TRADUCE ESTA PAGINA

Visites

Contadores Gratis
Contadores Web
contadores de visitas

divendres, 18 de juliol del 2008

Aterrizajes

ATERRIZAJES

Las compañías de acceso a Internet venían prometiendo al usuario una velocidad que luego no le daban. Y no se les caía el pelo. Ahora tampoco se les va a caer, aunque Industria las obligará a proporcionar como mínimo el 80% de lo que ofrecen (y de lo que pagamos, se supone). El ardid para estafar al personal consistía en que por arriba te vendían 20 megas y por abajo incluían el término "hasta". Es decir, "hasta 20 megas", que eran los que te cobraban. Viene a ser como vender bocadillos "hasta" de jamón de bellota por un euro y darlos de carne de perro. Oiga, que esto no es jamón. Nosotros hemos puesto en el anuncio "hasta de jamón". De hecho, cada cien de mortadela damos uno de Jabugo.

Yo no sé medir megas, ni siquiera sé el aspecto que tienen, no los reconocería por la calle, pero me fastidia que me cobren 20 y me den 10. Las autoridades deberían haberlo impedido antes. Claro que también se estaban vendiendo pisos de 70 a 100 sin que nadie abriera la boca. Lo sabíamos todos: el comprador, el constructor, el banco, el notario, el súrsum corda, pero nos hacía gracia ese 30% de desfase, ese 30% de delirio, de alucinación, de ensueño. Mira, he comprado este cuchitril por 50 y lo he vendido por 70 en cuatro días. Ahora me voy a hipotecar para, con estos 70, adquirir uno de 90 que colocaré a 120 al mes que viene. Cuando no son megas son metros cuadrados, el caso es vivir con un equis por ciento de ficción, de aire, de humo, de mentira. "Hasta 20 megas", qué listos. Y nosotros hasta las narices (o sea, bastante más abajo), pero hemos de dar las gracias porque ahora nos proporcionarán al menos un 80% de realidad. No es el 100%, pero quién aguanta un 100% de realidad a palo seco. Además, conviene hacer una transición lenta, como en el caso de la burbuja inmobiliaria, un modelo de aterrizaje suave.

dimecres, 16 de juliol del 2008

Gente que cuenta tu vida

GENTE QUE CUENTA TU VIDA

En la mesa de al lado, un hombre y una mujer, ambos de mediana edad, hablaban. El jueves pasado, decía el hombre, me morí. Y el viernes resucité. Pegué el oído, claro, y escuché la siguiente historia: el hombre había viajado a Sevilla por razones de trabajo. Tras comer con un cliente en un restaurante céntrico, salió a la calle y decidió caminar hasta el hotel, que se encontraba a 20 minutos. El calor propio de esta época estaba atenuado por una brisa húmeda muy agradable. Por lo demás, él caminaba despacio y por la sombra, de modo que logró disfrutar del paseo. Al poco, sin embargo, comenzó a sentirse mal. No se trataba de un malestar localizable, dijo, sino de una especie de desazón corporal («en absoluto anímica», subrayó) que iba en aumento a medida que se acercaba al hotel. En su empeño por describir los síntomas, añadió que era como si tuviera fiebre, pero sin fiebre. Las articulaciones y los músculos enviaban al cerebro las señales características de una temperatura alta, pero él se tocaba la frente y le parecía normal. En esto, pasó por delante de una farmacia y entró a comprar un termómetro con el que se encerró en el servicio de una cafetería. Se lo puso debajo de la lengua y comprobó enseguida que su temperatura, en efecto, era normal.

