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divendres, 13 de juliol del 2007

Las actas

LAS ACTAS

La exigencia, por parte de Rajoy, de que Zapatero entregue las actas de las reuniones con ETA, ha saltado a la calle con la fuerza de la canción Ponte el cinturón. El otro día, en el transcurso de una pelea de tráfico, cuando los contendientes estaban a punto de llegar a las manos, alguien gritó que entregaran las actas y todo el mundo estalló en carcajadas. Seguramente habría obtenido los mismos resultados pidiéndoles que se pusieran el cinturón, pues de lo que se trataba era de introducir en la disputa una tontería capaz de rebajar la tensión ambiental. Lo bueno de estos recursos es que, incluso dichos con gravedad, provocan en el oyente una sonrisa. La autora de Ponte el cinturón escribió su copla completamente en serio, con la noble idea de reforzar la campaña de la Dirección General de Tráfico. El público, en cambio, la recibió como una parodia de esa publicidad institucional. De ahí su formidable éxito cómico.

Siempre ha sido así. Ni Kafka tenía la menor idea de que era Kafka ni Cervantes de que era Cervantes ni Shakespeare de que era Shakespeare. Rajoy no se ha enterado aún de que es Rajoy. En el momento en que se dé cuenta, estamos perdidos. Urdaci, desde que unos desaprensivos de la tele le hicieron ver que era Urdaci, no deja de hacer payasadas. Rajoy, por fortuna, permanece inocente. Exige las actas con la prosopopeya de un registrador de la propiedad disfrazado de registrador de la propiedad (el caso del doble impostor, magistralmente descrito por Philip K. Dick). Si aún resiste, es porque ignora que hace humor (negro) como Silvia Padilla, la autora de Ponte el cinturón, ignora que está haciendo parodia.

No saber, tal es el secreto de la vida. No saber que eres Sócrates, no saber que eres Dante, no saber que estás inventando la electricidad o descubriendo el radio. Cela supo siempre que era Cela, lo que hizo un daño incalculable a su literatura y a su vida. Cuando sabes quién eres, cómo reprimir aquello de "no sabe usted con quién está hablando". Nosotros, cuando interviene Rajoy, sabemos que habla Mariano. Pero él no se ha enterado aún. Y mientras permanezca en su inocencia, continuará exigiendo las actas al modo en que Silvia Padilla nos pide que nos pongamos el cinturón.

dimecres, 11 de juliol del 2007

Etiquetados falsos

ETIQUETADOS FALSOS

Lo bueno del dentífrico asesino es que todavía no sabemos si se trata de una copia de la marca Colgate o es un Colgate genuino que ha llegado a España por error. La marca, lejos de aclararlo, se ha limitado a decir que la pasta que fabrica para España es absolutamente segura (¿y la que fabrica para el Tercer Mundo?). De acuerdo con sus recomendaciones, sólo deberíamos comprobar que el etiquetado está escrito en castellano.

-¿Y si viene en suahili?

-Si viene en suahili, mejor no lo use.

-¿Pero entonces se trataría de un Colgate falso?

-No podemos decir más de lo que hemos dicho.

Señora, si usted venía cepillándose los dientes en suahili, en gallego, en catalán o en euskera, corra al médico de urgencias, por si las moscas, y hágaselo ver. A partir de mañana, en cualquier caso, se los limpia en español, que de ese modo hace patria. Seguro que ni Aznar ni Acebes ni Zaplana utilizan dentífricos cuya leyenda no venga en español. A la larga, la fidelidad a los principios y a la pasta (de dientes) tiene sus recompensas.

La sustancia que mata se llama dietilenglicol, un término que no viene en el diccionario de la Real Academia. Si viniera, como es lógico, no mataría. Quiere decirse que deberíamos consultar más el diccionario. He de añadir sin embargo que la edición de que dispongo procede de una tienda de todo a cien, como el Colgate asesino. Ignoro, por tanto, si se trata del diccionario auténtico de la RAE o de una copia pirata de la que, por economizar, se han eliminado algunos términos. El problema de comprar en estos establecimientos monopolizados por los chinos es que no sabes si las pizzas son pizzas, el dentífrico es dentífrico o la comida para perros es comida para perros. Por no saber, no sabes si el de la caja es un chino de verdad o un impostor.

