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divendres, 5 de febrer del 2010

Una hija secreta

UNA HIJA SECRETA

En un mundo sin publicidad, ¿qué lugar ocuparía el Fairy en nuestros corazones? Lo digo porque el otro día soñé con este lavavajillas. En el sueño, habían venido a comer a casa unos amigos. Creo, por el modo en que vestían, que era domingo. Mientras comíamos, yo comenzaba a obsesionarme con la cantidad de vajilla utilizada. Habíamos puesto copas y platos delicados, de los que era preciso lavar a mano. Menos mal, pensé en el sueño, que tenemos Fairy. El problema es que cuando la gente se marchó y recogimos la mesa descubrí con espanto que la botella de detergente estaba vacía.

-¿Qué hacemos ahora? –preguntaba a mi mujer.

-No sé –decía ella-. Si quieres me acerco a los chinos.

-Deja, que ya voy yo.

De modo que me ponía el abrigo y me acercaba a la tienda, donde acababan de vender en ese instante la última botella que les quedaba de Fairy a una cría de 15 ó 16 años (bellísima, por cierto) a la que le propuse que me lo cediera a cambio de pagarle el doble de lo que le había costado. La chica aceptaba y se iba tan contenta. Yo regresaba a casa y me ponía a fregar, que es una actividad zen de la que siempre obtengo una gran paz espiritual. Mientras pasaba la esponja por el interior de las copas, caía en la cuenta de que la adolescente que me había vendido el Fairy era en realidad una hija mía de cuya existencia no tenía conocimiento. Me desperté aterrado, fui a la cocina a beber agua y no pude resistir la tentación de mirar debajo de la pila para comprobar, con sorpresa, que la botella de Fairy se encontraba vacía y no teníamos otra de repuesto. Regresé a la cama y dormí mal.

Al día siguiente me acerqué a los chinos a comprar el pan y, de paso, una botella de Fairy. No ocurrió nada anormal, pero yo tenía la sensación de estar aún dentro del sueño, de cuya turbación continuaba siendo víctima. ¿Cómo era posible, me pregunté, que un producto comercial se hubiera metido de este modo en mi intimidad? Pues lo era, ya ven. Y quizá no me ocurra sólo a mí. Tal vez por eso TVE está registrando unas audiencias históricas desde que no emite publicidad.

dijous, 4 de febrer del 2010

Más allá que acá

MÁS ALLÁ QUE ACÁ

El sector inmobiliario tiene una deuda estructural de más de 300.000 millones de euros. No me pregunten la diferencia entre deuda estructural o coyuntural. De otro lado, aunque fuese coyuntural, esas cifras afectarían a la estructura. En efecto, hay coyunturas estructurales (las que pasan de 300.000 millones de euros, por ejemplo). No recordamos ahora la cantidad que llevó a la ruina a Lehman Brothers Bank, pero por ahí por ahí. La situación, en fin, es de vértigo. Pues bien, parece que una de las propuestas para salir del lío consistiría en la creación de un banco «malo» al que se desviarían todos los activos tóxicos, es decir, la parte de la deuda que no va a saldarse. Los accionistas de ese banco «malo» serían, lógicamente, los bancos «buenos», cada uno en la proporción que le correspondiera.

Para los que no entendemos de finanzas, estas maniobras nos resultan fascinantes. Oyendo hablar a los expertos, uno deduce que al otro lado del espejo cada banco «bueno» tiene un banco «malo» en el que de vez en cuando se mira. Las relaciones entre el banco del lado de aquí y el banco del lado de allí son, lógicamente, especulares. Quiere decirse que todo lo que aquí está a la derecha, allí está a la izquierda. El banco del reflejo, en vez de dar beneficios da pérdidas. Y sus impositores, en lugar de ingresar sus nóminas, las desingresan. El director general de ese banco es un señor famélico vestido con harapos que duerme en un tonel y su consejo de administración está formado por un grupo de indigentes que se rascan las pulgas mientras toman decisiones.

Ver todo el mal junto y aislado resulta muy consolador, entre otras cosas porque permite distinguir la raya que separa el lado de acá del lado de allá. Pero no pasa de ser un ejercicio retórico. Los activos tóxicos no van a dejar de apestar por ponerlos en un montón aparte. Además, lo malo y lo bueno, en la banca especialmente, está entreverado de tal forma, que no se podría separar los tejidos enfermos sin arrancar los sanos. Todo eso sin contar con que a veces, de forma inconsciente, cruzamos el límite y nos vamos a vivir al otro lado del espejo. Quizá es lo que nos ocurre ahora, que estamos más allá que acá. Y allá también deberíamos cuidarnos.

dimecres, 3 de febrer del 2010

No sabe uno qué pensar

NO SABE UNO QUÉ PENSAR

Donde quiera que vayas, el personal hace cálculos para ver cuándo le tocará jubilarse. El capitalismo es muy raro. Hombres de 30 años que todavía no han accedido a su primer puesto de trabajo se preguntan muy seriamente si no podrán jubilarse hasta los 67. Y eso pese a que sus padres están prejubilados desde los 58. Decimos que el capitalismo es muy raro no ya por el modo en que maneja los dineros, sino por la forma en que manipula las preocupaciones. El capitalismo ha logrado que todas las pláticas del pasado fin de semana giraran en torno al pensionazo. Que si sí, que si no, que si es lógico, que no es lógico. Intentaba uno meter una cuña sobre la peli de Haneke y le tapaban la boca.