Pues bien, llegó al hotel, subió a su habitación, se desnudó y se metió en la cama. Me voy a morir, se dijo. Por alguna razón, sabía que aquello que le ocurría era la muerte. Pero se trataba de una muerte hasta cierto punto dulce. Los músculos se aflojaban y él se iba, se iba, se iba lentamente hacia el más allá, sin dramatismos de ninguna clase. Y se fue. Se murió, dijo a su compañera de mesa mientras apuraba el café. ¿Y que pasó luego?, preguntó ella. Pues que al día siguiente, a las once de la mañana, resucité con toda naturalidad. Me incorporé y me encontraba bien, en forma, como si no me hubiera ocurrido nada. Y aquí estoy, de hecho, pero con la seguridad de haber vuelto del más allá. La mujer miró el reloj y dijo: Vamos, que se nos hace tarde. Pagaron los cafés, se levantaron, y salieron de la cafetería. Lo curioso es que aquello que el hombre contó me había ocurrido a mí hacía unos meses en Vigo. Pero no me había atrevido a contárselo a nadie.

dilluns, 14 de juliol del 2008

Manual de supervivencia

MANUAL DE SUPERVIVENCIA

Me dan con el periódico un libro para estimular la inteligencia. Se trata de un volumen muy básico, con progresiones geométricas sencillas para las que, sin embargo, siempre encuentro una solución alternativa que puedo explicar (en ocasiones de un modo algo novelesco), pero que no puntúan. Este tipo de pruebas resultan muy desalentadoras para los que no tenemos inteligencia, o ese tipo de inteligencia al menos. Por otra parte, jamás he encontrado placer en la resolución de crucigramas, a los que mi abuelo era muy aficionado. Le dabas un crucigrama y una máquina de liar cigarrillos y era feliz. Un día intenté que leyera a san Agustín y me devolvió el libro con cajas destempladas. Como digo, hay muchos tipos de inteligencia y cada uno debe desarrollar aquella para la que es más apto.

Me pregunto qué tipo de talento se requiere para encajar, pensar y obtener alguna conclusión acerca del naufragio de pateras. La noticia de los subsaharianos fallecidos al intentar atravesar el estrecho viene en el periódico el mismo día que regalan el libro para estimular la inteligencia. Leo que entre los pasajeros de la patera viajaban varias mujeres con bebés que iban muriendo al paso de las horas por el calor, por el frío, por el hambre y por la falta de agua. El motor de la patera estaba estropeado y las olas eran de cuatro metros. Los pasajeros perdieron el control y la orientación, de modo que iban de acá para allá sometidos al capricho del mar. De vez en cuando, uno de los supervivientes, se levantaba, arrancaba uno de los bebés fallecidos de los brazos de su madre y lo arrojaba al mar.

Ejercicios para desarrollar la inteligencia. Si A es igual a B y B es igual a C y C igual a D menos dos, qué relación habrá entre A y D. La gallina. ¿Qué tipo de inteligencia debemos desarrollar para digerir el horror? ¿Qué tipo de talento es preciso para conciliar estos dramas diarios (y que van a ir a más) con la Ley del Retorno? ¿No podrían darnos con el periódico un manual de instrucciones para la supervivencia moral en épocas de espanto? Comprendo la entrega de mi abuelo, que le tocó vivir unos años horribles, a los crucigramas.

divendres, 11 de juliol del 2008

Siete señores y una señora

SIETE SEÑORES Y UNA SEÑORA

Los periódicos del pasado miércoles reproducían el menú servido a los líderes de los países más poderosos del planeta en la cumbre que acaban de celebrar. Se supone que estos señores (entre los que hay, por cierto, una señora: Ángela Merkel) se reúnen periódicamente para hablar de los problemas de un mundo por el que se pasean como por una finca propia. Pero no hablaron del hambre, mira tú. No dedicaron ni un minuto de su tiempo a discutir sobre la subida del precio de los alimentos básicos. No pusieron sobre el tapete la cantidad de personas que mueren cada día por no poder llevarse una torta de maíz a la boca. Bueno, digamos la verdad, sí hablaron, pero para despachar el asunto en dos minutos con una limosna cuyo objetivo no es otro que el de cronificar las hambrunas. Por alguna misteriosa razón, a los países ricos les viene bien la existencia de un ejército regular de hambrientos.