Así las cosas, ¿cómo averiguar si el etiquetado en castellano es verdadero o falso? De momento, y hasta que la policía aclare todos estos extremos, lo sensato es que compre usted en El Corte Inglés, donde si un dentífrico te sienta mal te devuelven el dinero, y quizá la vida. Ánimo.

diumenge, 8 de juliol del 2007

Neoliberalismo y 'neoauschwitz'

NEOLIBERALISMO Y 'NEOAUSCHWITZ'

Hubo un tiempo en el que colocar a un enfermo en el pasillo de un hospital constituía una excepción escandalosa. Ahora, en algunos centros de Madrid, es la norma. La sanidad pública, en esa comunidad, ha devenido en un sálvese quien pueda desde que Esperanza Aguirre comenzara a aplicar sus recetas neoliberales. Un hombre llamó desolado a una emisora de radio para contar que su padre llevaba varios días en un pasillo, aquejado de una fractura. El hombre, de 85 años, era diabético, pero le dijeron que allí só lo podían atender la fractura, por lo que la familia tenía que llevar diariamente las medicinas para esa enfermedad. Dentro de poco, tendremos que acudir a las urgencias con nuestra propia botella de oxígeno y con nuestro orinal y con nuestra insulina, quizá también con nuestro bisturí.

Por lo demás, la descripción que la víctima hacía de la situación se ajustaba a la de un pequeño Auschwitz: perdida la privacidad, los pacientes tenían que realizar los actos más íntimos a la vista de las diez o do ce personas aparcadas junto a ellos. Hablando de aparcar, no he conseguido aún que alguien me explique por qué llaman boxes a los lugares donde son recibidos los enfer mos. En cualquier caso, no deja de ser un síntoma de la consideración que se tiene al enfermo, pero no es el único. Los cuidados paliativos, después de la agresión de Aguirre a los médicos del Severo Ochoa, prácticamente han desaparecido. Desaparecen más cosas: en el hospital de La Paz llevan varios días buscando un feto de ocho meses que nadie sa be dónde ha ido a parar. Por cierto, que una mujer con el bebé muerto en su vientre tuvo que ir de aquí pa ra allá durante 29 horas hasta lograr que se lo sacaran.

Y si hablamos de la escuela pública, los padres huyen de ella como de la peste, porque su deterioro empieza a ser insoportable. El neoliberalismo se carga las cosas y luego di ce que no funcionan. Los americanos hacían en tiempos algo parecido con los negros: los ponían a limpiar zapatos y luego aseguraban que sólo servían para eso. Mucha preocupación por el calentamiento global, pe ro aquí lo que de verdad se está calentando es el modelo neoliberal del que Esperanza Aguirre es la avanzadilla.