-¿Tú cuántos años tienes?

-Tantos.

-A ti no te toca.

-Muchas gracias.

Todo esto, según dicen, se debe a que le han leído la cartilla a Zapatero en Davos. La gente no pregunta qué es Davos porque da por su supuesto que se trata de una divinidad, como el FMI o la Banca Mundial. Pues bien, el oráculo de Davos le ha dicho a Zapatero que se le está poniendo cara de griego y que por ese camino no vamos a ninguna parte. Reacción inmediata: aquí no se jubila nadie hasta los 67. No se jubila nadie, excepto los que se prejubilan y los que no trabajan. Si sumas los últimos a los primeros, te entra un escalofrío. Es como cuando decides llevar la contabilidad de los gastos domésticos, que te dura el propósito lo que tardas en advertir que gastas más de lo que ganas. Y llevas así toda la vida. O sea, que vivimos de milagro. El pensionazo, como la ascensión de Oliart a la presidencia de RTV, ha puesto de manifiesto todas las contradicciones en las que chapoteamos.

Un amigo que por lo general hace buenos análisis políticos me dijo que en los bares se respiraba una irritación enorme hacia el gobierno, de modo que cogí el abrigo bajé al de la esquina y resulta que estaban comentado el gol de Guti, que ni siquiera lo había metido Guti. No supe qué pensar, francamente. Volví a casa haciendo cuentas con los dedos, para ver si me afectaba el pensionazo.

divendres, 29 de gener del 2010

Verdad palmaria

VERDAD PALMARIA

Los toros, pueden gustar o no gustar, claro, cada uno es cada uno. Pero sería estimulante que los aficionados a esa expresión cultural hicieran una crítica del gusto. En otros ámbitos admitimos sin problemas que disfrutamos con pasatiempos detestables y nos aburrimos con distracciones admirables. ¿Qué hay de malo en aceptar los aspectos oscuros o mal considerados de nuestras inclinaciones? El maltrato a los animales está mal visto (ya era hora), incluso hay leyes que lo persiguen, aunque estableciendo salvedades. Nada que objetar a las salvedades, la vida es así, no lo he inventado yo, etcétera. También la tortura está prohibida, a menos que la ejerzas en Guantánamo, con gente cuya piel es más oscura que la tuya. Y el terrorismo se persigue de manera implacable, excepto cuando se trata de bombardear Irak. Anomalías culturales, qué le vamos a hacer, lo que no quita para darse cuenta de que el terrorismo es terrorismo incluso si lo practico yo.

Parece evidente que al toro de lidia se le maltrata. ¿Que a usted le gusta? Nos parece muy bien, no lo vamos a censurar. Pero hombre, hombre, reconozca que las banderillas, las puyas, el estoque y demás instrumentos quirúrgicos hacen daño (además de humillar). En el acto de arrojar una cabra viva desde un campanario hay belleza, no vamos a negarlo. A mí al menos me sobrecoge esa lucha titánica entre el cuerpo del animal y la fuerza de la gravedad (de la que siempre sale vencedora, por cierto, la última), por no mencionar la precisión matemática del movimiento uniformemente acelerado, que se cumple con todas y cada una de las cabras, no importa su condición. Todo eso está muy bien y si a uno le gusta le gusta. Pero hay tortura, hay maltrato, hay vilipendio. ¿Por qué a los taurinos, muchos de ellos intelectuales de pro, les cuesta tanto admitir esta verdad palmaria?

dimecres, 27 de gener del 2010

Desdoblamiento

DESDOBLAMIENTO

Hay en el mundo analógico profesores respetadísimos que en su versión digital se comportan como sátiros. Ahí los tienes, recorriendo febrilmente la Red en busca de páginas de pornografía infantil, produciéndolas a veces ellos mismos para intercambiarlas con otros pederastas que en su vida analógica observan también una conducta ejemplar.

Hombres como castillos, de gimnasio diario, se hacen pasar en los chats por jovencitas frágiles de 12 ó 13 años en busca de papás castigadores. Internet está lleno también de superhéroes inversos. Así, individuos que en su existencia atómica llevan una vida corriente (de casa a la oficina y de la oficina a casa), una vez transformados en bits se vuelven licenciosos, libertinos, calaveras. Personas que en lado de acá ayudan a cruzar la calle a las ancianitas, en el de allá, protegidas por el anonimato, las violan y les cortan el cuello (no siempre en ese orden).

Políticos que tienen en nómina a Fraga, auténtico psicópata del orden público (la calle fue suya durante varias décadas), nada más atravesar la frontera, y al grito de «todo vale», se dedican al pillaje, como los que tras una inundación asaltan las tiendas de electrodomésticos y los supermercados, arramblando indistintamente con televisores de plasma o paquetes gigante de pañales. Socialistas de prestigio, que se han pasado la vida firmando decretos y señalando los límites entre lo tuyo y lo mío, predican sin pudor que la propiedad privada —sagrada para ellos en la realidad analógica— debe ser abolida en el territorio digital.