Pues bien, el menú reproducido por los periódicos incluía 19 platos entre los que llamaban la atención el maíz relleno de caviar, los tacos de atún con aguacate, la salsa de soja y shiso, la sopa de almejas o los rollitos de anguila a la plancha envueltos en la bardana (¿qué rayos será la bardana?). Y así de forma sucesiva. Algunos lectores bienintencionados dirán que la publicación de ese menú constituye una maniobra retórica. No se van a reunir a comer los tipos más ricos del planeta para dar cuenta de unos huevos fritos con patatas. De acuerdo, se trata de una artimaña demagógica. Pero qué haríamos sin la demagogia. Me sumo, pues, a la iniciativa. Diré más: el menú incluía prepostre y postre. Lo del prespostre me parece directamente, además de una horterada, un insulto. En cuanto al postre, compuesto por una Degustación fantasía del G-8, exigimos que se haga pública su composición. ¿Incluía lenguas tiernas de bebés del tercer mundo? ¿Carrillos al almíbar de africanos nonatos? ¿Ojos al caramelo de embriones de tres semanas?

La cumbre del G-8, en los términos en los que se ha desarrollado, ha sido una indecencia. Esos señores mandarán mucho, tendrán mucho dinero, irán a muchas fiestas, pero son unos sinvergüenzas. Dios los confunda.

dimecres, 9 de juliol del 2008

La llave de la vida

LA LLAVE DE LA VIDA

En todas las habitaciones de hotel hay un interruptor de la luz que no apaga ni enciende nada. Lo accionas 10, 20, 30 veces, atento a la más pequeña manifestación luminosa, y todo permanece imperturbable. Al final renuncias a averiguar su utilidad, pero te acuestas con la sospecha de que quizá no hayas sido capaz de adivinarla. Tal vez haya en esa habitación una instancia que tus sentidos no perciben y cuyas lámparas dependen de esa llave. A veces, te despiertas en medio de la noche diciéndote: ya sé, es el interruptor de la nevera, o el de la luz del armario, o el del secador del pelo. Pero te levantas en ese mismo instante, pruebas y no, no era el mando de ninguna de esas cosas.

De todos modos, vuelves a la cama preocupado, preguntándote si habrás dejado encendida o apagada una lámpara que no eres capaz de ver en algún escondrijo de la habitación. Te acuestas con un poco de angustia, ignorante de lo que has hecho, como si cupiera la posibilidad, por ejemplo, de que hubieras electrocutado a alguien cada vez que lo accionabas. Después de todo, tampoco nosotros sabemos qué o quién manipula el interruptor del que dependen nuestras vidas. A lo mejor, te encuentras pletórico, eufórico, radiante, y al segundo siguiente estás muerto sobre las escaleras del metro, como si alguien, desde la habitación de un hotel situado en una ciudad remota, hubiera accionado la llave de la que dependía nuestra luz.

A todo esto, son las cinco de la madrugada, no has pegado ojo. Tienes que levantarte a las seis y media para no perder el avión de las 9. Tal vez los aviones se caen porque alguien toca una cosa que no debe en una habitación que no es la suya. En mi casa, al menos, la televisión cambia de canal de forma caprichosa. Según el técnico, estoy en manos de un vecino con un mando a distancia de una potencia inusual. ¿De quién dependen estos cambios de humor que me matan? ¿Quién maneja el mando a distancia de mis estados de ánimo, de mis emociones? Justo cuando suena el despertador, me entra el sueño de forma caprichosa. En recepción, mientras liquido la factura, pregunto para qué rayos sirve el interruptor que me ha tenido en vela toda la noche y me dicen que en esa pared que digo no hay ninguno

divendres, 4 de juliol del 2008

El precio del insomnio

EL PRECIO DEL INSOMNIO

Un hombre telefoneó a uno de esos programas nocturnos de la radio en los que la gente cuenta dramas personales o sucesos paranormales. Relató que aunque el fútbol no le interesaba, había seguido las peripecias de la selección española, llegando a entusiasmarse con su juego. Le gustó mucho el partido contra Italia (sobre todo el segundo tiempo, matizó, para que comprendiéramos sus progresos) y disfrutó lo indecible con la final, donde España había jugado a base de toques de balón, triangulando bien, y provocando muchas ocasiones de peligro (todas esas frases me las he aprendido yo también durante estos días). Total, que el hombre se había aficionado al fútbol como el que tras un curso de cata se entrega al vino.