divendres, 6 de juliol del 2007

La lógica funciona

LA LÓGICA FUNCIONA

Si lo piensas, es increíble lo bien que funciona la realidad. Sales de casa por la mañana y te plantas en la parada del autobús dando por hecho que va a llegar. Lo curioso es que tarde o temprano llega. No se ha dado el caso, creo yo, de que un autobús no haya llegado. En ese sentido, la mayoría de los ataques de angustia (los que me dan a mí al menos) están injustificados. Siempre que cojo el automóvil para hacer un viaje largo, doy por hecho que a la mitad del camino tendré una avería. Es lo lógico, ¿no? Parece mentira que durante quinientos o seiscientos quilómetros no falle nada en ese motor lleno de complejidades. Lo normal sería que se rompiera un manguito, que se pinchara una rueda, que se atascara una biela (en el caso de que los coches lleven bielas). Pues bien, jamás un coche me ha dejado tirado en la carretera. De haberlo sabido de antemano me habría ahorrado un montón de ansiedades. Y no quiero decir nada de los aviones o de los barcos (que ni se caen ni se hunden, increíblemente, o lo hacen en proporciones bajísimas) para no preocupar al personal. Tampoco mencionaré, por respeto a los hipocondríacos, el caso del cuerpo humano, pero carece toda lógica que dure 80, 90 y hasta 100 años en condiciones más o menos aceptables. Fíjense lo bien que funcionan las cosas, que una bolsa de plástico tarda más de 150 años en degradarse. Se dice pronto, 150 años. Quiere decirse que la entierra usted en el jardín de su casa y dentro de un siglo puede desenterrarla un descendiente suyo sin que se haya convertido en polvo. Cuando dentro de cientos o de miles de años El Corte Inglés haya desaparecido, los antropólogos encontrarán en las atapuercas del momento yacimientos enteros de sus bolsas, con el logotipo intacto. Me digo todo esto en la parada del autobús. Aunque sólo llevo 15 minutos esperándolo, me ha dado por pensar que quizá no llegue nunca, lo que me sume en un estado de desasosiego sin límites. No me imagino envejeciendo y muriendo bajo esta marquesina con publicidad de ropa interior de caballeros. Por fortuna, los razonamientos anteriores me calman. Lo que significa que también la lógica funciona y eso sí que es increíble en nuestro mundo. Ahí llega, por cierto el autobús. Buenos días.

El tiempo

EL TIEMPO

A veces los segundos hieren más que los minutos o las horas, más que los días, los meses o los años. Esas puntas de aguja, esos residuos afilados, esas esquirlas temporales penetran en la piel o en el ánimo como limaduras de acero y, aun sin provocar heridas visibles, matan como puñales. Cuatro segundos de asfixia valen por cientos de horas de dolor. Dos segundos de humillación profesional anulan una carrera de éxito. Los cinco segundos de sufrimiento muscular que preceden al infarto son cinco siglos de amargura. No diremos nada de las décimas de segundo que en las pruebas deportivas separan al campeón del aspirante... Contamos los días en horas para hacernos la ilusión de que el tiempo, como el dinero o los afectos, tiene una porción de calderilla, pero todo lo realmente importante nos sucede en cosa de segundos (véase el Big Bang).

A Rajoy, en la contrarréplica del debate sobre el Estado de la Nación, le sobraron 40 segundos como 40 dardos. Mientras regresaba a su escaño desde la tribuna de oradores, aquellos 40 segundos no utilizados sonaban como los clavos sobre el ataúd. Cuando se sentó y observamos su expresión, pero sobre todo la de Acebes, supimos quién había perdido el debate y quizá la vida. No hay precedentes de lo que el martes hizo Rajoy con currículum. El espectáculo de un jefe de la oposición que no sabe qué decir cuando le toca hablar es desgarrador. Lo curioso es que más tarde, ante los periodistas, atribuiría su derrota a la falta de tiempo. ¿En qué quedamos?

Aquellos 40 segundos fueron más largos que el minuto que emplea el microondas en calentar la leche, más tensos que el tiempo que tarda el recién nacido en romper a llorar, más agobiantes que los que preceden a la apertura del sobre con un diagnóstico clínico jodido. Nos dimos cuenta de que los cinco minutos de réplica le venían largos cuando, abrazado a ETA como Juana la Loca al cadáver de Felipe el Hermoso, empezó a gimotear. En ese instante comprendimos que el tiempo acababa de adquirir para él las dimensiones de un abismo al que, quizá fascinado por su hondura, se arrojó. Aunque viva cien años, su biografía quedará concentrada en aquellos 40 segundos de agonía.

dimecres, 4 de juliol del 2007

Rariano Rajo y Modrigo Ratoy

RARIANO RAJO Y MODRIGO RATOY

Deberíamos reservar al Tribunal Supremo para decidir sobre cuestiones complicadas, no para que nos diga si la paella debe tener arroz. Todo el mundo sabe que el ingrediente fundamental de la paella es el arroz. Algo nos ha pasado para que estos litigios absurdos lleguen al alto tribunal. Es como si los componentes del control de calidad de una fábrica de automóviles se dedicaran a revisar si los automóviles que salen de sus instalaciones llevan ruedas. Nadie se compraría un coche sin ruedas, porque es un fallo que salta a la vista. El control de calidad debe llegar allí donde no llegan los ojos del profano. De lo que salta a la vista pueden ocuparse los tribunales ordinarios. En el mal llamado caso Bono no había más que ver las fotografías de la manifestación y leer las crónicas del momento para saber a qué atenerse. Cuando se hace preciso llevar al Supremo una evidencia de ese calibre, es porque la ceguera campa a sus anchas.