Podría parecer que internet no es país para pusilánimes, que si usted carece de esa facilidad para desdoblarse en sátiro, en canalla o en ladrón, debe cruzar la frontera con las manos en alto, dispuesto a que le insulten, le roben y le escupan los mismos que en el lado de acá le condenarían a cadena perpetua por no recoger la caca del perro. Pero tampoco exageremos. Hay individuos digitales encantadores. Personalmente, siento debilidad por los náufragos que desde una isla web pequeña, en la que se han refugiado de las embestidas de la vida analógica, desmenuzan públicamente sus cuitas. Asomarse a ellos es como asomarse al abismo. Gracias.

dilluns, 25 de gener del 2010

Dicho está

DICHO ESTÁ

Es posible que la misma persona que estos días ha efectuado un donativo para Haití esté de acuerdo con restringir el empadronamiento a los inmigrantes ilegales. Las tragedias, mejor cuanto más lejos. Esto es característico de una cultura que encierra a los ancianos en guetos, que niega la muerte (nadie, excepto el perro, fallece ya en casa) y que no tolera, en fin, el sufrimiento a menos de 500 metros de su puerta. Negar el empadronamiento, como todo el mundo sabe, no significa reducir el número de inmigrantes. De lo que se trata, pues, es de reducirlos a una invisibilidad imposible, pues seguirán deambulando de un lado a otro de las ciudades europeas como muertos vivientes. Se trata, en fin, de una ilusión. Tampoco esconder a los ancianos evita la vejez o poner las capillas ardientes de los fallecidos en el extrarradio de las ciudades nos libra de la muerte. Pero nos gusta trampear con la realidad, a ver quién engaña a quién.

Qué se la va a hacer, es nuestra naturaleza. El mismo individuo que se conmueve al ver por la tele una desgracia que sucede a miles de kilómetros, demuestra una falta de piedad increíble contemplando a una familia sin techo en una esquina de su barrio. Las emociones se han convertido también en un producto de consumo. Quiere decirse que hemos aprendido a administrarlas como se administra la consola de videojuegos. No se puede estar todo el día pendiente de la pantalla ni atado a inquietudes solidarias que provocan mala conciencia, así que dejen ustedes de empadronar a esos pobres que nos darían lástima si estuvieran allí, pero que nos provocan una irritación sin límites cuando se presentan aquí.

El hecho de empadronar no es tan heroico como algunos piensan. Significa sólo aceptar la realidad, una realidad que existe y actúa, la reconozcamos o no. Lo malo es que la negación de la realidad (una variedad solapada de la mentira) proporciona votos. Votos basura, desde luego, insolidarios, inhumanos, votos crueles, pero que a la hora de gobernar funcionan igual que los votos decentes. Y en esas estamos, en la captura de votos al precio que sea y por los medios más directos. Cuando la moral política entra en estas espirales de violencia, poco se puede hacer por frenar la barbarie. Pero por nosotros que no quede. Dicho está.

divendres, 22 de gener del 2010

Cacas y frases

CACAS Y FRASES

Quizá lo he dicho en otra ocasión (estoy perdiendo memoria), pero correré el riesgo de repetirme: Lo que más me asombraba de mi perro, recientemente fallecido, era la concentración con la que olía las cacas y los pises de los otros animales. Parecía un estudiante de bachillerato llevando a cabo el análisis sintáctico de una oración gramatical. Observándolo, intentaba imaginarme yo al primer gramático de la historia en el trance de preguntarse qué rayos era aquello que nos salía de la boca y que con el tiempo llamaríamos palabras. De una deposición bien analizada, mi perro obtenía informaciones sorprendentes acerca de la edad, el sexo o la altura de un congénere. Quiere decirse que los excrementos, para quien sabe leerlos, poseen su morfología, su sintaxis y su semántica. Son un lenguaje, en fin. Los niños, hasta que logramos arrastrarlos al lado de acá, se expresan con sus cacas mejor que con sus palabras.

Pasar del análisis de la caca al de las palabras implica un recorrido cultural de proporciones gigantescas que se realiza, sin embargo, a través de un túnel relativamente corto en uno de cuyos extremos se encuentra el culo y en el otro la boca. Resulta un misterio que orificios tan próximos alumbren productos de naturaleza tan desigual. Por eso mismo las incidencias del habla -y no digamos de la escritura- provocan tanto regocijo. Véase, si no, el éxito de libros como El dardo en la palabra, de Lázaro Carreter, o la Nueva gramática de la RAE, pero también de Groucho Marx, la base de cuyo humor eran los juegos de palabras. Y es que cada individuo, lo sepa o no, lleva dentro de sí una gramática a cuyas normas se atiene con una fidelidad increíble cada vez que despega los labios. De ahí (¡atención, maestros!) que la gramática de fuera sólo se entienda cuando es capaz de descubrir la que llevamos dentro.