ser una mera historia de costumbres. Cuando una película tiene la capacidad de trascender su peripecia argumental, como es el caso, el público la consagra como está consagrando la de Ang Lee.

Hojear

HOJEAR

"Un médico noruego lleva cinco años publicando datos absurdos", rezaba el otro día un titular de este periódico. Fíjense que no decía datos falsos o poco contrastados, sino absurdos, o sea, disparatados, sin sentido. El último era una afirmación según la cual la utilización habitual de antiinflamatorios reducía el riesgo de padecer cáncer de boca. A nadie se le ocurriría, me asegura un médico amigo, recetar una dosis diaria de antiinflamatorios a un fumador para reducir ese riesgo. Frente a esta clase de noticias, cabe pensar dos cosas: o bien que la frontera entre lo absurdo y lo razonable es ya invisible, o bien que nadie leía los trabajos de este señor. Me inclino por las dos explicaciones: no hay frontera y nadie lee.

De hecho, el médico noruego, de nombre Jon Subdo, fue descubierto porque un día de las pasadas navidades, la directora del Instituto Noruego de Salud Pública estaba hojeando perezosamente un número atrasado de la revista donde apareció el artículo absurdo y vio que citaba una base de datos controlada por ella y a la que el noruego no podía haber tenido acceso. Cayó, en fin, por utilizar herramientas ajenas, no por decir tonterías. Si se hubiera inventado la fuente, tampoco habría pasado nada, primero porque no hay nada más probable que lo absurdo y, segundo, porque no vivimos en una sociedad de lectores, sino de hojeadores.

Me piden a veces que hojee libros o revistas y que informe sobre ellos. Cuando digo que para informar necesito leer todo el texto, me miran con piedad, como a un tonto. Nadie lee un libro entero en la actualidad. No hay tiempo, es para ayer, por Dios, ábrelo por tres o cuatro sitios para hacerte una idea. El problema es que los libros siempre se abren por donde no deben, para engañarte. Por eso tienen tanto éxito los antiinflamatorios. Nunca se habían consumido en las cantidades actuales, pese a sus efectos secundarios. Pero es que los efectos secundarios vienen en letra pequeña, como las noticias verdaderamente importantes de los periódicos. La de Jon Subdo, sin embargo, incluía una foto a dos columnas en la que aparecía sonriente, como un autor de teatro en pleno éxito. Era una foto absurda, desde luego, de ahí que pareciera razonable.

dimarts, 24 de gener del 2006

Trastornos alimenticios

TRASTORNOS ALIMENTICIOS

La interpretación general acerca de esa serpiente del zoo de Tokio que no se ha comido su ración de hámster es que se ha enamorado del ratón. Nos gustan las historias de Navidad incluso en enero, cuando deberíamos poner toda la atención en las rebajas. Lo cierto es que el zoo se ha encontrado, sin comerlo ni beberlo, con una campaña de publicidad fabulosa. No habrá padre que se resista a pagar la entrada para mostrar a los niños el extraño y moralizante caso de la serpiente que perdonó la vida al roedor y se hizo amiga de él. Lo que no hemos conseguido averiguar es la moraleja de toda esta historia, pues ya hay miles de niños que perdonarían la vida al pollo asado de los domingos a cambio de que le permitieran tenerlo en su habitación, para jugar con él. Seguramente, el pollo hubiera preferido ser asado a tiempo (no olvidemos lo crueles que son los niños y las serpientes). Quizá el inocente ratón (lo de inocente es otra interpretación ingenua) hubiera preferido que se lo tragaran el primer día a soportar este sufrimiento diario.

Si quieren que les diga la verdad, estoy convencido de que los responsables del zoo han untado al ratón con alguna sustancia repelente para el olfato del reptil. De este modo, podían montar la historia de la amistad entre un bicho de sangre fría y otro de sangre caliente que Walt Disney no tardará en llevar al cine. En las cárceles (y el zoo lo es) ocurren, de todos modos, las historias más raras que quepa imaginar. Recuerdo una película en blanco y negro -El hombre de Alcatraz- en la que un asesino salvaba la vida a un gorrión que descubría congelado en el patio. Con el tiempo, el preso se convertía en un ornitólogo mundialmente famoso. La historia estaba basada en un caso real, como la de Aochan y Guhan, que así se llaman, respectivamente, la serpiente y el ratón. Pero si a usted le dan repelús los ofidios, podemos ofrecerle la historia de una ballena despistada que apareció en el Támesis y a la que un grupo de voluntarios intentaron devolver el sentido de la orientación, en lugar de comérsela. Guardamos unas relaciones rarísimas con la comida, incluso cuando nos la comemos, que es lo suyo. Lo que hace falta es que sea para bien.