Quizá esa ceguera explique la euforia absurda que rodea al regreso de Rato. En todos los artículos de todos los periódicos se habla de este hombre como de alguien que puede traer la luz a un mundo (el del PP) hundido en las tinieblas. Para un político no hay más Tierra Prometida que el poder. Rato, según diversos análisis, puede conducir a las desorientadas huestes del PP a la Tierra Prometida. Hay análisis de su regreso que, aisladamente considerados, provocan estupor. Todos juntos producen un efecto cómico que al propio interesado le habrá hecho gracia.

-Ven y democratízanos -parecen gritarle.

El impacto mediático provocado por la vuelta de este político ha sido tal que el primer nombre de la lista del PP en las próximas elecciones debería ser Ratoy. Y, el segundo, Rajo. O viceversa. Rariano Rajo y Modrigo Ratoy deberían presentarse a las elecciones como la versión latina de los hermanos Kaczynski. O como Isabel y Fernando, tanto monta, monta tanto. Si eso va a librar al Tribunal Supremo de decidir acerca de los ingredientes de la paella, bienvenida sea su decisión. Por fin podremos decir que es de día cuando es de día y de noche cuando es de noche. Nuestra joven democracia progresa a velocidades de vértigo.

diumenge, 1 de juliol del 2007

Novelas

NOVELAS

Pongamos que su familia de usted se encuentra en el salón de la vivienda, tomando café. Entonces usted se levanta como el que va al cuarto de baño, se introduce en el pasillo de la casa, asoma la cabeza a la habitación del niño, de nueve años, que está jugando con la consola, y le dice:

-Ven conmigo.

El padre y el hijo se dirigen juntos al dormitorio conyugal, donde el padre saca una pistola del armario y pide al niño que le dispare con ella. El niño no tiene una idea muy clara de la muerte. Los mayores, tampoco. Los mayores nos conformamos con poseer la versión dominante acerca de ese extraño suceso por el que dejas de estar en este mundo y de preocuparte por la hipoteca.

-Venga, dispárame aquí, en el pecho.

El niño observa a su padre. Quizá advierta su agitación interior, tal vez perciba su locura. Es posible que esté acostumbrado a ella. Teme que si no dispara papá se enfade, de modo que aprieta el gatillo y luego se dirige al salón, donde el resto de la familia toma café, y dice que acaba de matar a papá. La policía somete al niño a la prueba de la parafina (creo que se llama así) y descubre restos de pólvora en sus dedos. En efecto, el niño ha disparado.

La historia acaba de ocurrir en Argentina. El muerto era un policía superdotado, uno de esos agentes especiales, una especie de geo. Un amigo, nada más leer la noticia, me llamó para informarme de ella. Fíjate qué historia tan novelesca, dijo. Entonces pensé en el adjetivo novelesco. Lo novelesco se opone, en alguna medida, a lo normal. Pero la novela, como la belleza (perdón por la cursilada), está en los ojos del que mira. Cuando está fuera, malo. Cuando un asunto es novelesco en sí mismo, con independencia de la mirada que lancemos sobre él, quizá estemos hablando de un asunto periodístico. He aquí una diferencia interesante entre periodismo y literatura. Queda, naturalmente, la posibilidad de que el niño mintiera. ¿Y si su padre no le pidió que lo matara? En tal caso, nos encontraríamos ante una ópera. No veo otro modo de contar un suceso de esa magnitud que a base de ponerle música. Por cierto, ¿la música es novelesca?