Tras acabar la Eurocopa, continuó, había seguido a través de la tele y de la prensa las celebraciones consecuentes. Vio llegar a los chicos al aeropuerto, los vio atravesar Madrid con las banderas ondeando al viento, observó con admiración a los grupos de jóvenes y mayores que seguían al autocar descapotable por las calles de la ciudad, vio a Casillas alzando la copa en el estrado preparado al efecto en la plaza de Colón, a Manolo Escobar catando Que viva España? El hombre fue emocionándose de forma progresiva hasta llegar al punto de sentirse español.

Llegado a esta parte del relato, se vio en la obligación de matizar que él nunca se había sentido español. Tampoco francés o sueco o alemán. Jamás había tenido un sentimiento de ese orden. Se quedó, pues, muy sorprendido por las capacidades ocultas del ser humano, pero pensó que al día siguiente se le habría pasado. Y no se le pasó. Se levantó de la cama completamente español y vivió el resto del día bajo el peso (y la alegría) de poseer esa nacionalidad a la que no había prestado hasta entonces atención alguna. Su españolidad llegó al punto de que se compró en los chinos una bandera española que colgó del balcón de su casa. La locutora le dio la enhorabuena y lo despidió. Lo curioso es que todos los que llamaron a continuación aseguraron que a ellos les había ocurrido lo mismo, aunque se referían al asunto como si hablaran de un suceso paranormal. Tal es el precio del insomnio.

Filantropía

FILANTROPÍA

La subida de la luz no es para que las compañía eléctricas ganen más, sino para ayudarnos a consumir menos. La flexiseguridad, como el ornitorrinco, constituye una aportación a la biodiversidad. La jornada de 60 horas mejorará los derechos sociales en Europa. Los atascos son angosturas puntuales. Los accidentes, incidentes. La gripe asiática, diarrea estival. No sabemos qué nombre dar aún al miedo a la Iglesia, al pánico a modificar la ley del aborto, al terror a enfrentar de una vez por todas el asunto de la eutanasia, pero ya se nos irá ocurriendo, por recursos lingüísticos que no sea. Si hemos sido capaces de llamar daños colaterales a las víctimas civiles, cine de adultos al pornográfico, hombre de color al negro, establecimiento penitenciario a la cárcel, intervención militar a la guerra, solución final al crimen, niveles a los precios, métodos de persuasión a la tortura, privación sensorial a la asfixia inducida, productor al obrero, colaborador al asalariado, becario al esclavo, limpieza étnica al genocidio, campaña aérea al bombardeo, financiación al préstamo, moderación salarial a lo que usted ya sabe, y así de forma sucesiva, si hemos sido tan ingeniosos, tan rápidos en la respuesta, tan eficaces en el uso de la palabra, tenemos que encontrar el modo de convencernos de que la Ley del Retorno es filantrópica. A mí prácticamente me han vendido la burra esta semana. A ver cómo se la venden a un inocente equis cuando lleve un año encerrado en una celda. ¿Cómo explicarle que está allí por su bien, por su seguridad (quizá por su flexiseguridad)? ¿Cómo convencerle de que, de no haberlo encerrado, quizá lo hubiéramos matado, que era lo que nos pedía el cuerpo? Pero somos europeos, muchacho, dictamos leyes capaces de contenernos, de ponernos límites, y tú, enhorabuena, eres uno de sus primeros beneficiados.