divendres, 20 de gener del 2006

El arroz

EL ARROZ

El buen acosador sabe que los insultos tienen un límite. Si no se pasa a las manos en el momento justo, el matón pierde prestigio, autoridad, reputación, influencia. Tal comienza a ser el caso del PP. Por Dios, han llamado a Zapatero cobarde, bobo, terrorista, traidor, loco, esbirro de ETA, triturador de la Constitución, golpista... ¿A qué esperan para pegarle? No pedimos que le rompan las piernas, pero tampoco le vendría mal una tanda de empujones. En el Congreso hay un patio parecido al de los colegios (el colegio, por lo que vemos, continúa siendo una excelente representación de la vida) donde podrían esperarle Acebes, Zaplana y Rajoy un día cualquiera. En principio, se trataría de darle un susto, de pasárselo de mano en mano mientras le mientan a la madre y Martínez Pujalte suelta dos o tres siniestras carcajadas desde la ventana de la clase. Nada de dejarle señales, sólo la humillación de que se vea zarandeado y comprenda quién manda.

El PP prepara estos días un homenaje a Fraga, que ha pedido perdón por los errores que pudiera haber cometido durante la democracia, pero no por las barbaridades que perpetró, como sicario de Franco, bajo la dictadura. Lo bueno de las dictaduras es que uno sólo es responsable de sus actos ante Dios y ante la historia. Se puede matar y torturar y encarcelar sin problemas de ningún tipo. Cada sistema tiene sus pros y sus contras, pero la gente lista los atraviesa todos sin romperse ni mancharse. Es el caso de Fraga, que habiendo salido de la nada en un coche oficial, logró alcanzar la más profunda de las miserias morales sin bajarse de él.

Pero es que Fraga supo combinar los insultos con los golpes. Cuando se tenía que quitar la chaqueta para amedrentar a un contrincante, se la quitaba y le invitaba a salir a la calle. Y si eran más de uno llamaba a los antidisturbios. Lo que no se puede, una vez que uno ha decidido ir por la vida de matón, es quedarse sólo en el registro del insulto, o en el de la porra. Conviene alternarlos, modularlos, armonizarlos. De acuerdo, Zapatero es un cagón, un idiota, un terrorista, un loco, un compañero de viaje de Bin Laden... Pues habrá que hacer algo, y ya, que a Rajoy se le está pasando el arroz.

dimarts, 17 de gener del 2006

Héroes

HÉROES

Qué imagen imborrable, la de Carlos Sainz en el París-Dakar, gritando indignado a unos nativos perezosos: «Push, push, push», mientras su copiloto, con más experiencia que él y sabedor de la presencia de las cámaras, intentaba calmarlo. Se había atascado en una duna y exigía a los negros que le ayudaran a salir del trance con maneras increíblemente coloniales. Habríamos dado cualquier cosa por ver cómo pedía ayuda a los transeúntes si el coche le hubiera dejado tirado en una avenida de París. Y no es una crítica a Carlos Sainz. Él éramos nosotros. ¿Qué hacen ahí, quietos, esos negros indolentes, cuando se les ha concedido el privilegio de empujar un deportivo europeo?

Decidí este año, sobrecogido por la aureola de aventura que le precede, seguir el París-Dakar. Al final, empezaron a atraerme más los detalles periféricos que la carrera. A su paso por Mauritania, un grupo de nativos contemplaba el espectáculo desde un árbol, sorprendidos quizá de que esos blancos locos hubieran logrado convertir algo tan cotidiano para ellos como la muerte en un asunto heroico. En África no necesitas jugarte la vida para perderla; la muerte forma parte del menú de cada día. De hecho, los participantes atropellaron a un par de niños, pero no hemos logrado averiguar sus nombres ni la cantidad que han pagado por ellos las aseguradoras. Son datos que no forman parte del quién, cómo, cuándo y dónde del periodismo clásico. Nos hemos quedado sin saber a cuánto sale el kilo de niño negro.

En un programa de TV-1 sobre la carrera, algunos de sus responsables y participantes aseguraban estar muy preocupados por la cultura y el medio ambiente de los lugares por los que pasaban a cien por hora. Lo decían completamente en serio. La organización del París-Dakar mueve aviones de vigilancia, camiones de abastecimiento, hospitales ambulantes, funerarias. Es una locura, pero no mucho más grande, la verdad, que el resto de nuestras actividades. Acabo de enterarme de que a Sharon le ponen a Mozart para ayudarle a despertar. Conociendo la biografía de Sharon, y la de Mozart, resulta extraordinario. Lo que hace falta es que sea para bien.